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Una voz contra la corrupción

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La semana pasada, Transparencia Internacional publicó su Barómetro Global de Corrupción 2013, (i) que presenta los resultados de una encuesta a 114.000 personas de 107 países, en la que se les consultó sobre sus interacciones con la corrupción, cuáles instituciones y  sectores son los que ven como más corruptos, y su percepción acerca de si tienen un papel en la lucha contra este problema. El informe recoge una serie de tendencias, que incluyen la idea de que la corrupción está empeorando en muchos sectores, y además insta a los Gobiernos a fortalecer sus plataformas de rendición de cuentas y mejorar las normas de contratación y la administración de las finanzas públicas.

Según el estudio de este año, el 27% de las personas declara haber pagado un soborno en los últimos 12 meses, casi el mismo porcentaje que en el informe 2010/2011 (26%). Esto indica que más de una cuarta parte de las personas entrevistadas ha cometido este delito.

Hubo una pregunta de seguimiento: ¿cuál fue la razón para pagar un soborno? La respuesta más frecuente, en el 40% de los casos, fue: “para acelerar las cosas”. Esta alta tasa de cohecho para agilizar el servicio sugiere, a mi juicio, una complicidad preocupante: la persona que paga puede sentirse con derecho a tener un servicio más rápido a expensas de los demás.

Aunque muchas de las tendencias captadas por el informe se pueden confirmar mediante pruebas obtenidas en algunas de las investigaciones del Banco Mundial, (i) también nos inclinamos a ver que la corrupción a menudo ocurre en interacciones más sutiles, y centrarse solamente en el soborno dejaría de lado gran parte de la historia. De modo que me alegró ver que el informe equilibra su análisis con medios menos obvios de tráfico de influencias.