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Transparency

Recorrer el último tramo: Cómo resolver los problemas más difíciles con el Gobierno y la sociedad civil

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© Courtesy CARE Bangladesh.Siempre me ha intrigado el desafío de encontrar nuevas soluciones para los problemas cotidianos, algo así como los rompecabezas en tres dimensiones para adultos. Hay problemas que parecen simples si se los mira desde afuera, pero son realmente difíciles de resolver cuando uno se centra en ellos, tal como pasa con los retos en materia de desarrollo que enfrentan los países. Ya existe una amplia gama de soluciones técnicas sólidas y probadas para el acceso a servicios básicos como la educación o la salud, la construcción de la infraestructura necesaria para conectar a los productores con los mercados, o el suministro de agua potable para todos. Sin embargo, millones de niños siguen recibiendo una educación de mala calidad, las madres continúan muriendo al dar a luz, y las familias pobres pasan una buena parte de su día caminando solo para conseguir agua potable.

¿Por qué es tan complicado conseguir soluciones para quienes más las necesitan? Muchas veces, la respuesta casi automática es que aunque existe el conocimiento, los países carecen de los recursos necesarios para abordar estos problemas. Pero muy rápidamente se aporta más dinero sin cambiar las cuestiones fundamentales, con lo que se obtiene poco éxito en el mejor de los casos. En otras ocasiones, se gastan millones de dólares en la creación de capacidad y el intercambio de conocimientos, pero es arduo obtener resultados porque falta apoyo institucional para las soluciones.

Consejo de Seguridad de la ONU analiza fragilidad y recursos naturales

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Imagine que es dirigente de un país africano y todo su presupuesto gubernamental anual es de US$1.200 millones.

Ese mismo año, un inversionista vende el 51% de su participación en una enorme mina de mineral de hierro de su país por US$2.500 millones, que equivalen a más del doble de su presupuesto anual.

E imagine haber ordenado una revisión de las licencias mineras otorgadas por los Gobiernos anteriores y enterarse que el inversor que realizó la transacción por US$2.500 millones había obtenido gratuitamente una licencia de explotación minera en su país.

Es lo que sucedió en Guinea. Es la historia que el presidente de Guinea, Alpha Condé, contó en la conferencia del Grupo de los Ocho (G-8) sobre comercio, transparencia e impuestos, que se realizó en Londres. Y es una historia que me pareció conveniente compartir la semana pasada en la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) sobre Estados frágiles y recursos naturales.

En términos estrictos de dólares, resulta claro que los recursos naturales tienen el potencial para financiar el desarrollo transformador en los Estados frágiles. Si se gestionan adecuadamente, los países pueden usar estos recursos para ayudar a romper el círculo de violencia y fragilidad. El éxito significa potencialmente estabilidad, desarrollo y fin de la dependencia de la ayuda.