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Mauritania

El buen gobierno sienta las bases para acabar con la pobreza y la corrupción

Sri Mulyani Indrawati's picture
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Una mujer conversa con la directora gerente y oficial principal de Operaciones, Sri Mulyani Indrawati, en el distrito de Nyabihu en Rwanda. Foto: © Simone D. McCourtie/Banco Mundial


Por primera vez en la historia, la cantidad de personas que viven en extrema pobreza ha bajado a menos del 10 %. El mundo nunca ha tenido metas tan ambiciosas en materia de desarrollo como sucede hoy. Luego de la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático a fines de 2015, la comunidad mundial está ahora evaluando las mejores y más eficaces vías de alcanzar estos hitos. En esta serie de cinco partes, me referiré a lo que el Grupo Banco Mundial está haciendo y lo que estamos planeando realizar en áreas clave que son cruciales para poner fin a la pobreza a más tardar en 2030: buen gobierno, igualdad de género, conflicto y fragilidad, creación de empleos y, por último, prevención y adaptación al cambio climático.

Hace 20 años, el Banco Mundial consideró que la lucha contra la corrupción (i) constituía una parte integral de la reducción de la pobreza, el hambre y las enfermedades. La decisión fue pionera entonces y sigue vigente hoy en día. La corrupción desvía recursos destinados a los pobres para dárselos a los ricos, genera una cultura de sobornos, y distorsiona los gastos públicos, desalentando a los inversionistas extranjeros y obstaculizando el crecimiento económico.

El futuro está en las manos de ella

Bassam Sebti's picture
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Shams es descrita como una niña de ideas fuertes. Ella es alegre y está llena de energía. Sueña con un gran futuro, y ayuda a los niños y los alienta a aprender y jugar.

Pero Shams no es una niña real. Se trata de un títere y es uno de los personajes ficticios más populares del programa infantil Iftah Ya Simsim, (i) la versión árabe de la famosa serie de TV Sesame Street, (i) de larga permanencia en Estados Unidos y que empezó a transmitirse en el mundo árabe en los años ochenta.

Consejo de Seguridad de la ONU analiza fragilidad y recursos naturales

Caroline Anstey's picture

Imagine que es dirigente de un país africano y todo su presupuesto gubernamental anual es de US$1.200 millones.

Ese mismo año, un inversionista vende el 51% de su participación en una enorme mina de mineral de hierro de su país por US$2.500 millones, que equivalen a más del doble de su presupuesto anual.

E imagine haber ordenado una revisión de las licencias mineras otorgadas por los Gobiernos anteriores y enterarse que el inversor que realizó la transacción por US$2.500 millones había obtenido gratuitamente una licencia de explotación minera en su país.

Es lo que sucedió en Guinea. Es la historia que el presidente de Guinea, Alpha Condé, contó en la conferencia del Grupo de los Ocho (G-8) sobre comercio, transparencia e impuestos, que se realizó en Londres. Y es una historia que me pareció conveniente compartir la semana pasada en la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) sobre Estados frágiles y recursos naturales.

En términos estrictos de dólares, resulta claro que los recursos naturales tienen el potencial para financiar el desarrollo transformador en los Estados frágiles. Si se gestionan adecuadamente, los países pueden usar estos recursos para ayudar a romper el círculo de violencia y fragilidad. El éxito significa potencialmente estabilidad, desarrollo y fin de la dependencia de la ayuda.