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Mozambique

Tenemos que ser audaces para mejorar el aprendizaje en las aulas

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Un joven estudiante en Côte d'Ivoire muestra su trabajo escolar. © Ami Vitale / Banco Mundial


​La educación es uno de los medios más seguros para poner fin a la pobreza extrema en nuestra época. Pero, 121 millones de niños hoy en día no asisten a la escuela. Es muy difícil llegar a ellos debido a la pobreza, los obstáculos en materia de género, la lejanía y la discapacidad. Tenemos que hacer un nuevo esfuerzo concertado para lograr la escolarización de todos los niños.

Además de este desafío de mejorar la asistencia y el acceso, enfrentamos un problema aún más arduo en el futuro: garantizar el aprendizaje de los estudiantes. Una triste verdad es que la mayoría de los sistemas educativos no redundan en beneficio de los niños más pobres. Según estimaciones, unos 250 millones de menores no saben leer ni escribir, a pesar de que han asistido a la escuela durante años. Esto constituye un fracaso trágico de nuestras aspiraciones en materia de educación para los jóvenes del mundo.

Para combatir la desigualdad tenemos que eliminar las disparidades en la infancia

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Parece que todo el mundo está hablando de la desigualdad (i) en estos días y yo, por mi parte, estoy contenta de ver que este tema está siendo destacado durante los debates sobre el desarrollo.

Podemos analizar de varios modos la falta de igualdad, todos los cuales están relacionados. La desigualdad de resultados —que se expresa en las diferencias en los logros académicos, la evolución profesional, los ingresos, etc.— es una de las maneras más evidentes y que, en sí misma, no es necesariamente negativa. El premio al esfuerzo individual, a los talentos innatos y a las opciones de una vida mejor puede incentivar la innovación y el espíritu empresarial, y ayudar a impulsar el crecimiento.  

¿Son las supergranjas la solución a la inseguridad alimentaria mundial?

José Cuesta's picture
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Agriculture workers on a strawberry farm in Argentina. © Nahuel Berger/World Bank

En la actualidad, 842 millones de personas pasan hambre en el planeta. La demanda de alimentos seguirá creciendo a medida que la población mundial se aproxime a 9000 millones de habitantes para 2050, por lo cual será necesario mejorar de manera sostenida la productividad agrícola. ¿De dónde provendrán estos aumentos de la productividad? Durante décadas, la opinión generalizada fue que la pequeña agricultura familiar era más productiva y eficiente para reducir la pobreza que la agricultura en gran escala. Pero ahora los defensores de esta última destacan sus ventajas para el aprovechamiento de grandes inversiones y tecnologías innovadoras, así como su enorme potencial exportador.

Los críticos, sin embargo, mencionan serias preocupaciones ambientales, sociales y económicas y sobre el bienestar de los animales, especialmente cuando las instituciones son frágiles. Además, a menudo, las condiciones abusivas y los impactos sociales devastadores que provocan “las apropiaciones de tierras”, particularmente en países con grave inseguridad alimentaria, son bien conocidas.

Entonces, ¿la agricultura en gran escala —específicamente las llamadas  “supergranjas”— es la solución a la demanda de alimentos? ¿O es un obstáculo? A continuación, hay 10 preguntas clave para comprender mejor este tema. He intentado abordarlas en la última edición de la Alerta sobre precios de los alimentos (i) .