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desnutrición

Un mundo sin redes de protección social

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Los recientes acontecimientos han recordado a los políticos la fragilidad de los medios de subsistencia de muchas personas en este planeta. Con cada nueva crisis –el drástico aumento del precio de los alimentos y el combustible en 2008 y nuevamente en 2011, la implosión financiera y la contracción económica mundial de 2009, el terremoto de Haití y las inundaciones de Pakistán en 2010, y la sequía que comenzó en 2011 en el Cuerno de África,– las exigencias para que las autoridades respondan a las mismas se vuelven rápidas y furibundas.

¿Debemos seguir preocupados por el precio de los alimentos?

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Crisis mundial de los alimentos - Banco Mundial

Los precios de los alimentos están cayendo finalmente después de un año de alzas y alta volatilidad. Sin embargo, no debemos descuidarnos. Los precios de ciertos alimentos siguen siendo muy altos, con lo cual millones de personas en todo el mundo están aún expuestas al riesgo de padecer desnutrición y hambruna.

Veamos primero los números. Según el último informe trimestral Alerta sobre precios de los alimentos  del Banco Mundial publicado esta semana, los precios mundiales de los alimentos cayeron 8% entre septiembre y diciembre de 2011 debido al aumento de la oferta y la incertidumbre sobre la situación económica mundial.

Así, en diciembre de 2011, el índice respectivo del Banco Mundial cerró un 7% por debajo de los niveles de diciembre de 2010, y un 14% por debajo del máximo alcanzado en febrero. Sin embargo, el promedio del índice de 2011 es un 24% más alto que el del año anterior, y los precios internos de los productos clave siguen siendo peligrosamente elevados en muchos países.

Examinemos el caso del maíz. En México, por ejemplo, el maíz aumentó 106% entre diciembre de 2010 y el mismo mes de 2011, encareciendo las tortillas. El valor del trigo aumentó 88% en Belarús, mientras que el sorgo subió 57% en Burkina Faso. No importa donde se mire, alguien en algún lugar está pagando más dinero para poner comida sobre la mesa, ya sean quesadillas mexicanas o “to” (gachas) de Burkina Faso.