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La siguiente fase de la acción forestal

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© Andrea Borgarello/Banco Mundial
© Andrea Borgarello/World Bank

El año pasado, más de 100 países incorporaron medidas relacionadas con el cambio del uso del suelo y los bosques en sus contribuciones determinadas a nivel nacional para combatir el cambio climático.
En el Banco Mundial, estamos entusiasmados de participar en la siguiente fase de las medidas que se adopten en el sector forestal. En abril de 2016, dimos a conocer tanto un Plan de Acción Forestal como un Plan de Acción sobre el Cambio Climático que tienen un enfoque más holístico y ambicioso acerca de los bosques. Propusimos poner énfasis en inversiones dirigidas a la gestión forestal sostenible y la restauración de los bosques para aumentar las oportunidades económicas de la personas que viven en las zonas forestales y cerca de ellas, y también para ayudar a los países a planificar sus inversiones, en sectores como la agricultura, la energía y el transporte, de una manera más meditada e inteligente en relación con los bosques con el fin de maximizar los beneficios de sus activos forestales.

En los bosques, un cambio de actitud en favor de los pueblos indígenas

Myrna Kay Cunningham Kain's picture
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Girl. Panama. Gerardo Pesantez-World Bank

En el 2015, más de 500 millones de hectáreas de bosque estaban bajo posesión de pueblos indígenas. A pesar de que en las últimas décadas el área boscosa designada para y en posesión de pueblos indígenas ha crecido, los gobiernos aún tienen 60% de estas áreas bajo su administración y las corporaciones y agentes privados tienen el 9%. La presión de los pueblos indígenas en las últimas décadas ha permitido aumentar en un 50% el área boscosa reconocida como propiedad y designada para las comunidades indígenas. Latinoamérica y el Caribe, donde los pueblos indígenas controlan el 40% de los bosques, es la región con mayores avances. Otras regiones del mundo también muestran tendencias similares.  

Para los pueblos indígenas que han vivido siempre en el bosque, este representa su espacio de reproducción cultural, producción de alimentos y seguridad espiritual. Para los gobiernos y  empresas, el bosque contiene activos importantes para la producción de alimentos, desarrollo económico, seguridad, mitigación ante cambio climático, secuestro de carbono, agua, minerales, y extracción de gas. A estas percepciones divergentes sobre propiedad y uso del bosque se ha sumado en las últimas  décadas la multiplicación de conflictos sobre el control del territorio y los recursos del bosque. Con la creciente demanda internacional de bienes primarios (minerales, hidrocarburos, soja y otros productos básicos agrícolas) hay un mayor dinamismo económico a partir de su explotación. Sin embargo, esto ha sido a costa de graves impactos ambientales, reclasificaciones espaciales y afectaciones de derechos, intereses, territorios y recursos de los pueblos indígenas (CEPAL 2014).  

En ese contexto, ¿Qué está contribuyendo al cambio de actitud, a nivel de país y también global, que nos permite concluir que ha comenzado a revertirse la situación?

Desarrollar paisajes forestales con capacidad de adaptación al cambio climático

Paula Caballero's picture
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Andrea Borgarello for World Bank/TerrAfrica

Esta semana y la próxima semana tendrá lugar en París un “partido de alto riesgo” entre la ciencia y la voluntad política.
 
La parte que corresponde a la ciencia es muy clara: se ha establecido que 2015 es el año más cálido que se haya registrado, llegando la temperatura a estar un grado por encima de los promedios preindustriales. El cambio climático ya afecta a los países. A esto se añade el fenómeno de El Niño, que causa estragos en muchas partes del mundo. Y el calor va a aumentar.
 
El análisis político es más complicado. Por un lado, si los planes nacionales -las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional (INDC, por sus siglas en inglés)-, elaborados por los países para luchar contra el cambio climático se implementaran, incluyendo las acciones condicionadas por el financiamiento disponible, esto pondría probablemente al planeta en una trayectoria de unos 2,7 °C, que sería catastrófica para los sistemas económicos, sociales y naturales de los que dependemos. Es evidente que aún queda mucho por hacer. Por otra parte, es una señal de avances que es bienvenida. El hecho de que casi todos los países del mundo (Carbon Brief contabiliza 184 compromisos climáticos hasta la fecha) (i) hayan presentado sus INDC es un logro notable que muchos habrían considerado imposible hace apenas unos años. De modo que hay progresos, pero no son suficientemente rápidos.
 
París debe ser visto como un hito importante en un arduo viaje: una plataforma para generar una espiral siempre ascendente de metas en muchos campos de medidas relativas al clima.
 
Un área que promete innumerables beneficios para las personas y el planeta es el cambio en el uso del suelo, la agricultura y la silvicultura. En conjunto, estos sectores representan un 24 % de las emisiones mundiales, pero contribuyen con un porcentaje mucho mayor de emisiones en muchos países en desarrollo. Un análisis preliminar de las INDC muestra un fuerte compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la deforestación, la degradación forestal, el cambio del uso del suelo y la agricultura. Y hay pruebas de un mayor deseo de medidas de recuperación del paisaje en muchos de esos países.

Empoderar a las nuevas generaciones para que actúen

Paula Caballero's picture
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Photo by CIAT via CIFOR FlickrCuando observo la tasa de agotamiento de los recursos, la erosión del suelo y la disminución de las poblaciones de peces —los impactos del cambio climático en casi todos los ecosistemas—, veo un mundo físico que se degrada lentamente pero de manera inexorable. Lo denomino la “realidad que se esfuma” –la nueva normalidad–, es decir fenómenos de aparición lenta que nos van llevando a la pasividad y la aceptación de un mundo menos rico y diverso.

Durante mi vida, he visto aguas que estaban repletas de peces multicolores convertirse en aguas muertas como un acuario vacío. He visto en las calles de Bogotá, mi ciudad natal, la pérdida de miles de árboles en cuestión de años.