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Datos y retroalimentación al servicio del desarrollo

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Data y desarrollo

Con solo dar un vistazo al sitio web externo se puede apreciar la intensa actividad que se desarrolla en el Banco en torno al tema del desarrollo abierto. Si a eso se suma el uso de métodos avanzados con mensajes SMS por los centros de estudios (i) , organizaciones de la sociedad civil (i) y fundaciones (i) , se puede observar rápidamente que la elaboración de mapas para mostrar resultados, el recurso a los conocimientos y experiencia colectivos de personas de todo el mundo, y la iniciativa de Datos Abiertos encierran enormes promesas para poner la tecnología al servicio de un desarrollo más eficaz. La tecnología sigue avanzando y abaratándose, y recién estamos comenzando a descubrir todo su potencial. 

La semana pasada en Irlanda, en un discurso que pronuncié en el Institute for International and European Affairs, intenté expresar en parte el entusiasmo que genera tal actividad (enlace del discurso (i)) y cómo esta refleja cambios en el equilibrio del poder económico tanto entre los Estados como en cada uno de ellos: si dos tercios del crecimiento mundial proviene de países en desarrollo, es posible que dos tercios de las ideas también procedan de esos países.

En la actualidad, el conocimiento, combinado con la tecnología, puede hacer posible la generación de ideas a través de las fronteras, los continentes y los estratos sociales. Es fácil imaginar un futuro en el que los beneficiarios apoyen la ejecución de los proyectos, es decir, participen plenamente en la preparación de los informes de supervisión y en la evaluación de los proyectos, para así hacer las modificaciones a medio camino que sean necesarias y establecer un circuito de retroalimentación que permita integrar las lecciones aprendidas en el diseño y la ejecución de los programas.

Consideremos el ejemplo de Karnataka, en India, donde el uso de sencillos aparatos portátiles y teléfonos móviles permite a los proveedores de servicios básicos registrar cada visita de los beneficiarios y recoger directamente la opinión de los ciudadanos acerca de la calidad de los servicios recibidos. Este sistema de verificación por los beneficiarios, de carácter experimental, está ayudando a impulsar el programa de salud materna respaldado por el estado. Mediante el uso de un sencillo panel que muestra una luz roja, amarilla, y verde, semejante a un semáforo, los beneficiarios informan en tiempo real a los oficiales distritales.

Si creemos que este tipo de información suministrada por los beneficiarios es importante para la eficacia del desarrollo, ¿no deberíamos ver la posibilidad de aplicar este método en mayor escala, o de ofrecer distintas modalidades, no solo para un proyecto por aquí y otro por allá, sino en toda la cartera de proyectos de salud materna? Lo mismo podría decirse de la prestación de servicios en general.

Incluso si este tipo de modelo se aplica en mayor escala, también debemos hacer mucho más con respecto a la generación de datos, a partir de la buena labor que hemos realizado a través de STATCAP (i) (el Programa de Fortalecimiento de la Capacidad Estadística), el Programa para Acelerar la Recopilación de Datos, y el Fondo Catalizador del Fondo de Estadísticas para los Resultados. Sí, es importante dar a conocer los datos. Sí, es importante encontrar soluciones para el desarrollo aprovechando los conocimientos y experiencia colectivos de personas de todo el mundo. Sí, es importante incorporar la responsabilidad social. ¿Pero acaso todavía, con demasiada frecuencia, no tomamos decisiones de política de importancia crítica sobre la base de muy poca información? Mi planteamiento no es que haya que optar por uno solo de estos elementos y descartar los demás. Pueden y deberían considerarse todos ellos, y todos pueden ayudar a reforzarse unos a otros.

La cruda realidad es que a pesar de que la recopilación de datos ha mejorado en todo el mundo, aun sabemos demasiado poco como para tener la tranquilidad de que las políticas se adoptan basándose de lo que ocurre en el terreno. En 2003 tan sólo cuatro países tenían dos puntos de datos para 16 o más de los 22 indicadores principales de los objetivos de desarrollo del milenio. En 2009, el número de países había aumentado a 118.

Los datos siguen siendo un asunto de vida y muerte. En 2009, no se dejó registro del nacimiento de 50 millones de niños. Ellos llegaron al mundo sin ninguna prueba de edad, nacionalidad ni parentesco. Ese mismo año, 40 millones de personas murieron sin que nadie se enterara, excepto sus familiares o amigos.

En Asia meridional, apenas el 1% de la población está inscrita en los registros civiles, y en África al sur del Sahara, esa proporción es de solo el 2%. Al no contar con sistemas de registro eficaces, los países deben apoyarse en encuestas infrecuentes y costosas para estimar los datos estadísticos vitales que se requieren para apoyar las funciones básicas de gobierno y planificar para el futuro. Muchos prefieren no contar con tales sistemas.

Cabe preguntarse, entonces, si el Banco no debería incorporar estos aspectos como parte central de su agenda sobre bienes públicos mundiales, de la misma manera como las opiniones y reacciones de los beneficiarios pueden ser parte fundamental de nuestra agenda relativa a los bienes locales. ¿Y acaso esto no significa lógicamente que los programas de alcance mundial y nacional deberían concentrarse en estos aspectos? Sin estos elementos, ¿no estaremos con demasiada frecuencia condenados a navegar a ciegas en busca del desarrollo? Quedan todos invitados a expresar su opinión.

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