¿Qué tal si… pudiéramos ayudar a las ciudades a planificar de manera más eficiente un futuro con menos emisiones de carbono?
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Preparado por Stephen A. Hammer, (i) gerente de políticas relacionadas con el clima del equipo de políticas dependiente del Área de Soluciones Transversales en materia de Cambio Climático (GCCPT)
Si el cambio climático fuera un rompecabezas, las ciudades serían una pieza clave que se encontraría justo en el centro. Esto fue reforzado por más de 100 países de todo el mundo, que calificaron a las ciudades como un elemento decisivo de sus estrategias de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en sus planes nacionales de lucha contra el cambio climático —conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional— presentados a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en 2015.
Tras la consiguiente firma del Acuerdo de París, estos países han cambiado rápidamente su rumbo para convertir sus planes climáticos en acciones. ¿Qué pasaría, como muchos nos preguntamos, si pudiéramos encontrar una manera rentable y eficiente de ayudar a encaminar a las ciudades —tanto en los países en desarrollo como desarrollados— en una trayectoria de crecimiento con bajas emisiones de carbono?







Durante la última década, la caza furtiva de vida silvestre aumentó rápidamente y se convirtió junto con la destrucción del hábitat en una de las causas principales de pérdida de la vida silvestre en muchos países.
Esta semana, la 
Cuando observo la tasa de agotamiento de los recursos, la erosión del suelo y la disminución de las poblaciones de peces —los impactos del cambio climático en casi todos los ecosistemas—, veo un mundo físico que se degrada lentamente pero de manera inexorable. Lo denomino la “realidad que se esfuma” –la nueva normalidad–, es decir fenómenos de aparición lenta que nos van llevando a la pasividad y la aceptación de un mundo menos rico y diverso.
Regresé hace poco de las negociaciones de las Naciones Unidas sobre el clima que se realizaron en Varsovia, Polonia, y tengo una buena y una mala noticia.