Soy un migrante

En 1964 llegué a los Estados Unidos procedente de Corea del Sur, por aquel entonces un país en desarrollo extremadamente pobre que la mayoría de los expertos, entre ellos los del Banco Mundial, habían dado casi por perdido, al considerar que tenía pocas esperanzas de crecimiento económico.
Mi familia se mudó a Texas y después a Iowa. Yo tenía apenas 5 años cuando llegamos, y mi hermano, mi hermana y yo no hablábamos inglés. La mayor parte de nuestros vecinos y compañeros de colegio nunca había visto un asiático antes. Me sentía un extranjero residente en todo sentido.





