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En la crisis, las alianzas mundiales resisten el paso del tiempo

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© World Bank

Recientemente, Naciones Unidas declaró la hambruna en ciertas zonas de Sudán del Sur (la primera en el mundo desde 2011) y generó alarma mundial: al menos 100 000 personas están en riesgo inmediato de padecer inanición.

Como complemento de esta noticia inquietante, Naciones Unidas estima que unos 20 millones de personas se encuentran en un "punto crítico", dado que el hambre acecha no solo en Sudán del Sur sino también en Nigeria, Somalia y Yemen. Las crisis de este tipo, que afectan parte de la población más pobre y vulnerable del mundo, requieren la atención urgente de los organismos internacionales de desarrollo y de sus asociados con el fin de satisfacer las necesidades de desarrollo de corto y largo plazo.

Bill Gates se refiere a los “factores de cambio” en la movilización de financiamiento para el desarrollo

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World Bank Group President Jim Yong Kim, Bill & Melinda Gates Foundation Co-Chair Bill Gates, and UK Secretary of State for International Development Justine Greening. © Simone McCourtie/World Bank

¿Qué podría constituir un factor de cambio para lograr algunos de los objetivos más difíciles en el mundo, como poner fin a la pobreza y el hambre, y garantizar que todos los niños reciban una educación de buena calidad?

El multimillonario y filántropo Bill Gates (i) visitó el Grupo Banco Mundial, con ocasión de las Reuniones de Primavera, para responder esa pregunta, durante un diálogo que promovió la reflexión sobre cómo usar el financiamiento para el desarrollo para lograr un mayor impacto.

De la crisis a la resiliencia: Ayudar a los países a encarrilarse

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Hace apenas dos semanas, los ciudadanos de Sierra Leona celebraron en su país el fin de la transmisión del ébola (i) con aclamaciones y bailes en las calles de Freetown. Es un hito digno de celebración en un país que sufrió cerca de 4000 muertes por el virus mortífero.
 
Noticias como esta de Guinea, Liberia, y Sierra Leona (i) son un recordatorio de cuán importante es no bajar la guardia frente a brotes futuros y seguir apoyando a los países mientras sus economías se recuperan. Tomemos el caso de Bindeh Kamara, de Sierra Leona, una joven de 22 años, madre de cuatro hijos que perdió a su marido a causa del ébola. Sin su ingreso, Bindeh tuvo que esforzarse para pagar la comida, la ropa, y la matrícula escolar de sus hijos.

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