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Asia oriental y el Pacífico

La educación como vehículo para poner fin a la violencia contra las mujeres

Isabel Santagostino's picture
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Foto: Scott Wallace/Banco Mundial

Las últimas luces del 2015 iluminan los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU (ODM) que incluyen la eliminación de disparidades de género en todos los niveles de educación. Aunque el número de países que han alcanzado la paridad de género en la educación primaria y secundaria entre 2000 y 2015 ha aumentado de 36 a 62, las niñas siguen enfrentando los retos más grandes, sobre todo en el acceso a la educación secundaria.

Las consecuencias negativas por la falta de educación son visibles a lo largo de la vida de una mujer.

Una niña sin educación es menos capaz de tomar decisiones propias sobre planificación familiar. Una niña tiene más probabilidades de tener problemas de salud y trastornos psicológicos, y sus hijos son más propensos a la desnutrición y analfabetismo. La educación es fundamental para el desarrollo de las aspiraciones y capacidades: una niña educada puede manejar mejor sus bienes y sus finanzas, y tiene más probabilidades de tener acceso al crédito.

El liderazgo de las mujeres y el acceso a los puestos de toma de decisión dependen también de su nivel de instrucción.

En el largo plazo, la falta de educación afecta las capacidades futuras de una mujer de buscar y obtener un empleo, y de tener un ingreso. La independencia económica se refleja no sólo en la capacidad que una mujer tiene de disponer de su dinero, ahorrar, adquirir bienes e invertir, sino también en su libertad de decidir librarse de relaciones domesticas abusivas, en particular de situaciones de violencia económica.


Finalmente, sin educación una mujer tiene más probabilidades de integrar la franja de pobreza.
 

Limpiemos las maneras sucias de cocinar

Anita Marangoly George's picture
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Limpiemos las maneras sucias de cocinar


Realmente – Hagámoslo.

Es un hecho: la contaminación del aire en el interior de las viviendas provocada por cocinar con combustibles sólidos como la madera, el carbón vegetal y mineral, el estiércol y los desechos de cultivos en hogueras y cocinas tradicionales es la cuarta causa de muerte en el mundo, después de las enfermedades cardíacas y pulmonares y la infección respiratoria.

Casi 2900 millones de personas, la mayoría de las cuales son mujeres, aún cocinan con cocinas y combustibles sólidos contaminantes que producen humo y hollín. Esto significa que hay más personas que usan estos artefactos peligrosos que toda la población sumada de India y China.

Esto tiene que cambiar. Y el cambio está ocurriendo, según he oído la semana pasada en los diversos debates que tuvieron lugar en el Foro sobre Maneras Limpias de Cocinar 2015 (i) en Accra, Ghana. Al escuchar al ministro de Petróleo de Ghana y al viceministro de Género y Desarrollo, me doy cuenta de que la ambición de ofrecer cocinas limpias y combustibles más limpios a las familias que más lo necesitan está presente. Pero transformar la ambición en realidad es un desafío. Esto es cierto no solo en Ghana sino en muchas otras partes del mundo.

El camino hacia un futuro más ecológico

Jonathan Coony's picture

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La pregunta fundamental en el periodo previo a la Conferencia de las Partes (COP 21) sobre el cambio climático es: ¿dónde encontraremos las soluciones sobre el terreno —y las personas que las pondrán en práctica— para hacer realidad los nuevos objetivos en materia de políticas relacionados con el clima?

Un camino hacia un futuro “más ecológico” podría cruzar a través de Kikuyu Road en Nairobi, Kenya. En este lugar, Peter Chege dirige Hydroponics Kenya, una empresa pequeña pero en crecimiento, que está aumentando las nuevas soluciones agrícolas para los mercados locales. Sus sistemas permiten que los agricultores cultiven plantas sin la necesidad de usar suelo agrícola y consumen una cantidad de agua un 80 % menor que la agricultura tradicional. Estas técnicas sostenibles mejoran la capacidad de adaptación al clima y, al mismo tiempo, crean empleos a nivel local y fomentan la inversión a nivel regional.

Ciudades: La nueva frontera de la protección social

Keith Hansen's picture
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Dominic Chavez/Banco Mundial


​Piense en esto: en el momento en que tomaba el desayuno esta mañana, la población urbana mundial aumentaba en unas 15 000 personas. Esta cifra se incrementará a 180 000 personas para el final del día y a 1,3 millones para el final de la semana. En un planeta con tanta cantidad de espacio, este ritmo de urbanización es como apiñar toda la humanidad en un país del tamaño de Francia.

En las ciudades vive la mayor parte de la población mundial, es donde se producirá cada vez más  crecimiento demográfico y donde pronto se encontrará la mayor parte de la pobreza.

El diálogo mundial fortalece las relaciones del Banco Mundial con los pueblos indígenas

Ede Ijjasz-Vasquez's picture
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Apoyar el desarrollo sostenible de los pueblos indígenas es fundamental para alcanzar los dos objetivos del Banco Mundial de poner fin a la pobreza y promover la prosperidad compartida en los países donde viven dichas comunidades. Recientemente se conmemoró el Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo y el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, y ambas jornadas ayudaron a llamar la atención sobre los 350 millones de personas que pertenecen a comunidades de pueblos indígenas en el mundo, las que se caracterizan por lo siguiente:
  • Son sociedades y comunidades culturalmente distintas: la tierra en la que viven y los recursos naturales de los que dependen están inextricablemente ligados a sus identidades, culturas y economías;
  • Están entre las poblaciones más desfavorecidas del mundo y representan aproximadamente el 4,5 % de la población mundial, pero más del 10 % de los pobres, e
  • Incluso dentro de sus propios territorios tradicionales –que contienen el 80 % de la biodiversidad del planeta– poseen legalmente menos del 11 % de las tierras.
El Banco Mundial está colaborando activamente con los pueblos indígenas de todo el mundo en una serie de cuestiones que los afectan directamente, y busca poner a los grupos marginados, como estas comunidades, en un lugar central del programa de desarrollo.

Debe reconocerse, sin embargo, que mejorar las condiciones de los pueblos indígenas no es una tarea fácil. Estos pueblos se encuentran a menudo en regiones remotas y aisladas con escaso acceso a servicios sociales e infraestructura económica. Ellos, también, con frecuencia sufren distintos tipos de exclusión. Además, los proyectos de desarrollo estándar han puesto de manifiesto limitaciones en zonas donde viven pueblos indígenas, en particular si no son diseñados e implementados con la participación activa de las comunidades indígenas.

Soy un migrante

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Courtesy Jim Yong Kim


​En 1964 llegué a los Estados Unidos procedente de Corea del Sur, por aquel entonces un país en desarrollo extremadamente pobre que la mayoría de los expertos, entre ellos los del Banco Mundial, habían dado casi por perdido, al considerar que tenía pocas esperanzas de crecimiento económico.
 
Mi familia se mudó a Texas y después a Iowa. Yo tenía apenas 5 años cuando llegamos, y mi hermano, mi hermana y yo no hablábamos inglés. La mayor parte de nuestros vecinos y compañeros de colegio nunca había visto un asiático antes. Me sentía un extranjero residente en todo sentido.

Las medidas relacionadas con el clima no requieren hacer sacrificios económicos

Rachel Kyte's picture
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Hace más de dos décadas, el mundo acordó que era necesario enfrentar el cambio climático.
 
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) surgió en 1992, generando una variedad de foros de negociación con el objetivo de prevenir los efectos catastróficos del calentamiento del planeta provocado principalmente por sociedades que contaminan.
 
Es fácil pasar por alto los avances que se han producido desde entonces, porque todavía tenemos un largo camino por recorrer. Las sequías, las inundaciones y los ciclones que ya parecen ser lo normal son solo las advertencias más recientes de lo que viene, y prevenir males peores requiere medidas inmediatas y enérgicas para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

No hay un planeta B

Paula Caballero's picture
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Zanizbar, Tanzania. Photo by Sonu Jani / World Bank

En la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ONU) que se celebra esta semana, los océanos del mundo van a tener toda la atención que merecen desde hace tiempo, pero que no siempre han recibido. Ellos son el tema de interés del Objetivo de Desarrollo Sostenible 14: “Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible”.
 
La inclusión de los océanos por primera vez en el programa internacional de desarrollo ilustra los desafíos ambiciosos y las soluciones integrales que las naciones están adoptando. Con la aceptación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los países están exigiendo un futuro en el cual la gestión de la naturaleza se realice de manera que impulse las economías, mejore el bienestar y proteja vidas, ya sea en la ciudad de Washington o Nairobi, en la tierra o en el mar.

Dos madres vietnamitas cuentan sus historias: “Un largo viaje con mi hijo sordo”

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El
Proyecto de Divulgación de la Educación Intergeneracional para las Personas Sordas (IDEO), implementado entre 2011 y 2015 en las ciudades de Hanoi, Thai Nguyen, Quang Binh y Ho Chi Minh en Viet Nam, ha ayudado a preparar a 255 niños sordos menores de 6 años para la educación formal a través de la enseñanza del lenguaje de señas. Mediante el uso de un enfoque innovador, el proyecto creó "equipos de apoyo a las familias", integrados por un mentor sordo, un intérprete de este tipo de lenguaje y un maestro con audición normal, para enseñar la lengua de señas a los niños y sus familias en sus hogares. Sigamos el “viaje” de dos madres que apoyan a sus hijos sordos en el aprendizaje del lenguaje de señas. 

El lenguaje de señas es la lengua común en mi hogar (Nguyet Ha, mamá de Đào Quang Lâm, de 5 años)
 

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