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Iraq

Un estilo de vida más saludable para sociedades más sanas y economías más sólidas

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Las bocanadas de humo de cigarrillo rodeaban al niño de 18 meses de edad que permanecía de pie junto a sus abuelos que fumaban sin parar en la sala de estar, mientras que una niña de 3 años sacaba una lata de Pepsi Cola del refrigerador en la cocina. Justo al otro lado, en el comedor, un bebé de 7 meses comía un pastel de chocolate cremoso y dulce, mientras que un montón de otros niños jugaban en el patio del frente de la casa y comían una gran cantidad de barras de chocolate, pasteles y papas fritas y bebían refrescos.

No podía creer lo que veía. Como padre, al observar estas conductas me pareció estar viendo que una muerte lenta y diferentes enfermedades perseguirían a estos niños durante el resto de sus vidas.

Siempre había sido así, pero nunca me había dado cuenta hasta que salí de Iraq y me convertí en padre. Crecí en un lugar donde el estilo de vida poco saludable no era un problema importante. Hay muchas otras cuestiones más urgentes que preocupan a las personas allá —y con razón— que lo que comen y beben.

Cómo estamos combatiendo el conflicto y la fragilidad en los lugares donde la pobreza es mayor

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View from cave, Mali. © Curt Carnemark/World Bank

Por primera vez en la historia, la cantidad de personas que viven en extrema pobreza ha bajado a menos del 10 %. El mundo nunca ha tenido metas tan ambiciosas en materia de desarrollo como sucede hoy. Luego de la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático a fines de 2015, la comunidad mundial está ahora evaluando las mejores y más eficaces vías de alcanzar estos hitos. En esta serie de cinco partes, me referiré a lo que el Grupo Banco Mundial está haciendo y lo que estamos planeando realizar en áreas clave que son cruciales para poner fin a la pobreza a más tardar en 2030:
buen gobierno, igualdad de género, conflicto y fragilidad, creación de empleos y, por último, prevención y adaptación al cambio climático.

A fines de 2030, más de la mitad de las personas pobres del mundo vivirán en países muy pobres afectados por conflictos y fragilidad, o altos niveles de violencia.

Cinco mujeres árabes que rompen estereotipos y ayudan a construir sus países

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Hay un dicho antiguo muy desagradable en algunos países árabes: las mujeres pertenecen solo a sus hogares y maridos. No deben ser educadas, ni trabajar, ni tener una opinión. Esta creencia, lamentablemente, todavía predomina en algunas áreas del mundo árabe. Sin embargo, las mujeres y los hombres árabes modernos, educados y de convicciones férreas consideran este adagio como algo retrógrado e inadecuado.

Las mujeres representan el 49,7 % de los aproximadamente 345,5 millones de habitantes de la región de Oriente Medio y Norte de África. (i) En Occidente, algunos imaginan a esas mujeres encerradas en una tienda de campaña en el desierto, probablemente golpeadas por sus maridos, un estereotipo que muchas mujeres árabes de hoy en día combaten y desmienten. (i)

Sí, todavía quedan muchos obstáculos para cerrar la brecha de género en el mundo árabe, pero se han logrado importantes avances en las áreas de la educación, la política, el espíritu empresarial, el empleo y la salud. Las mujeres árabes hoy en día son empresarias, (i) dirigentes, (i) activistas, (i) educadoras, (i) ganadoras del premio Nobel, (i) y mucho más. Ellas están transformando sus sociedades y allanando el camino hacia la igualdad de género y el empoderamiento de las niñas de las futuras generaciones.

Estas son algunas de las muchas historias sobre cómo las mujeres de diferentes países árabes están cambiando sus sociedades y luchando contra la desigualdad de género:

Refugiados sirios usan cuatro herramientas disponibles en los teléfonos inteligentes para llegar a Europa de manera segura

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Yusuf, un refugiado sirio, sostiene su teléfono inteligente, al cual califica como “la cosa más importante”.
Él cuenta que con este aparato puede llamar a su padre, que vive en Siria. © B. Sokol/ACNUR.

Si se mira dentro del equipaje de todos los refugiados, (i) que viajan en una embarcación con destino a Europa poniendo en peligro sus vidas, se podrán ver unas pocas pertenencias que varían entre un refugiado y otro. Sin embargo, hay una cosa que todos llevan consigo: un teléfono inteligente.

Estos refugiados han sido criticados por poseer teléfonos inteligentes, (i) pero lo que los críticos no entienden es que los refugiados consideran estos aparatos caros como su principal salvavidas para salir al mundo exterior, y una importante ayuda para escapar de la guerra y la persecución. También estos dispositivos les permiten contar sus historias al mundo y narrar lo que se ha catalogado como la crisis de refugiados más grave desde la Segunda Guerra Mundial. (i)

Usemos nuestra voz en los medios sociales para poner fin a las adversidades

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¿Cuándo fue la última vez que usó la cámara de su teléfono móvil? ¿Ayer, esta mañana, o hace unos pocos minutos? ¿Qué hizo? ¿Tomó una foto de su niño o su mascota, o quizás registró un problema en su comunidad para atraer la atención pública?
 
¿Ha pensado alguna vez que la cámara de su teléfono puede captar no solo las cosas cotidianas? ¿Sabía que con una sola instantánea podría salvar vidas y ayudar a muchas personas a superar dificultades y salir de la pobreza?
 
¡Sí, usted puede hacerlo! Al menos un desconocido en el centro de Beirut creyó eso.
 
Fue un día caluroso y húmedo en agosto de 2015 en la capital libanesa cuando ese desconocido tomó una foto de un hombre, visiblemente angustiado y al borde de las lágrimas, que sostenía a su hija sobre su hombro y trataba de vender un puñado de bolígrafos baratos.

El futuro está en las manos de ella

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Shams es descrita como una niña de ideas fuertes. Ella es alegre y está llena de energía. Sueña con un gran futuro, y ayuda a los niños y los alienta a aprender y jugar.

Pero Shams no es una niña real. Se trata de un títere y es uno de los personajes ficticios más populares del programa infantil Iftah Ya Simsim, (i) la versión árabe de la famosa serie de TV Sesame Street, (i) de larga permanencia en Estados Unidos y que empezó a transmitirse en el mundo árabe en los años ochenta.

No cierre sus puertas a los refugiados

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El autor en el día de su graduación de la Maestría en Estudios de escritura en la Universidad de Saint Joseph en Filadelfia en 2008. © Jenny Spinner

Caminé entre los cadáveres de las personas alcanzadas por las bombas. Me agaché y me cubrí de las balas que caían alrededor de mis pies, y casi morí estrangulado a manos de un doliente enfurecido. Era uno de los millones de iraquíes que estaban tratando de sobrevivir a una realidad brutal que nunca parecía terminar.

Todavía no puedo olvidar estas imágenes. Todavía recuerdo el olor de los muertos. Tuve que ir al lugar donde yacía la muerte debido a mi trabajo como periodista. Ese trabajo dejó a muchos periodistas muertos a tiros, entre ellos uno de mis antiguos colegas del Washington Post.

Rahim Alhaj, invitado de #Music4Dev, señala que “tenemos la responsabilidad de poner fin a la crisis de los refugiados”

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Él aprendió a tocar el laúd árabe, un instrumento de cuerda fabricado en madera con forma de pera, a temprana edad en su ciudad natal de Bagdad. Creció escribiendo canciones de protesta contra el dictador que gobernó su país con mano de hierro durante tres décadas. Fue encarcelado, torturado y finalmente obligado a abandonar su amado Iraq en 1991. Más tarde, encontró refugio en Estados Unidos.

Consejo de Seguridad de la ONU analiza fragilidad y recursos naturales

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Imagine que es dirigente de un país africano y todo su presupuesto gubernamental anual es de US$1.200 millones.

Ese mismo año, un inversionista vende el 51% de su participación en una enorme mina de mineral de hierro de su país por US$2.500 millones, que equivalen a más del doble de su presupuesto anual.

E imagine haber ordenado una revisión de las licencias mineras otorgadas por los Gobiernos anteriores y enterarse que el inversor que realizó la transacción por US$2.500 millones había obtenido gratuitamente una licencia de explotación minera en su país.

Es lo que sucedió en Guinea. Es la historia que el presidente de Guinea, Alpha Condé, contó en la conferencia del Grupo de los Ocho (G-8) sobre comercio, transparencia e impuestos, que se realizó en Londres. Y es una historia que me pareció conveniente compartir la semana pasada en la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) sobre Estados frágiles y recursos naturales.

En términos estrictos de dólares, resulta claro que los recursos naturales tienen el potencial para financiar el desarrollo transformador en los Estados frágiles. Si se gestionan adecuadamente, los países pueden usar estos recursos para ayudar a romper el círculo de violencia y fragilidad. El éxito significa potencialmente estabilidad, desarrollo y fin de la dependencia de la ayuda.