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África

Para lograr el objetivo de #ViviendasParaTodos no desperdiciemos lo bueno por culpa de lo malo

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En un mundo dividido acerca de cómo ocuparse de problemas graves como el terrorismo, la inmigración, el libre comercio y el cambio climático, los Gobiernos coinciden en que es urgente solucionar el problema que puede afirmarse es el más grande de todos: proporcionar viviendas seguras, bien ubicadas y asequibles a los miles de millones de personas que las necesitan. (i)
Incluso existe acuerdo sobre los pasos básicos para lograr ese objetivo: mejorar la gestión de la tierra (i) y adoptar políticas más neutrales relacionadas con la tenencia de tierras.

También hay consenso en relación a que los Gobiernos no están en condiciones de pagar esta cuenta por sí solos. Según la empresa de consultoría McKinsey & Company, solucionar el “déficit de vivienda en el mundo” tiene un costo anual de USD 1,6 billones, una cifra que representa el doble del costo (i) de las inversiones mundiales necesarias en infraestructura pública para mantener el ritmo del crecimiento del PIB.

A medida que nos acercamos al año 2018, cuando se celebrará el septuagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos en que la vivienda se considera un “derecho humano universal”, (i) es hora que los Gobiernos recurran a una solución clara para reducir el déficit de viviendas que continúan ignorando a su propio riesgo, y esta solución es el financiamiento de mercado a largo plazo. Sin un aumento substancial en el capital privado, el déficit de viviendas continuará aumentando, y con ello las probabilidades de descontento social. (i)

Resiliencia para los más vulnerables: gestionar los desastres para proteger mejor a los más pobres del mundo

Stéphane Hallegatte's picture
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El novelista Jack London describió en su libro “La gente del abismo” una devastadora tormenta que afectó a Londres a principios del siglo XX. Los habitantes sufrieron terriblemente —algunos perdieron hasta 10 000 libras, una suma desastrosa en 1902— pero nadie perdió más que las personas más pobres de la ciudad.
 
Los desastres naturales son catastróficos para todos los afectados. Sin embargo, no todo el mundo los experimenta de la misma manera. Un dólar en pérdidas no significa para una persona rica lo mismo que para una persona pobre, que tal vez vive a un nivel de subsistencia o carece de los medios para reconstruir y recuperarse después de un desastre. Ya sea por una sequía o una inundación, los pobres siempre sufren más que los habitantes más ricos.

Esta desigualdad se examinó detenidamente en el informe Unbreakable: Building the Resilience of the Poor in the Face of Natural Disasters (Irrompible: Generar resiliencia en los pobres frente a los desastres naturales) del Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR). En la publicación Unbreakable se recomendaron diversas políticas para ayudar a los países a reducir la pobreza y crear resiliencia, proporcionándose un análisis de vanguardia (i) sobre cómo la gestión de riesgos de desastres y un desarrollo bien diseñado pueden aliviar la pobreza y los riesgos en 117 países. 

Aumentar los niveles de alfabetización de los jóvenes podría ayudar a satisfacer las crecientes aspiraciones

Zubedah Robinson's picture
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En los próximos 15 años, en el mundo se necesitarán 600 millones de empleos para los jóvenes. La coalición denominada Soluciones para el Empleo de los Jóvenes, (i) que ofrece liderazgo y recursos para reducir el desempleo juvenil, concluyó que el crecimiento mundial será impulsado por los jóvenes en las próximas dos décadas.

En este Día Mundial de las Habilidades de la Juventud estamos examinando algunos de los desafíos relacionados con el empleo juvenil. Actualmente, unos 621 millones de jóvenes no van a la escuela, no trabajan o no participan en programas de capacitación. Peor aún, la tasa de desempleo juvenil es tres veces más alta que la tasa de desempleo de los adultos. Y entre aquellos que logran conseguir un trabajo, 1 de cada 4 jóvenes no puede encontrar un empleo en que obtengan un salario superior a ¡USD 1,25 al día!

Superar la brecha entre las acciones humanitarias y de desarrollo en la respuesta para la hambruna

Franck Bousquet's picture
 UNICEF
Un grupo de personas espera para conseguir agua en un pozo proporcionado por UNICEF en el campamento Muna Dalti para desplazados internos, ubicado en Maiduguri en el estado de Borno (Nigeria), el jueves 2 de marzo de 2017.
Crédito: UNICEF.

La semana pasada representé al Grupo Banco Mundial en una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) (i) sobre la respuesta a la hambruna en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen. En estos cuatro países, más de 20 millones de personas padecerán hambre o estarán en peligro de ser afectadas por este problema en los próximos seis meses, y se necesitan medidas urgentes para evitar que la situación se agrave aún más.
 
El Consejo de Seguridad podría parecer un lugar poco usual para que esté presente una institución de desarrollo como el Banco Mundial, especialmente cuando se aborda una crisis humanitaria como la hambruna.

Un giro tecnológico de 360 grados

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Para el Banco Mundial, los cambios en el panorama mundial constituyen un desafío en materia de desarrollo de innovaciones y soluciones que sirvan para abordar cuestiones acuciantes en los sectores de salud, educación y protección social. (Foto: Simone D. McCourtie).

La manera en que nos comunicamos, producimos y nos relacionamos con la tecnología evoluciona rápidamente.
 
Seguramente su reacción será: “dígame algo que no sepa”.

Es aquí donde aparece Benedict Evans, (i) un importante gurú tecnológico que trabaja en la empresa de capital de riesgo Andreessen Horowitz (“a16z”) (i) ubicada en Silicon Valley. Evans compartió ideas inspiradoras, y en cierto modo inquietantes, sobre cómo la tecnología modela nuestro mundo y sus efectos en la comunidad mundial que se dedica a la tarea del desarrollo. El experto ofreció recientemente una charla en el Banco Mundial titulada “Mobile is eating the world”, (i) y estas son algunas de las conclusiones principales:

¿Qué contiene un número? Desentrañar la crisis del desplazamiento forzado de 65 millones de personas

Xavier Devictor's picture
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(c) Dorte Verner
Regia, de Somalia, saluda a sus amigas y clientas en su tienda, ubicada en la calle principal del asentamiento de refugiados de Nakivale, en el suroeste de Uganda. © Dorte Verner

Hoy, en el Día Mundial de los Refugiados, se oye una vez más que el número de desplazados por la fuerza debido a los conflictos y las persecuciones aumentó a 65,6 millones a fines de 2016, según el último informe Global Trends (i) de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Estas cifras han servido para llamar la atención sobre la gravedad de esta crisis, impulsando la adopción de medidas entre la comunidad mundial. Al mismo tiempo, estos números han provocado ansiedad entre muchos países anfitriones, en particular de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Al ocupar un lugar central en el debate político, estos números han planteado interrogantes sobre la capacidad de estos países para apoyar a todas las personas que huyen de conflictos, lo que a veces lleva al temor y a aumentar los sentimientos contra los refugiados.

¿Nos encontramos realmente en un “mundo nuevo” donde los movimientos demográficos tienen unas dimensiones nunca antes observadas y que exigen medidas extraordinarias para detener los flujos de personas? Para responder a esta pregunta, vale la pena mirar más de cerca los números.

Aumentar la resiliencia de los refugiados y ayudarlos a reconstruir sus vidas con dignidad

Jim Yong Kim's picture
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© Dominic Chavez/World Bank

En el Día Mundial de los Refugiados, rendimos homenaje a los rostros de la resiliencia: madres, padres, esposos, esposas y niños, que huyeron de horribles circunstancias, y que continúan luchando todos los días para reconstruir sus vidas con dignidad.

En momentos en que el número de desplazados por los conflictos aumenta a máximos históricos, es fácil perder de vista los rostros detrás de las estadísticas. Pero, recientemente, ha habido un cambio radical en la manera en que el mundo está manejando esta crisis, poniendo a la gente en primer lugar, y haciendo posible que los refugiados trabajen o vayan a la escuela y lleguen a ser autosuficientes, que formen parte integral del desarrollo de los países anfitriones.

Corredores de coexistencia para reducir los conflictos entre los seres humanos y los animales silvestres

Claudia Sobrevila's picture
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© Assam Haathi Project
© Assam Haathi Project 

En condiciones extremas, un ser humano puede sobrevivir tres minutos sin aire, tres días sin agua y tres semanas sin alimento. Para apoyar a una población mundial de 7500 millones de personas, se necesitan más recursos naturales esenciales lo que está causando deforestación, degradación y fragmentación de los hábitats, pastoreo excesivo y sobreexplotación.
 
En el intento por sobrevivir y prosperar, los seres humanos ya usamos el 38 % de la tierra del mundo para actividades agrícolas; además, hemos deforestado la tierra debido a la industria, la minería y la infraestructura, dejando como zonas protegidas menos del 15 % de la superficie terrestre mundial (i) para fines de conservación de la biodiversidad. Si hay tanta presión de los seres humanos en las zonas protegidas, ¿dónde pueden buscar agua y comida las poblaciones restantes de elefantes, grandes felinos y otras especies silvestres? (Comprensiblemente), una cosecha de maíz, un arrozal desprotegido o una vaca bien alimentada parecen irresistibles. Esta lucha por los recursos naturales —especialmente la tierra y el agua— es la raíz de los conflictos entre los seres humanos y la fauna silvestre.

El próximo horizonte de los programas de redes de protección social

Michal Rutkowski's picture
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Se ha duplicado el número de países en desarrollo que proporcionan programas de protección social a sus ciudadanos. ¿Qué provoca este aumento? Foto: Mohammad Al-Arief/Banco Mundial.

Las redes de protección social —donaciones en efectivo que se entregan regularmente a los hogares pobres a cambio de que los niños asistan a la escuela o sean sometidos a exámenes periódicos de salud— se han convertido en una de las estrategias más eficaces de reducción de la pobreza, ayudando a los pobres y vulnerables a afrontar crisis y catástrofes. Cada año, los programas de este tipo en los países en desarrollo ayudan a salir de la pobreza absoluta a unos 69 millones de personas y mejoran la situación de unos 97 millones de habitantes ubicados en el 20 % más pobre de la población, lo que constituye un aporte considerable a la lucha mundial contra la pobreza.

La falta de acceso a un retrete y artículos para el lavado de manos afecta más a las mujeres y las niñas, especialmente durante su periodo menstrual

Libbet Loughnan's picture
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Las mujeres y las niñas se ven particularmente afectadas por la falta de servicios de agua, saneamiento e higiene (WASH) seguros y accesibles. Ellas sufren debido a esa carencia durante la menstruación y el parto. Además, cuando pasan horas recolectando agua en lugares de difícil acceso dejan de ir a la escuela y corren el riesgo de ser víctimas de abusos y violaciones. Con el fin de abordar esta problemática, en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6 se hace especial hincapié en las mujeres y las niñas: “Para 2030, lograr el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones vulnerables”.

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