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Por qué estoy más optimista que nunca sobre la conservación de la biodiversidad

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La biología de la conservación fue bautizada como una ciencia de problemas interdisciplinarios en 1978 durante una conferencia de la Universidad de California en San Diego. Pero el movimiento conservacionista existía al menos un siglo antes de esta conferencia, cuando se estableció el primer parque nacional en Yellowstone en 1872 y el presidente de Estados Unidos Ulysses S. Grant promulgó la ley respectiva. La disciplina académica y la práctica de la conservación han tenido dos cosas en común durante mucho tiempo: se han apegado con firmeza a su misión original de proteger la naturaleza y sus autores han sido en su mayoría estadounidenses y europeos, y de clase media.
 


Pero nada sigue igual para siempre.

En un reciente foro de alto nivel (i) sobre biodiversidad y objetivos de desarrollo sostenible, organizado por el primer ministro de Malasia, me di cuenta de que ha llegado un momento definitivo para señalar un cambio en la conservación de la biodiversidad. De hecho, se trata más bien de tres instantes que, en conjunto, apuntan a una nueva madurez en un campo que por mucho tiempo no ha sido tomado en serio y considerado como una actividad de lujo que no tiene relación con el crecimiento económico o el alivio de la pobreza.
 
En primer lugar, la ciencia y la práctica de la conservación y del uso sostenible de la biodiversidad ya no está obsesionada con el impacto que otros sectores tienen en la biodiversidad. Más bien, como una disciplina, estamos experimentando un cambio hacia una discusión sobre qué puede hacer la biodiversidad por otros sectores: cómo los bienes y servicios de la biodiversidad sostienen el rendimiento agrícola, hacen que la proteína silvestre esté disponible para las comunidades y familias que la necesitan, prolongan la vida útil de las inversiones en infraestructura y actúan como medios para atraer las inversiones públicas y privadas en la zona rural. Esto no quiere decir que el efecto no es importante. Crear economías fuertes significa que todas las formas de capital —económico, financiero, social y natural— son cuidadosamente administradas y que las inversiones en una no socavan la sostenibilidad y el crecimiento en otra. Pero a través de mecanismos, tales como la Alianza Mundial para la Valoración de los Servicios de los Ecosistemas y el Cálculo de la Riqueza (WAVES, por sus siglas en inglés), (i) la comunidad de la biodiversidad ha encontrado una instancia en la cual debatir cómo la naturaleza, la capacidad natural y la biodiversidad pueden impulsar economías fuertes y sostener comunidades saludables.
 
WAVES es una asociación global que promueve el desarrollo sostenible asegurándose que los recursos naturales sean incorporados en la planificación del desarrollo y en las cuentas económicas nacionales. Es la culminación de un cambio en el pensamiento ambiental, que se ha movido desde los impactos a las dependencias. Es también el vehículo por medio del cual la comunidad de la biodiversidad ha podido alcanzar un segundo momento de relevancia: cambiar su audiencia desde los coros a los no conversos.
 
En segundo lugar, la comunidad de la biodiversidad ha centrado sus energías en el fortalecimiento de capacidades de los ministerios de medio ambiente en el mundo y desarrollando para ellos una sólida contraparte en la sociedad civil. Esto ha sido y seguirá siendo crítico. Pero ahora la comunidad también reconoce la importancia de ayudar a esos mismos ministerios para que dialoguen con sus pares de hacienda, economía y planificación. Herramientas, tales como las desarrolladas por WAVES en el marco del Sistema de Contabilidad Ambiental y Económica de las Naciones Unidas, o el uso de medidas de ahorro neto ajustado (ANS, por sus siglas en inglés) como un indicador de sostenibilidad que se basa en los conceptos de las cuentas nacionales ecológicas, han traducido la información sobre los servicios de biodiversidad y ecosistemas en un lenguaje que resuena con más fuerza entre las personas encargadas de tomar las decisiones a nivel económico. Aunque la comunidad siempre  ha hablado a estos ministerios, nunca lo ha hecho en un idioma que sea inmediatamente entendido como un insumo para la toma de decisiones. Nunca antes hemos sido capaces de demostrar de manera concluyente que la conservación y el uso sostenible dirigen el crecimiento económico y el alivio de la pobreza ahora y en el futuro, o de conversar convincentemente sobre la realidad de las compensaciones en los distintos paisajes. La idea de que existe una relación entre conservación y crecimiento sostenible está ganando impulso, y países como Botswana, Colombia, Indonesia, Filipinas, Rwanda (i) y otros han comenzado a trabajar con WAVES para incluir a los recursos naturales en su planificación del desarrollo.
 
El tercer cambio, y tal vez el más notorio, es que los líderes provienen cada vez más de países en desarrollo y de ingreso mediano, y el liderazgo en estos temas lo llevan las naciones del hemisferio sur. Muchas de las voces más importantes de la comunidad provienen de mujeres, muchas de las cuales son defensoras del tema de la biodiversidad en sus países. Entre ellas la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, y la jefa de la Agencia de Protección del Medio Ambiente de este país, Anyaa Vohiri, quienes han dado prioridad a la conservación y el uso sostenible del capital natural como un tema fundamental para conseguir el crecimiento económico y la reducción de la pobreza en esta nación africana; o Nicole Leotaud, directora ejecutiva del Instituto Caribeño de Recursos Naturales (CANARI, por sus siglas en inglés), (i) líder en el fomento de la creación de capacidades internas para la conservación de la biodiversidad participativa y el uso sostenible en la búsqueda de un crecimiento equitativo. Se trata de solo tres de las extraordinarias mujeres que han comenzado a dar su propia imagen a la comunidad de la biodiversidad.
 
Hemos llegado a un momento en el que tenemos a personas con la autoridad moral para hablar de manera persuasiva a las personas influyentes, no solamente acerca de la protección de la naturaleza, sino que también de la importancia de la biodiversidad como un vehículo para ofrecer servicios públicos. Debido a estos cambios, estoy más optimista que nunca sobre el futuro de la biodiversidad.