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maximizar el financiamiento para el desarrollo

Maximizar el financiamiento para el desarrollo: un enfoque que funciona

Hartwig Schafer's picture
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People in Saint-Louis, Senegal. © Ibrahima BA Sané/World Bank
Un grupo de mujeres y niños en Saint-Louis, Senegal. © Ibrahima BA Sané/Banco Mundial.

Se necesita una inversión enorme para alcanzar el ambicioso objetivo de poner fin a la pobreza extrema en 2030 e impulsar la prosperidad compartida. Según algunos cálculos, lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tendría un costo de USD 4,5 billones anuales, y obviamente esto no lo podremos hacer solo con financiamiento público. Para ser más claro: los países podrán alcanzar los ODS y mejorar las vidas de sus ciudadanos si recaudan más ingresos internos y atraen más financiamiento privado y soluciones privadas que complementen y movilicen fondos públicos y asistencia oficial para el desarrollo. Este enfoque se denomina “maximizar el financiamiento para el desarrollo”.
 
Recientemente, miembros de equipos de proyectos presentaron cinco casos que respaldan dicho enfoque, compartiendo experiencias de la vida real y datos sobre el impacto en el desarrollo. Estos casos provienen de todo el mundo, desde Colombia a África occidental y las Islas Salomón, y me llenan de optimismo. Me gustaría compartir dos de esos ejemplos que realmente tuvieron resonancia.

Colombia: las carreteras más transitadas

Philippe Neves's picture
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A principios de la década de 1990, la infraestructura vial de Colombia era un laberinto de caminos mal mantenidos y malas carreteras. Una geografía difícil —la jungla de la costa del Pacífico y los Andes que se bifurcan en tres cadenas— impedía mejorar las condiciones de los caminos y conectar a las comunidades aisladas. Los conflictos, la corrupción y las prioridades políticas a corto plazo se sumaban a los problemas del sistema vial colombiano. Y las dificultades con los contratos de concesión influían en la misma medida, ya que existían incentivos equivocados, se creaban oportunidades para renegociar los contratos ya firmados y se asignaba un riesgo de demanda desproporcionado al Gobierno de Colombia.

En un país tan grande como los territorios de Francia y España juntos, las zonas altamente montañosas hacían que la mayoría de las carreteras tuvieran muchas curvas y algunas se redujeran a un solo carril. Otro problema era el diseño de las rutas y la calidad de los materiales de construcción y del mantenimiento, causando que numerosas carreteras fueran inseguras y vulnerables a las fuertes lluvias anuales. Algunos informes sostenían que la mala calidad de las carreteras y caminos de Colombia encarecía el transporte de artículos desde un puerto colombiano a una ciudad del interior, y que por el contrario resultaba más barato enviar un contenedor a Asia.

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