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Reflexiones sobre la seguridad de los alimentos durante las fiestas de fin de año

Juergen Voegele's picture

Cleaning food in Moldova. Michael Jones/World BankEn el periodo previo a las fiestas, se escribirá mucho sobre cómo los consumidores podemos preparar alimentos de manera segura para garantizar que los amigos y familiares recuerden una maravillosa cena  y no un episodio de intoxicación alimentaria que llevó a un ser querido a la sala de emergencias.
 
Sin embargo, observo a menudo que otras grandes amenazas a la seguridad alimentaria –aquellas que pasan desapercibidas en las granjas,  fábricas, y otros puntos vulnerables de la cadena de suministro de alimentos– no forman parte de la conversación hasta que aparecen productos alimenticios contaminados en las tiendas de comestibles y en los platos de una cena, provocando que se enfermen millones de personas e incluso causando la muerte a algunas de ellas.
 

Como han ilustrado titulares de las noticias en todo el mundo –relacionados con ensaladas envasadas en Estados Unidos, repollitos de Bruselas en Alemania, y leche y fórmula infantil en China– la seguridad alimentaria es un problema grave que afecta a personas, países y empresas. Ninguna nación es inmune, y a medida que aumenta la integración de las cadenas de valor agroalimentarias mundiales, los riesgos que antes se limitaban a zonas geográficas, ahora pueden abarcar fácilmente países y continentes.
 
El costo humano y económico que imponen estos peligros es significativo. Solo en Estados Unidos, se registran cada año alrededor de 48 millones de casos de enfermedades transmitidas por los alimentos, (i) que resultan en 128 000 hospitalizaciones y 3000 decesos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 200 males (i) —muchos de ellos mortales— se propagan a través de los alimentos. Solo las afecciones diarreicas, que son causadas principalmente por comidas o agua contaminada, provocan la muerte de cerca de 1,5 millones de niños (i) anualmente.
 
A fin de proteger la salud pública y promover al mismo tiempo el desarrollo económico  y la seguridad alimentaria, la comunidad internacional debe fortalecer esta última en los países en desarrollo y de ingreso mediano. Simultáneamente, el cumplimiento de las normas sectoriales o internacionales crea desafíos y oportunidades para los agricultores pobres y las agroindustrias que compiten en estos mercados en crecimiento.
 
Pero ¿cuál es el mejor camino a seguir, dado que los sistemas públicos y privados que deben mejorar la seguridad alimentaria y asegurar la capacidad de adaptación del suministro de alimentos no cuentan con recursos suficientes en muchos países y los actores clave desde el productor al consumidor carecen de la comprensión, el conocimiento y la motivación para abordar plenamente los riesgos de la seguridad alimentaria?
 
La buena noticia es que una Alianza Mundial para la Seguridad Alimentaria está trabajando activamente para mejorar la seguridad en las cadenas alimentarias de la agroindustria mediante el fortalecimiento de capacidades. Se basa en el Foro de Cooperación para la Seguridad Alimentaria (i) de la Cooperación Económica en Asia y el Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), que aborda el doble desafío de facilitar el comercio de alimentos y productos alimenticios y mejorar la salud pública en la región.
 
El problema de la seguridad alimentaria es un tema complejo que ningún sector u organización puede arreglar por sí solo. Esta es la razón por la cual la alianza está reuniendo a los sectores público y privado para enfrentar las brechas en este tema y la vulnerabilidad en las cadenas mundiales de alimentos mediante la mejora de las competencias, las capacidades, los protocolos, los sistemas de gestión basados ​​en el riesgo y las regulaciones. Se espera que tales medidas reduzcan los riesgos de origen alimentario, amplíen la participación de los agricultores y productores en cadenas mundiales de suministro de alimentos de mayor valor, reduzcan la pobreza, y mejoren la seguridad alimentaria.
 
Las alianzas público-privadas como la mencionada, que congregan a altos líderes gubernamentales, del sector privado y del área académica, son la tendencia del futuro. En términos de financiamiento y conocimientos, tenemos más oportunidades de lograr un progreso real en materia de seguridad alimentaria y crecimiento ecológico inclusivo si aprovechamos las sinergias y las ventajas comparativas.
 
Gracias al financiamiento inicial de Waters Corporation, Mars Incorporated y Estados Unidos, hemos tenido un gran comienzo. Y los Países Bajos, Dinamarca y Canadá (en calidad de donantes y asociados), al igual que organizaciones como la Industria Alimentaria de Asia y la Asociación de Fabricantes de Comestibles nos están ayudando a avanzar. Hemos capacitado a 180 representantes (i) de la industria, los círculos académicos y los Gobiernos de China, Viet Nam y Malasia sobre cómo hacer más seguros los alimentos mediante la prevención de riesgos biológicos, químicos y físicos durante el proceso de producción. También hemos enseñado prácticas de seguridad alimentaria en la acuicultura a 45 participantes de Indonesia. Nuestros módulos de formación están siendo traducidos al mandarín, vietnamita, turco y ruso de modo que estén disponibles para una audiencia más amplia.
 
Pero esto es solo el comienzo. La realidad es que necesitaremos muchos más recursos y un mayor compromiso para que este esfuerzo se manifieste en todo su potencial. Trabajando juntos, podemos hacer mucho para lograr un futuro más saludable a través de una mayor seguridad alimentaria.
 
Ahora tenemos que hacer correr la voz.

Photo credit: Michael Jones / Grupo del Banco Mundial

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