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Desastres

“Nos recuperaremos”: relatos desde Dominica tras el huracán María

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Ocho meses después de que el huracán María azotara la pequeña nación insular de Dominica, hogar de más de 73 000 personas en el cinturón de islas del Caribe oriental, está por comenzar otra activa temporada de huracanes que, según las predicciones de los expertos, será “casi normal o superior a lo normal”. Mientras recorríamos la isla, pudimos comprobar que la naturaleza está comenzando a recuperar terreno, la cubierta forestal está verdeando nuevamente, se han retirado los escombros y desperdicios, y las tiendas han vuelto a abrir sus puertas. Los niños han regresado a la escuela y lentamente la vida de las personas vuelve a la normalidad. El bullicio en las calles de Dominica un viernes por la noche es testimonio de la resiliencia y el espíritu de su población.
 

En Senegal, se insta a invertir en la gente y en el planeta

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Este mes, durante tres días, Senegal —ubicado en África occidental— fue el centro de atención de los esfuerzos mundiales para combatir el cambio climático y mejorar la educación en un mundo que cambia rápidamente.

El presidente francés, Emmanuel Macron, y el presidente senegalés, Macky Sall, copresidieron una conferencia en Dakar sobre la recaudación de recursos para la Alianza Mundial para la Educación (AME), una plataforma de financiamiento que ayuda a los países de ingreso bajo a aumentar tanto el número de niños que asisten a la escuela como el nivel de aprendizaje.

Líderes africanos y asociados intervinieron y anunciaron sus compromisos de proporcionar una educación que prepare a los niños para competir en la economía del futuro y que fomente el progreso socioeconómico.

La protección social para la adaptación se puede usar para enfrentar las crisis y reforzar la resiliencia

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En un mundo con cada vez mayores riesgos, los sistemas de protección social ayudan a las personas y las familias a enfrentar las guerras civiles, los desastres naturales, el desplazamiento y otras crisis. © Farhana Asnap/Banco Mundial.

Las crisis se están convirtiendo en una nueva normalidad en el mundo de hoy. En los últimos 30 años, los desastres naturales causaron la muerte de más de 2,5 millones de personas y casi unos USD 4 billones en daños en el mundo. Los fenómenos naturales adversos provocaron, solo en 2017, pérdidas por unos USD 330 000 millones, convirtiéndose en el año más costoso en la historia. El cambio climático y los cambios demográficos, así como otras tendencias mundiales, podrían también crear riesgos de fragilidad. Actualmente, los conflictos generan el 80 % de las necesidades humanitarias, y se espera que la proporción de personas extremadamente pobres que viven en situaciones afectadas por conflictos aumente a más del 60 % en 2030.

Los ingredientes secretos para el éxito de la Nueva Agenda Urbana

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Photo: Lois Goh/ Banque mondiale


La historia más común de la modernidad, que abarca fronteras nacionales, culturales y religiosas, se trata de personas que se trasladan de las zonas rurales a las ciudades. Para el año 2030, el 80 % de la población mundial vivirá en zonas urbanas, persiguiendo el sueño de acceder a mejores empleos, educación y atención médica.

Sin embargo, en muchos casos ese sueño corre el riesgo de quedar reducido a un ensueño urbano, debido a los desastres naturales como los huracanes, los terremotos y las inundaciones, así como al cambio climático. Quienes trabajamos para ayudar a esas familias a encontrar un futuro mejor debemos enfocarnos más en las formas de apoyar los esfuerzos destinados a proteger sus vidas y sus medios de subsistencia.

En los 40 años transcurridos desde que se realizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat I), los Gobiernos y los municipios de los distintos países emergentes y en desarrollo han demostrado que sus ciudades pueden ser no solo inclusivas y seguras, sino también resilientes y sostenibles. Sin embargo, a menos que puedan aumentar su velocidad y escala, es poco probable que logren los objetivos de la “Nueva Agenda Urbana” (PDF) y sus planes regionales, presentados en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III) (i) en 2016.

Desde nuestra perspectiva de ayudar a los Gobiernos de América Latina y el Caribe, y como anticipo del Foro Mundial (i) que tendrá lugar en Kuala Lumpur (Malasia) en febrero, compartimos tres elementos clave necesarios para lograr ese objetivo:

Hagamos un trato para crear ciudades resilientes

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Jiangxi (China), 1 de julio de 2017: En China oriental, la ciudad de Jiujiang se vio afectada por intensas lluvias y muchas zonas urbanas resultaron inundadas. Los vehículos quedaron a merced de las aguas y los ciudadanos se abrían paso por los peligrosos caminos anegados.
Jiangxi (China), 1 de julio de 2017: En China oriental, la ciudad de Jiujiang se vio afectada por intensas lluvias y muchas zonas urbanas resultaron inundadas. Los vehículos quedaron a merced de las aguas y los ciudadanos se abrían paso por los peligrosos caminos anegados.
 


Por primera vez en la historia, viven más personas en las ciudades (i) que en las zonas rurales. Si bien las ciudades representan la promesa de un futuro mejor, la realidad es que muchas de ellas no están a la altura de las expectativas. Con demasiada frecuencia carecen de los recursos para proporcionar incluso los servicios más básicos a sus habitantes y no pueden brindar a los ciudadanos protección eficaz contra los embates de los desastres naturales ni del cambio climático.

Esto se relaciona en gran medida con la falta de infraestructura adecuada contra el impacto de las inundaciones, el aumento del nivel del mar, los deslizamientos de tierra o los terremotos. La mayoría de las ciudades necesita mayor protección contra las inundaciones, viviendas mejor construidas y una planificación más adecuada del uso de la tierra. Pero incluso cuando las ciudades saben lo que deben hacer para ser más resilientes, con mucha frecuencia no tienen acceso al financiamiento necesario para lograr esa meta.

La mitigación de los riesgos de desastre, una manera de adaptarse al cambio climático

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La casa de esta familia en Colombia se inunda todos los años, creando condiciones de vida peligrosas. © Scott Wallace/Banco Mundial.
La casa de esta familia en Colombia se inunda todos los años, creando condiciones de vida peligrosas. © Scott Wallace/Banco Mundial.


Las perturbaciones climáticas tienen profundas repercusiones en las perspectivas de desarrollo de los países clientes del Banco Mundial.  Para muchas economías en desarrollo y mercados emergentes, los impactos negativos ya son una realidad, y los desastres naturales son cada vez más frecuentes e intensos. Desafortunadamente, muchos países todavía no tienen la capacidad de resistir estas catástrofes, y esto puede aumentar la fragilidad política, la inseguridad alimentaria, la escasez de agua y, en casos extremos, los conflictos y la migración. Estos impactos, incluso siendo leves, pueden perturbar el desarrollo y echar por tierra avances generados por años de inversiones. (i)

Los seguros basados en índices tienen impacto en el desarrollo donde más se necesita

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Foto: Dasan Bobo, Banco Mundial.

Muchas poblaciones en el mundo son vulnerables a las crisis climáticas como sequías, inundaciones, lluvias irregulares y desastres naturales. Para estos países, ciudades y comunidades, los seguros basados en índices son una herramienta de gestión de riesgos fundamental que permite a las víctimas de tales crisis seguir teniendo acceso a financiamiento y aumentar su resiliencia frente a futuros riesgos. (i)
 
Los seguros basados en índices, o paramétricos, pagan beneficios sobre la base de un índice predeterminado en caso de pérdidas de activos e inversiones ocasionadas por fenómenos meteorológicos o catastróficos. En contraste, los seguros tradicionales se basan en evaluaciones de los daños reales. 

¿Su proyecto de desarrollo está protegido contra los desastres y el cambio climático? Es hora de usar la plataforma ThinkHazard!

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Plataforma ThinkHazard


En estos días, es bastante común encontrar en los periódicos (o en los blogs) noticias sobre desastres que ocurren en distintas partes del mundo. Con frecuencia, estos desastres afectan a los mismos países a los que el Banco Mundial presta asistencia a diario a través de sus proyectos, y observamos con impotencia cómo décadas de avances desaparecen en cosa de minutos, horas o días. Los desastres causan pérdidas considerables en todos los países en que el Banco Mundial realiza actividades. En realidad, no es una cuestión de si habrá una próxima catástrofe, sino que cuándo ocurrirá esta.

Por lo tanto, es importante que nosotros, junto con nuestros asociados de los Gobiernos y el sector privado, siempre nos preguntemos: “¿Nuestros proyectos son capaces de resistir a los ciclones? ¿Al calor extremo o a las erupciones volcánicas? ¿En 50 años, este proyecto aún estará protegido del número creciente de casos de inundaciones, desprendimientos de tierras y sequías?”.

Resiliencia para los más vulnerables: gestionar los desastres para proteger mejor a los más pobres del mundo

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El novelista Jack London describió en su libro “La gente del abismo” una devastadora tormenta que afectó a Londres a principios del siglo XX. Los habitantes sufrieron terriblemente —algunos perdieron hasta 10 000 libras, una suma desastrosa en 1902— pero nadie perdió más que las personas más pobres de la ciudad.
 
Los desastres naturales son catastróficos para todos los afectados. Sin embargo, no todo el mundo los experimenta de la misma manera. Un dólar en pérdidas no significa para una persona rica lo mismo que para una persona pobre, que tal vez vive a un nivel de subsistencia o carece de los medios para reconstruir y recuperarse después de un desastre. Ya sea por una sequía o una inundación, los pobres siempre sufren más que los habitantes más ricos.

Esta desigualdad se examinó detenidamente en el informe Unbreakable: Building the Resilience of the Poor in the Face of Natural Disasters (Irrompible: Generar resiliencia en los pobres frente a los desastres naturales) del Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR). En la publicación Unbreakable se recomendaron diversas políticas para ayudar a los países a reducir la pobreza y crear resiliencia, proporcionándose un análisis de vanguardia (i) sobre cómo la gestión de riesgos de desastres y un desarrollo bien diseñado pueden aliviar la pobreza y los riesgos en 117 países. 

El “puente de plástico”: una solución de bajo costo y alto impacto para abordar el riesgo climático

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Los puentes son eslabones fundamentales en las redes de transporte. Ellos están expuestos a todos los efectos de las inundaciones y los deslizamientos de tierra por el hecho de encontrarse ubicados sobre las vías navegables, y suelen ser la primera obra de infraestructura que resulta dañada durante un desastre. La reparación de los puentes puede tardar semanas o meses. Las interrupciones en la conectividad, además de causar daños cuantiosos a la infraestructura, tienen un efecto mucho más amplio sobre la productividad económica y la capacidad de las personas para acceder a los servicios esenciales. Dado que se espera que muchos lugares sean afectados por lluvias más intensas y frecuentes debido al cambio climático, los puentes estarán en mayor riesgo: las precipitaciones más abundantes aumentarán los caudales de los ríos y los daños a los puentes, en particular aquellos diseñados para soportar tormentas menos intensas.

En cada extremo de los puentes hay una estructura que soporta el peso del tablero. Esta se conoce como contrafuerte (o estribo o muro de contención), y habitualmente es la primera parte del puente que falla. Los escombros pueden bloquear el canal principal y hacer que el agua se deslice por los costados de los puentes, es decir las zonas de menor resistencia, y por consiguiente poner en riesgo los contrafuertes.

En la construcción convencional de puentes se instalan pilotes para cimentar los estribos, y esto es un proceso largo y costoso que implica materiales, habilidades y equipos especializados.

Pero hay otra solución prometedora: los estribos de suelo reforzado con geosintéticos. Esta tecnología agiliza la construcción de los puentes, aumenta la resiliencia de los mismos, permite el uso de materiales disponibles localmente y no requiere el empleo de equipamiento especializado. Con este método, es posible construir puentes en solo cinco días (Von Handorf, 2013) (i) y a un costo entre 30 % y 50 % menor que los métodos de construcción convencionales (Tonkin y Taylor, 2016).

Los muros de contención de suelo reforzado con geosintéticos incluyen mallas geotécnicas, una malla de alta densidad hecha de polietileno (plástico). Las capas de tierra y las geomallas se combinan para crear una base sólida para el tablero del puente. La construcción se puede completar con maquinarias básicas para remover tierra y compactadoras, y se pueden usar diversos materiales de relleno de origen local siguiendo las directrices de especialistas geotécnicos.

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