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Gabón

Corredores de coexistencia para reducir los conflictos entre los seres humanos y los animales silvestres

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© Assam Haathi Project
© Assam Haathi Project 

En condiciones extremas, un ser humano puede sobrevivir tres minutos sin aire, tres días sin agua y tres semanas sin alimento. Para apoyar a una población mundial de 7500 millones de personas, se necesitan más recursos naturales esenciales lo que está causando deforestación, degradación y fragmentación de los hábitats, pastoreo excesivo y sobreexplotación.
 
En el intento por sobrevivir y prosperar, los seres humanos ya usamos el 38 % de la tierra del mundo para actividades agrícolas; además, hemos deforestado la tierra debido a la industria, la minería y la infraestructura, dejando como zonas protegidas menos del 15 % de la superficie terrestre mundial (i) para fines de conservación de la biodiversidad. Si hay tanta presión de los seres humanos en las zonas protegidas, ¿dónde pueden buscar agua y comida las poblaciones restantes de elefantes, grandes felinos y otras especies silvestres? (Comprensiblemente), una cosecha de maíz, un arrozal desprotegido o una vaca bien alimentada parecen irresistibles. Esta lucha por los recursos naturales —especialmente la tierra y el agua— es la raíz de los conflictos entre los seres humanos y la fauna silvestre.

Por qué necesitamos contar los elefantes (y otros recursos naturales)

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Elephants with Mount Kilimanjaro in the distance. Curt Carnemark / World BankA fines del año pasado, ministros y delegados de unos 30 países se reunieron en Botswana para debatir sobre cómo luchar contra el auge del comercio ilegal de marfil que está diezmando la población de elefantes en África.
 
La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés) calcula que solo en 2012, 22 000 elefantes fueron asesinados en África central y oriental. Camerún, la República Democrática del Congo, Gabón, Kenya, Tanzanía y Uganda son solo unos pocos de los países afectados por la caza furtiva de elefantes. El marfil obtenido de manera ilegal se utiliza para tallados ornamentales que sirven como símbolos de estatus, iconos religiosos y objetos de coleccionistas para compradores de Asia oriental, Europa y Norteamérica. Esto no es solo una cuestión de conservación. El crimen contra la vida silvestre es también un desafío del desarrollo y de la seguridad: socava la autoridad del Gobierno, fomenta la corrupción, aumenta el suministro de armas pequeñas y destruye valiosos recursos naturales. De modo que la cada vez mayor preocupación política que está recibiendo este tipo de delito —el primer ministro británico David Cameron será el anfitrión de la próxima cumbre en febrero— es una señal del compromiso de autoridades de alto nivel para abordar la crisis.