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Sustainable Communities

Artistas desentrañan historias sobre el desplazamiento en exposición realizada en el Banco Mundial

Juliana J Biondo's picture
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Installation shot of Unpacked, a mixed media sculpture by Mohammad Hafez and Ahmed Badr. © Bassam Sebti/World Bank
Fotografía de la obra Unpacked, una escultura de técnica mixta de Mohammad Hafez y Ahmed Badr. © Bassam Sebti/Banco Mundial

El Grupo Banco Mundial aumenta el apoyo (i) a los refugiados, los desplazados y las comunidades que los acogen, y en este contexto el Programa de Arte del Banco Mundial organizó la exposición de arte multidimensional titulada Uprooted: The Resilience of Refugees, Displaced People and Host Communities (Desarraigados: La resiliencia de los refugiados, los desplazados y las comunidades de acogida) para aportar una perspectiva única. En esta exhibición se presentaron obras de artistas afectados por la crisis de refugiados, o de artistas que han sido refugiados.

Artist Marina Jaber from Iraq. © Bassam Sebti/World Bank
Artist Marina Jaber from Iraq. 

En la exposición Uprooted, que incluyó obras de arte visual (i) y actuaciones musicales, (i) participaron más de 30 artistas de Bangladesh, Pakistán, Colombia, Líbano, Iraq, Siria, Jordania, la República Centroafricana, Burundi y Guinea. Las obras de los artistas cuestionaron el impacto de la transitoriedad en las vidas de las personas y en las comunidades.

Una piedra angular de la exposición fue la construcción de una caseta para evocar los albergues que se encuentran en lugares como el campamento de refugiados de Azraq en Jordania. Todos los costados de la caseta fueron adornados con murales pintados por los siguientes artistas: Suhaib Attar de Jordania e hijo de padres refugiados palestinos; Marina Jaber de Iraq, un país con millones de desplazados internos; Diala Brisly, una refugiada de Siria, y Didier Kassai de la República Centroafricana, un país en el cual la violencia y la guerra han obligado a cientos de miles de personas a desplazarse.

Tres razones por las que todos debemos preocuparnos por los pueblos indígenas

Ede Ijjasz-Vasquez's picture
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Hoy, 9 de agosto, es el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. En todo el mundo, hay alrededor de 370 millones de pueblos indígenas y minorías étnicas que viven en más de 90 países.

No importa dónde vivamos o quiénes somos, todos debemos preocuparnos por los pueblos indígenas. ¿Por qué?



En primer lugar, es más probable que los pueblos indígenas y las minorías étnicas sean pobres.

Si bien los pueblos indígenas conforman solo el 5 % de la población mundial, representan alrededor del 15 % de los pobres extremos del mundo. Están sobrerrepresentados.

Y si uno pertenece a una familia indígena en América Latina, entonces tiene tres veces más probabilidades de ser pobre que alguien de una familia no indígena de la misma región.

El turismo sostenible puede impulsar la economía azul: invertir en la salud de los mares es sinónimo de generar riqueza oceánica

Rob Brumbaugh's picture
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© The Nature Conservancy

El turismo, una de las mayores industrias del mundo, contribuye con billones de dólares a la economía mundial y apoya los medios de subsistencia de aproximadamente 1 de cada 10 personas en todo el planeta. En muchos países, tanto con economías desarrolladas como con economías en desarrollo, se considera al turismo un motor de crecimiento económico y un medio para aumentar el patrimonio de las personas y las comunidades, que de otra manera tendrían dificultades para crecer y prosperar.
                                                    
Gran parte del sector del turismo depende del mundo natural, de los hermosos paisajes terrestres y marinos que visitan los turistas en busca de tranquilidad, descanso y una conexión directa con la naturaleza. El turismo costero y marino representa una proporción considerable de la industria turística y es un componente importante de la creciente y sostenible economía azul, que contribuye con más de 6,5 millones de empleos, ocupando el segundo lugar después de la pesca industrial. Se proyectan tasas de crecimiento mundial de más de 3,5 % y se calcula que para 2030 el turismo costero y marino constituirá el mayor segmento de valor agregado de la economía oceánica con un 26 %.

Corredores de coexistencia para reducir los conflictos entre los seres humanos y los animales silvestres

Claudia Sobrevila's picture
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© Assam Haathi Project
© Assam Haathi Project 

En condiciones extremas, un ser humano puede sobrevivir tres minutos sin aire, tres días sin agua y tres semanas sin alimento. Para apoyar a una población mundial de 7500 millones de personas, se necesitan más recursos naturales esenciales lo que está causando deforestación, degradación y fragmentación de los hábitats, pastoreo excesivo y sobreexplotación.
 
En el intento por sobrevivir y prosperar, los seres humanos ya usamos el 38 % de la tierra del mundo para actividades agrícolas; además, hemos deforestado la tierra debido a la industria, la minería y la infraestructura, dejando como zonas protegidas menos del 15 % de la superficie terrestre mundial (i) para fines de conservación de la biodiversidad. Si hay tanta presión de los seres humanos en las zonas protegidas, ¿dónde pueden buscar agua y comida las poblaciones restantes de elefantes, grandes felinos y otras especies silvestres? (Comprensiblemente), una cosecha de maíz, un arrozal desprotegido o una vaca bien alimentada parecen irresistibles. Esta lucha por los recursos naturales —especialmente la tierra y el agua— es la raíz de los conflictos entre los seres humanos y la fauna silvestre.

Promover la participación de los ciudadanos para lograr mejores resultados de desarrollo

Sheila Jagannathan's picture
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El Campus Abierto para el Aprendizaje (OLC) (i) del Grupo Banco Mundial ofrecerá por tercera vez, entre el 15 de marzo y el 26 de abril, el curso titulado Citizen Engagement: A Game Changer for Development? (Participación ciudadana: ¿un factor de cambio para el desarrollo?). (i) Este curso en línea masivo y abierto estará disponible a través de la plataforma edX, y durante las sesiones expertos de todo el mundo analizarán de forma crítica cómo se puede aprovechar más eficientemente la participación ciudadana para obtener resultados en materia de desarrollo.

Postales de Quito sobre la Nueva Agenda Urbana

Sameh Wahba's picture

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 World Bank

Más de un mes ha pasado desde el torbellino que fue Hábitat III, la cumbre de las Naciones Unidas sobre las ciudades y el desarrollo urbano que se realiza una vez cada 20 años. La conferencia, en la que se trataron temas como los grandes datos, el cambio climático, los espacios públicos y las finanzas municipales, realmente parecía tener algo para cada uno. Había largas colas para entrar a la conferencia, y lo que llamó la atención fue también el gran número de jóvenes participantes en el evento, muchos de los cuales eran estudiantes, planificadores y arquitectos de Quito.

Por qué poner fin a la violencia es un imperativo del desarrollo

Ede Ijjasz-Vasquez's picture
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Cada año, alrededor de medio millón de personas son víctimas de homicidios intencionales. Esto significa que se pierde una vida cada minuto debido a la violencia en todo el mundo.
América Latina y el Caribe es una de las regiones más afectadas por la violencia crónica. Hoy, en la región se registra una tasa promedio de 24 homicidios por cada 100 000 habitantes, es decir más del doble del umbral de violencia endémica que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si la violencia es una epidemia, los jóvenes constituyen, por una gran diferencia, el grupo más grande en situación de riesgo. En América Latina, el índice de homicidios de hombres de entre 15 y 24 años de edad llega a ser de 92 por cada 100 000 habitantes, casi cuatro veces el promedio regional. Los jóvenes de entre 25 y 29 años, predominantemente varones, son también los autores principales de delitos y actos de violencia, según un próximo informe del Banco Mundial.

La violencia endémica se traduce también en menos productividad, peores resultados en materia de salud y elevados costos de seguridad. Los costos acumulados de la violencia son enormes (representan hasta el 10 % del PIB en algunos países), y tienen consecuencias negativas a largo plazo en materia de desarrollo humano, social, económico y sostenible.

Poner fin a la violencia no solo es un deber en los ámbitos del derecho y la justicia, sino también un imperativo del desarrollo.

La buena noticia es que la violencia se puede prevenir. Por ejemplo, ciudades como Medellín en Colombia y Diadema en Brasil lograron reducir considerablemente la tasa de homicidios en las últimas décadas, gracias a soluciones ajustadas a sus situaciones específicas y respaldadas por análisis de datos sólidos y un enfoque que incluye a “toda la sociedad”.

En este video, analizaremos por qué la violencia es una cuestión de desarrollo importante; cómo los países y las ciudades pueden combatir eficazmente la violencia y el delito, y qué iniciativas están llevando a cabo el Banco Mundial y sus asociados a fin de garantizar condiciones de seguridad y oportunidades para todos, en especial los jóvenes y las personas pobres que viven en zonas urbanas.


Enlaces relacionados:
Artículo: Violencia urbana: un problema con proporciones de epidemia
Artículo: La violencia en América Latina: ¿una epidemia peor que el ébola o el sida?
Blog: Obstáculos para el desarrollo: ¿qué datos sobre la fragilidad, los conflictos y la violencia están disponibles?


 

Por qué la inclusión es algo bueno y acertado desde los puntos de vista moral y económico, respectivamente

Sri Mulyani Indrawati's picture
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A slum, known as a 'favela,' rises on the outskirts of Salvador de Bahia, Brazil. © Scott Wallace/World Bank


​​Cuando enseñaba en la Universidad de Indonesia, mi país era el modelo de desarrollo económico. Indonesia experimentaba un crecimiento sólido, del 9 % en la década de 1990. La pobreza se estaba reduciendo. Empero, en Indonesia se habían generalizado la corrupción, el amiguismo, el nepotismo y el miedo bajo el gobierno autoritario del presidente Suharto. En el Parlamento no había un sistema de frenos y contrapesos. No existía rendición de cuentas ni transparencia. El control de la economía estaba en manos de unas pocas familias poderosas. La crisis financiera de 1998 desencadenó protestas estudiantiles en toda la nación, el denominado movimiento "reformasi". Me uní a los estudiantes que reclamaban el cambio. Protestamos hasta que Suharto renunció.

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