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Colombia: las carreteras más transitadas

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A principios de la década de 1990, la infraestructura vial de Colombia era un laberinto de caminos mal mantenidos y malas carreteras. Una geografía difícil —la jungla de la costa del Pacífico y los Andes que se bifurcan en tres cadenas— impedía mejorar las condiciones de los caminos y conectar a las comunidades aisladas. Los conflictos, la corrupción y las prioridades políticas a corto plazo se sumaban a los problemas del sistema vial colombiano. Y las dificultades con los contratos de concesión influían en la misma medida, ya que existían incentivos equivocados, se creaban oportunidades para renegociar los contratos ya firmados y se asignaba un riesgo de demanda desproporcionado al Gobierno de Colombia.

En un país tan grande como los territorios de Francia y España juntos, las zonas altamente montañosas hacían que la mayoría de las carreteras tuvieran muchas curvas y algunas se redujeran a un solo carril. Otro problema era el diseño de las rutas y la calidad de los materiales de construcción y del mantenimiento, causando que numerosas carreteras fueran inseguras y vulnerables a las fuertes lluvias anuales. Algunos informes sostenían que la mala calidad de las carreteras y caminos de Colombia encarecía el transporte de artículos desde un puerto colombiano a una ciudad del interior, y que por el contrario resultaba más barato enviar un contenedor a Asia.

En busca de nuevas ideas sobre las alianzas público-privadas y la reducción de las pérdidas de agua

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Dos preguntas que vale la pena debatir son si podremos ver pronto un resurgimiento de las alianzas público-privadas (APP) en el área del suministro y servicios de agua urbanos, y si las APP son una buena vía para que las empresas del sector en los países en desarrollo reduzcan el impactante nivel de pérdidas de agua.

Estos temas apremiantes exigen nuestra atención debido a que una cantidad excesivamente alta de pérdidas de agua —hasta un 50 % del agua que ingresa en el sistema de distribución— afecta a las empresas del sector y a sus clientes en los países en desarrollo. Más precisamente, la causa es el “agua no facturada (NRW, por sus siglas en inglés)”: (i) que incluye tanto las pérdidas físicas (fugas y rupturas) como las pérdidas comerciales (bases de datos deficientes de los clientes, inexactitudes de los medidores y conexiones ilegales).

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