Syndicate content

Redes de protección social

Por qué las redes de protección social son buenas inversiones

Jim Yong Kim's picture
Esta página en: العربية
A child beneficiary of the Productive Safety Nets Program (PSNP) in Sire District, Arsi, Ethiopia. © Binyam Teshome / World Bank


​Uno de los desafíos del desarrollo más difíciles que enfrentamos es cómo romper el ciclo de la pobreza. En particular, ¿cómo pueden los niños de las familias más pobres crecer para llevar vidas mejores que las de sus padres? Es una pregunta que todos los países quisieran contestar. Una de las mejores soluciones que tenemos nació en un país en desarrollo y ha sido replicada en todo el mundo.

Estoy hablando del programa de la red de protección social Oportunidades, de México. Fundado en 2002, Oportunidades fue uno de los primeros programas del mundo que vinculó el apoyo a los ingresos de las familias pobres con la asistencia a la escuela, las revisiones médicas y la nutrición de los niños. Poco más de una década después, Oportunidades ha conseguido mejorar las vidas de millones de las personas más pobres de México.

Camiones de bomberos, tuberías subterráneas, escaleras de superficie... y el futuro de las redes de protección social

Arup Banerji's picture

De niño amaba los camiones de bomberos. 

En esto no era diferente, por supuesto, a otros millones de jóvenes de todo el mundo. Me encantaban las máquinas de color rojo brillante de mi juventud en Calcuta, que irrumpían en la escena de un incendio con el tañido de las lustrosas campanas, los bomberos desenrollando rápidamente las largas mangueras, conectándolas a la toma de agua a la orilla del camino, y luego rociando el incendio con grandes chorros de agua refrigerante.

¿Qué tiene esto que ver con las redes de protección social? 

Un mundo sin redes de protección social

Ruslan Yemtsov's picture

Los recientes acontecimientos han recordado a los políticos la fragilidad de los medios de subsistencia de muchas personas en este planeta. Con cada nueva crisis –el drástico aumento del precio de los alimentos y el combustible en 2008 y nuevamente en 2011, la implosión financiera y la contracción económica mundial de 2009, el terremoto de Haití y las inundaciones de Pakistán en 2010, y la sequía que comenzó en 2011 en el Cuerno de África,– las exigencias para que las autoridades respondan a las mismas se vuelven rápidas y furibundas.