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gases de efecto invernadero

La burbuja de carbono y los activos inmovilizados

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La burbuja de carbono y los activos inmovilizados

Al acumular una extraordinaria cantidad de energía en poco espacio, los combustibles fósiles ayudaron a impulsar el desarrollo humano a niveles inimaginables antes de la Revolución Industrial, desde sintetizar fertilizantes hasta proporcionar la energía para los vuelos espaciales. Pero junto a la energía, producen contaminantes del aire dañinos para la salud y gases de efecto invernadero (GEI).

En la actualidad, las emisiones de GEI son mayores que en cualquier momento en al menos 800 000 años, (i) y siguen en aumento, provocando cambios en el clima que amenazan con echar por tierra décadas de avances en materia de desarrollo. La alteración de los medios de subsistencia, la pérdida de la seguridad alimentaria y de ecosistemas marinos y costeros, la falla de la infraestructura y las amenazas a la seguridad mundial son solo algunos de los riesgos identificados en los últimos informes científicos. (i)

En ausencia de una tecnología que elimine permanentemente los GEI y que permita restaurar la concentración en la atmósfera a niveles seguros, solo queda una solución realista: limitar las emisiones adicionales. Se estima que, para evitar los efectos más negativos del cambio climático, en las próximas décadas podremos emitir como máximo una cantidad igual a un 20 % del total de las reservas comprobadas de combustibles fósiles.