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ENVIADO POR Rafael Barrio Lapuente EL
Bajo mi punto de vista, tanto los estereotipos como los sesgos sexistas que vamos encontrando a nuestro alrededor se ajustan, principalmente, a tres criterios: el análisis de los hechos desde una perspectiva masculina, la existencia de características personales (carácter, temperamento..) y conductuales (adecuadas o inadecuadas) como base ARGUMENTAL de la diferenciación sexual. La manera humana de pensar es hablando, con los demás o con uno mismo, el lenguaje encierra en sí mismo el tratamiento ideológico que tenemos de la realidad ya sea por tradición o por convicción. Si existe un lenguaje machista, aunque en reflexiones especulativas intente uno escaparse diciendo por ejemplo “el ser humano” -aunque siga siendo inútil pues está en masculino - és porque el pensamiento, tal y como he podido ir ratificando en algunas de las revistas dirigidas al público femenino, tiene una visión androcéntrica de la sociedad independientemente de que esta sea pensada por una mujer o un hombre. Todo ello conlleva a la mujer a formular y utilizar estrategias para intentar sobrevivir en un mundo pensado para y por hombres. Desde que por motivos de conservación de la especie la mujer había tenido que parir el máximo número de hijos hasta que la revolución sexual, consciente del exceso de nacimientos, tomó las precauciones oportunas para intentar, en lo posible, tener sólo los deseados, la mujer ha debido adaptarse e integrase en un mundo donde los roles y la personalidad son pensados en modo masculino. Es preocupante observar que el ser sigue siendo diferenciaciado en esencia de género. Por ejemplo la ternura, la solidaridad y la frivolidad continúan ligados a la personalidad femenina. Siguiendo en la misma línea, me pregunto si, el hecho de la diferenciación depende únicamente de la orientación recibida en la escuela, en la familia y en la sociedad, o por el contrario, existen unas características de personalidad ligadas al género. Bajo mi punto de vista todo el hecho diferencial está, en función del entorno donde vivimos y crecemos y, por tanto, no comparto los complejos ortodoxamente freudianos del falocentrismo y la envidia del pene femenina como interpretación psicológica de la diferenciación emocional de mujeres y varones aunque así haya sido difundido por toda una corriente de pensamiento en nuestro siglo. Si los valores femeninos y masculinos son diferentes en la actualidad no son fruto de la diferencia sexual sino de la cultura. Por lo menos a lo que a mi respecta, tanto mujeres como hombres valoramos al otro por nuestras semejanzas no por nuestras diferencias en aficiones, valores, comportamientos, actitudes, etc., porque aunque la cultura trate de diferenciarnos, mujeres y hombres tenemos características comunes que nos unen como individuos y nos emparejamos, salvo intereses concretos de prestigio social y/o descendencia, por hechos puramente biológicos de atracción física complementados por intereses culturales comunes y no por la atracción de los contrarios o por la búsqueda del complementario. Cuando la unión no viene determinada por dichos criterios aparecen: la guerra de los sexos, el mundo de la mujer, la institución social del matrimonio con su tradicional reparto de roles femeninos y masculinos. Si en el futuro el mercado no nos traiciona, la igualdad será un hecho, y no me refiero únicamente a la igualdad de tareas y responsabilidades, porque la diferenciación que pregonan y defienden los medios publicitarios son fruto de unos intereses encuadrados en un mercado donde es necesaria la diferenciación con objetivos de segmentación de mercado para obtener un mayor numero de consumidoras y consumidores. Pensemos sino por qué existe un eliminador de canas, un anticaída capilar femenino y otro masculino. Creo firmemente que el vehículo de concienciación sigue siendo la educación escolar. Y por lo que a mi respecta, desde un punto de vista masculino, las revista estudiadas, los anuncios para el hogar y la belleza como principal preocupación de la mujer quedan para aquellos que necesitan difundir entre sus iguales las diferencias con el otro sexo tanto de tipo cognitivas como emocionales argumentando, quizás inconscientemente, la necesidad de polarizar las diferencias al no poder seguirse explicando el sexismo por razones productivas ni reproductivas fundadas en diferencias fisiológicas . Las últimas especulaciones apuntan a la supuestamente (diferente) domináncia hemisférica (varones hemisferio derecho, mujeres hemisferio izquierdo) como último intento de conservar la diferenciación. “A un hombre nunca se le ocurriría escribir un libro sobre la situación peculiar del macho humano. Pero si yo quiero definirme, tengo que empezar por decir: ´Soy una mujer’, y sobre esa verdad debe basarse todo lo demás. “el mundo de la mujer. RB” Un hombre nunca empieza por presentarse como individuo de un determinado sexo: es obvio que es un hombre. Los términos masculino y femenino se usan simétricamente solo por pura forma, como los documentos legales […]. “En medio de una discusión abstracta, es ofensivo oír decir a un hombre: “crees eso porque eres una mujer”, pero sé que mi única defensa es contestar: “Creo eso porque es verdad”, eliminado así la discusión mi yo subjetivo. No vendría a cuento contestar: ‘Y tú piensas lo contrario porque eres hombre, pues se supone que el hecho de ser hombre no es una peculiaridad”. ¨{Simone de Beauvoir}

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