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Realidad virtual

Para cerrar el ‘círculo’ de la historia, un proyecto de realidad virtual regresa a su lugar de origen

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Rupeni Vatugata, de 75 años, con su esposa Losena miran su relato incluido en el filme producido en realidad virtual. (Tom Perry/Banco Mundial)
Rupeni Vatugata, de 75 años, con su esposa Losena miran su relato incluido en el filme producido en realidad virtual. (Tom Perry/Banco Mundial)

Si tuviera que describir en esencia lo que hago, diría que narro historias sobre proyectos de asistencia que se llevan a cabo en la región del Pacífico.

Sin embargo, cuando pienso más detenidamente, veo que mi trabajo consiste más en generar empatía. Busco historias con las que las personas se sientan identificadas, y trato de transmitirlas lo mejor que puedo para provocar compasión, comprensión y, en última instancia, motivar a las personas a actuar de alguna manera.

Pero en esa afirmación falta algo. Mientras las personas cuentan sus historias, estamos —en gran parte inconscientemente— demasiado concentrados en la audiencia final, es decir las personas que verán, leerán o procesarán la información que relatamos.

Puesto de otra manera: en esa afirmación, ¿dónde se ubica la persona cuya historia tengo el privilegio de contar? Una vez que el último fotograma se filma, y el último audio se graba, transcribe y edita, ¿qué pasa con la persona que compartió su vida y nos contó su historia?

Sensibilizar acerca de los desafíos del desarrollo mediante la realidad virtual

Bassam Sebti's picture
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Cuatro niños y sus padres están alrededor de una bandeja de metal redonda. En ella, hay platos llenos de fideos instantáneos, humus, lebne [yogur colado], aceitunas y berenjenas en escabeche. Miro a la izquierda y hay una tetera de plata. Miro a la derecha y veo una bolsa plástica con pan pita.
 
La bandeja está sobre un piso de cemento sin terminar y cubierto con un montón de frazadas de invierno. Las paredes de ladrillos están tapadas parcialmente con sábanas, mientras que piezas de ropa de invierno cuelgan en una cañería de agua.
 
Levanto mi cabeza y veo un foco que pende de un cielo raso de cemento inacabado. Cuando miro hacia abajo, veo a una bebé pequeña que se me acerca para tratar de tocar mis ojos, hasta que me doy cuenta que no estoy realmente ahí y que ella solo está tratando de palpar la cámara de 360 grados.
 

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