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Consejo de Seguridad de la ONU analiza fragilidad y recursos naturales

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Imagine que es dirigente de un país africano y todo su presupuesto gubernamental anual es de US$1.200 millones.

Ese mismo año, un inversionista vende el 51% de su participación en una enorme mina de mineral de hierro de su país por US$2.500 millones, que equivalen a más del doble de su presupuesto anual.

E imagine haber ordenado una revisión de las licencias mineras otorgadas por los Gobiernos anteriores y enterarse que el inversor que realizó la transacción por US$2.500 millones había obtenido gratuitamente una licencia de explotación minera en su país.

Es lo que sucedió en Guinea. Es la historia que el presidente de Guinea, Alpha Condé, contó en la conferencia del Grupo de los Ocho (G-8) sobre comercio, transparencia e impuestos, que se realizó en Londres. Y es una historia que me pareció conveniente compartir la semana pasada en la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) sobre Estados frágiles y recursos naturales.

En términos estrictos de dólares, resulta claro que los recursos naturales tienen el potencial para financiar el desarrollo transformador en los Estados frágiles. Si se gestionan adecuadamente, los países pueden usar estos recursos para ayudar a romper el círculo de violencia y fragilidad. El éxito significa potencialmente estabilidad, desarrollo y fin de la dependencia de la ayuda.

Retraso del crecimiento: El rostro de la pobreza

Sri Mulyani Indrawati's picture

A nivel mundial, 165 millones de niños menores de 5 años sufren de malnutrición crónica, también conocida como retraso del crecimiento, o baja estatura en relación con la edad. Gran parte de este daño ocurre durante el embarazo y los dos primeros años de vida. Esto significa que el niño no se ha desarrollado por completo y la situación es esencialmente irreversible: tendrá pocas esperanzas de alcanzar todo su potencial.

La evidencia nos dice que la malnutrición cuesta vidas, perpetúa la pobreza y frena el crecimiento económico. Ahora sabemos que casi la mitad de todas las muertes infantiles a nivel mundial se atribuye a la falta de una buena nutrición. He visto en mi propio país, Indonesia, cómo el retraso del crecimiento causado por este problema ha minado el futuro de muchos niños aún antes de su inicio. Los menores desnutridos son más propensos a tener un mal desempeño escolar  y abandonar la escuela que sus compañeros mejor alimentados, lo que limita sus ingresos en su vida adulta. Los datos de Guatemala muestran que los niños que tenían una buena nutrición antes de los 3 años están ganando casi un 50% más como adultos, y las niñas tuvieron una mayor probabilidad de tener una fuente independiente de ingresos y menos probabilidades de vivir en hogares pobres.