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El clima y el riesgo de desastres en el transporte: ¿No hay datos? ¡No hay problema!

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                      Foto: Beccacantpark/Flickr

Los profesionales del desarrollo se quejan a menudo de la ausencia de datos de buena calidad en zonas propensas a desastres, lo que limita su capacidad de dar forma a los proyectos mediante modelos cuantitativos y análisis detallados.
 
No obstante, los avances tecnológicos están creando rápidamente nuevos métodos para que los Gobiernos y los organismos de desarrollo superen la escasez de datos. En Belice, el Grupo Banco Mundial se asoció con el Gobierno para desarrollar un enfoque innovador y dar forma a las inversiones en carreteras con capacidad de adaptación al cambio climático mediante la combinación de creatividad, experiencia sobre el terreno y recopilación de datos estratégicos.

En Belice, su infraestructura subdesarrollada, particularmente en el sector del transporte, es una limitación clave para la mitigación del riesgo de desastres y el crecimiento económico. La red vial es particularmente vulnerable debido a la falta de redundancia y a la exposición a peligros naturales (principalmente inundaciones). En ausencia de rutas alternativas, cualquier cierre de caminos relacionado con fenómenos meteorológicos puede cortar el acceso y perturbar gravemente el movimiento económico y social.

El agua y la guerra: la dinámica turbulenta entre el agua y la fragilidad, los conflictos y la violencia

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Vea la infografía completa aquí. (i)

En los últimos dos años ha llovido muy poco en Somalia. Las consecuencias son trágicas y bien conocidas: pozos secos; ganado muerto; malas cosechas; migración; gran cantidad de personas que necesitan con urgencia asistencia humanitaria. La situación se repite en Yemen, Sudán, Kenya, Etiopía y Nigeria. Sin embargo, la falta de lluvias no es el único problema hídrico que causa estragos. Las inundaciones, las enfermedades transmitidas por el agua y los conflictos transfronterizos por los recursos hídricos pueden causar gran sufrimiento humano y perturbaciones en los sistemas políticos, económicos y ambientales.

Al tiempo que movilizamos rápidamente recursos para enfrentar el hambre, también debemos preguntarnos por qué la crisis hídrica se sigue produciendo. El agua siempre ha sido una fuente de riesgos. Siempre se han producido sequías e inundaciones, y con el cambio climático podemos esperar que estas sean más frecuentes y más graves. Pero las crisis de la magnitud que vemos hoy en los países afectados por la sequía no surgen solo de estos acontecimientos naturales: son producto de nuestro fracaso en la gestión de estos riesgos de larga data. Cuando las instituciones no se preparan, no pronostican o no responden a los riesgos relacionados con el agua, un pozo seco, un brote de cólera o una inundación pueden tener consecuencias mucho mayores en términos humanos, políticos y económicos.