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África

La educación como vehículo para poner fin a la violencia contra las mujeres

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Foto: Scott Wallace/Banco Mundial

Las últimas luces del 2015 iluminan los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU (ODM) que incluyen la eliminación de disparidades de género en todos los niveles de educación. Aunque el número de países que han alcanzado la paridad de género en la educación primaria y secundaria entre 2000 y 2015 ha aumentado de 36 a 62, las niñas siguen enfrentando los retos más grandes, sobre todo en el acceso a la educación secundaria.

Las consecuencias negativas por la falta de educación son visibles a lo largo de la vida de una mujer.

Una niña sin educación es menos capaz de tomar decisiones propias sobre planificación familiar. Una niña tiene más probabilidades de tener problemas de salud y trastornos psicológicos, y sus hijos son más propensos a la desnutrición y analfabetismo. La educación es fundamental para el desarrollo de las aspiraciones y capacidades: una niña educada puede manejar mejor sus bienes y sus finanzas, y tiene más probabilidades de tener acceso al crédito.

El liderazgo de las mujeres y el acceso a los puestos de toma de decisión dependen también de su nivel de instrucción.

En el largo plazo, la falta de educación afecta las capacidades futuras de una mujer de buscar y obtener un empleo, y de tener un ingreso. La independencia económica se refleja no sólo en la capacidad que una mujer tiene de disponer de su dinero, ahorrar, adquirir bienes e invertir, sino también en su libertad de decidir librarse de relaciones domesticas abusivas, en particular de situaciones de violencia económica.


Finalmente, sin educación una mujer tiene más probabilidades de integrar la franja de pobreza.
 

Poner fin a la quema regular de gas para mantener a raya el cambio climático

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Seis meses. Cuarenta y cinco entidades suscriptoras. Estamos en camino hacia una nueva y ambiciosa norma mundial de facto para la industria del petróleo y el gas.

Parece que fuera ayer cuando altos representantes de 25 Gobiernos, empresas petroleras e instituciones de desarrollo se reunieron con el secretario general de las Naciones Unidas y el presidente del Banco Mundial para lanzar la iniciativa mundial —“Eliminación de la quema regular de gas para 2030”— (i) con el objetivo de poner fin a la práctica de la industria petrolera de quemar gas regularmente en los emplazamientos de producción petrolera de todo el mundo.

Desarrollar paisajes forestales con capacidad de adaptación al cambio climático

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Andrea Borgarello for World Bank/TerrAfrica

Esta semana y la próxima semana tendrá lugar en París un “partido de alto riesgo” entre la ciencia y la voluntad política.
 
La parte que corresponde a la ciencia es muy clara: se ha establecido que 2015 es el año más cálido que se haya registrado, llegando la temperatura a estar un grado por encima de los promedios preindustriales. El cambio climático ya afecta a los países. A esto se añade el fenómeno de El Niño, que causa estragos en muchas partes del mundo. Y el calor va a aumentar.
 
El análisis político es más complicado. Por un lado, si los planes nacionales -las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional (INDC, por sus siglas en inglés)-, elaborados por los países para luchar contra el cambio climático se implementaran, incluyendo las acciones condicionadas por el financiamiento disponible, esto pondría probablemente al planeta en una trayectoria de unos 2,7 °C, que sería catastrófica para los sistemas económicos, sociales y naturales de los que dependemos. Es evidente que aún queda mucho por hacer. Por otra parte, es una señal de avances que es bienvenida. El hecho de que casi todos los países del mundo (Carbon Brief contabiliza 184 compromisos climáticos hasta la fecha) (i) hayan presentado sus INDC es un logro notable que muchos habrían considerado imposible hace apenas unos años. De modo que hay progresos, pero no son suficientemente rápidos.
 
París debe ser visto como un hito importante en un arduo viaje: una plataforma para generar una espiral siempre ascendente de metas en muchos campos de medidas relativas al clima.
 
Un área que promete innumerables beneficios para las personas y el planeta es el cambio en el uso del suelo, la agricultura y la silvicultura. En conjunto, estos sectores representan un 24 % de las emisiones mundiales, pero contribuyen con un porcentaje mucho mayor de emisiones en muchos países en desarrollo. Un análisis preliminar de las INDC muestra un fuerte compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la deforestación, la degradación forestal, el cambio del uso del suelo y la agricultura. Y hay pruebas de un mayor deseo de medidas de recuperación del paisaje en muchos de esos países.

La seguridad vial es una cuestión de equidad para los pobres

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Street traffic in Kathmandu, Nepal. © Simone D. McCourtie/World Bank


​​La seguridad vial posiblemente no sea lo primero que nos viene a la mente cuando pensamos en poner fin a la pobreza extrema. Pero cuando las condiciones de la seguridad vial son inadecuadas, son las personas más pobres del mundo las que se ven afectadas en mayor medida.
 
Analicemos el caso de África. Mientras que en todas las demás regiones del mundo las tasas de mortalidad por accidentes de tránsito disminuyeron entre 2010 y 2013, en África subieron. El continente tiene en la actualidad la tasa más alta de todas las regiones, con 27 muertes cada 100 000 personas. La proporción correspondiente a los países de ingreso bajo en el total de este tipo de muertes se incrementó del 12 % al 16 % durante el mismo período. Sin embargo, estos Estados poseen solo el 1 % del total mundial de vehículos.

Limpiemos las maneras sucias de cocinar

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Limpiemos las maneras sucias de cocinar


Realmente – Hagámoslo.

Es un hecho: la contaminación del aire en el interior de las viviendas provocada por cocinar con combustibles sólidos como la madera, el carbón vegetal y mineral, el estiércol y los desechos de cultivos en hogueras y cocinas tradicionales es la cuarta causa de muerte en el mundo, después de las enfermedades cardíacas y pulmonares y la infección respiratoria.

Casi 2900 millones de personas, la mayoría de las cuales son mujeres, aún cocinan con cocinas y combustibles sólidos contaminantes que producen humo y hollín. Esto significa que hay más personas que usan estos artefactos peligrosos que toda la población sumada de India y China.

Esto tiene que cambiar. Y el cambio está ocurriendo, según he oído la semana pasada en los diversos debates que tuvieron lugar en el Foro sobre Maneras Limpias de Cocinar 2015 (i) en Accra, Ghana. Al escuchar al ministro de Petróleo de Ghana y al viceministro de Género y Desarrollo, me doy cuenta de que la ambición de ofrecer cocinas limpias y combustibles más limpios a las familias que más lo necesitan está presente. Pero transformar la ambición en realidad es un desafío. Esto es cierto no solo en Ghana sino en muchas otras partes del mundo.

De la crisis a la resiliencia: Ayudar a los países a encarrilarse

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Hace apenas dos semanas, los ciudadanos de Sierra Leona celebraron en su país el fin de la transmisión del ébola (i) con aclamaciones y bailes en las calles de Freetown. Es un hito digno de celebración en un país que sufrió cerca de 4000 muertes por el virus mortífero.
 
Noticias como esta de Guinea, Liberia, y Sierra Leona (i) son un recordatorio de cuán importante es no bajar la guardia frente a brotes futuros y seguir apoyando a los países mientras sus economías se recuperan. Tomemos el caso de Bindeh Kamara, de Sierra Leona, una joven de 22 años, madre de cuatro hijos que perdió a su marido a causa del ébola. Sin su ingreso, Bindeh tuvo que esforzarse para pagar la comida, la ropa, y la matrícula escolar de sus hijos.

El camino hacia un futuro más ecológico

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La pregunta fundamental en el periodo previo a la Conferencia de las Partes (COP 21) sobre el cambio climático es: ¿dónde encontraremos las soluciones sobre el terreno —y las personas que las pondrán en práctica— para hacer realidad los nuevos objetivos en materia de políticas relacionados con el clima?

Un camino hacia un futuro “más ecológico” podría cruzar a través de Kikuyu Road en Nairobi, Kenya. En este lugar, Peter Chege dirige Hydroponics Kenya, una empresa pequeña pero en crecimiento, que está aumentando las nuevas soluciones agrícolas para los mercados locales. Sus sistemas permiten que los agricultores cultiven plantas sin la necesidad de usar suelo agrícola y consumen una cantidad de agua un 80 % menor que la agricultura tradicional. Estas técnicas sostenibles mejoran la capacidad de adaptación al clima y, al mismo tiempo, crean empleos a nivel local y fomentan la inversión a nivel regional.

Ciudades: La nueva frontera de la protección social

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Dominic Chavez/Banco Mundial


​Piense en esto: en el momento en que tomaba el desayuno esta mañana, la población urbana mundial aumentaba en unas 15 000 personas. Esta cifra se incrementará a 180 000 personas para el final del día y a 1,3 millones para el final de la semana. En un planeta con tanta cantidad de espacio, este ritmo de urbanización es como apiñar toda la humanidad en un país del tamaño de Francia.

En las ciudades vive la mayor parte de la población mundial, es donde se producirá cada vez más  crecimiento demográfico y donde pronto se encontrará la mayor parte de la pobreza.

El acceso a la energía es una cuestión de justicia social

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© Dominic Chavez/Banco Mundial


Accra, Ghana. En Ghana, el racionamiento de la energía recibe el apodo popular de “dum-sor”, o “encendido-apagado”, una expresión que las personas usan para referirse a los cortes habituales de electricidad en el país. Este es un desafío que enfrenta todo el mundo en desarrollo, al igual que los países de África al sur del Sahara, región donde se pierde un 2,1 % del producto interno bruto (PIB) solo debido a los apagones.

Si bien la falta de un suministro eléctrico constante es uno de los mayores retos económicos de Ghana, la verdad es que el país ha hecho avances en el aumento del acceso a la energía. Hoy en día, aproximadamente el 75 % del país está conectado a la red eléctrica nacional. Esto es muy superior al promedio de la región: solo 1 de cada 3 habitantes de África al sur del Sahara tiene acceso a la electricidad.

Madagascar: Desarrollar los recursos cognitivos de los más pobres

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​Foto: Laura B. Rawlings / Banco Mundial

Son las 8 de la mañana. El sol del invierno comienza a aparecer sobre la masa gris verdosa de árboles en la aldea de Tritriva ubicada en la meseta central de Madagascar. El patio de una iglesia de piedra ya está lleno de mujeres; muchas de ellas sostienen en sus brazos a niños que aún están durmiendo. Se han reunido por primera vez en dos meses para recibir un pago en efectivo del Estado malgache.

Las mujeres son pobres y todas viven con menos de US$2 al día. El dinero que reciben del Gobierno asciende a alrededor de un tercio de sus ingresos en efectivo para los dos meses que transcurren entre cada pago. Esta ayuda les permitirá en gran medida sustentar a sus familias durante el resto del invierno.

Estos pagos iniciados por el Gobierno de Madagascar, con el apoyo del Banco Mundial, son parte de un nuevo programa puesto en práctica por los Fonds d'intervention pour le Développement (Fondos de intervención para el desarrollo, FID) para combatir la pobreza en las zonas rurales de Madagascar y proporcionar vías sostenibles de desarrollo de las personas.
 

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