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Tres puntos ciegos de la igualdad de género: Empleo, educación y violencia

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Woman in Nepal

En esta celebración del Día Internacional de la Mujer, las mujeres y las niñas están en una mejor situación que apenas hace unos decenios. La misma cantidad de niños y niñas asiste a la escuela en muchos países. Las mujeres viven más y son más sanas que antes.

Pero incluso con el progreso constante que hemos observado en las últimas décadas, uno de nuestros mayores desafíos de hoy es evitar caer en la autocomplacencia. No podemos quedarnos tranquilos; todavía no.

Debemos recuperar el sentido de la urgencia y comprender mejor los obstáculos que quedan por superar. Cuando se trata de mejorar las vidas de mujeres y niñas, aparecen los puntos ciegos. De hecho, conocemos tres desigualdades alarmantes que persisten en la educación, el mundo del trabajo, y la seguridad y protección de las mujeres.

Punto ciego n.° 1: Educación de las niñas.

Hemos logrado avances impresionantes en lo que respecta al acceso universal a la educación, pero lo que no alcanzamos a ver es que las niñas pobres —las más vulnerables— están quedando rezagadas.
 
Si bien las hijas de familias de mejor posición de países como India y Pakistán pueden matricularse en la escuela junto con los varones de su edad, del 20 % de niños más pobres, las mujeres reciben en promedio cinco años menos de educación que los varones. En Níger, donde 1 de cada 2 niñas asiste a la escuela primaria, apenas 1 de cada 10 va a la escuela intermedia y, sorprendentemente, solo 1 de cada 50 llega a la escuela secundaria. Eso es indignante.
 
Punto ciego n.° 2: Mujeres que logran buenos empleos.

Incluso aunque las niñas de algunos países reciban más educación, esta no se traduce en oportunidades laborales.

Analicemos, por ejemplo, la situación en Oriente Medio y Norte de África. En promedio, solo 1 de cada 4 mujeres integra la fuerza laboral. La tasa de aumento ha estado congelada —menos del 0,2 % anual— durante los últimos 30 años. A este ritmo, la región necesitará 150 años para alcanzar el promedio mundial actual.

En un estudio del año pasado se demostró que la baja participación económica de las mujeres genera pérdidas de ingreso del 27 % en Oriente Medio y Norte de África. En el mismo estudio se calcula que si se aumentara el empleo y las posibilidades de participación empresarial de las mujeres hasta alcanzar los niveles de los hombres, se podría mejorar el ingreso promedio un 19 % en Asia meridional y un 14 % en América Latina.

En América Latina se vislumbra una promesa para el futuro. Allí, el aumento de la educación y la caída de las tasas de fecundidad han ampliado las oportunidades económicas de las mujeres. Esta mayor intervención de las mujeres en la actividad económica se ha traducido en una reducción de la pobreza de aproximadamente un 30 % y ha ayudado a proteger a sus grupos familiares de las crisis financieras recientes.
 
Punto ciego n.° 3: Violencia contra las mujeres.

Una cruda realidad de nuestro mundo es la violencia ejercida contra las mujeres durante las guerras y los conflictos. Es un problema inaceptable de proporciones epidémicas que está relativamente bien documentado. Pero la violencia de la que no hablamos lo suficiente es la violencia doméstica.

En general, la forma de violencia que más padecen las mujeres es la que les infligen sus esposos, novios o parejas. En todo el mundo, casi un tercio de las mujeres que han estado en una relación sufrió esta clase de violencia. Eso también es indignante.

Uno de los motivos por los que esa violencia doméstica ha sido un enorme punto ciego es que mucha gente la considera un asunto privado. Yo diría que la violencia doméstica es una cuestión pública y que todos los que trabajamos en pos del desarrollo debemos considerarla un desafío central.

Cuando se insiste en no prestar la suficiente atención al problema de la violencia doméstica, las mujeres sienten que valen menos y tienen menos poder que los hombres. Esto les resta capacidad para tomar decisiones y actuar en consecuencia de forma independiente, y repercute no solo en ellas, sino también en sus familias, sus comunidades y sus economías.

¿Cuáles son nuestros próximos pasos? ¿Cómo abordamos estos puntos ciegos? Debemos prestar más atención a las principales limitaciones de las mujeres y las niñas que están justo frente a nuestros ojos.

No podemos permitir que esto continúe. Debemos buscar formas de enfrentar la discriminación donde la veamos y en la forma en que se manifieste. En particular, debemos seguir impulsando el movimiento en favor de la igualdad para la mitad de las personas del planeta, para todas las mujeres y niñas.

¿Cómo cree usted que podemos enfrentar estos puntos ciegos en la educación, el empleo y la seguridad de las mujeres y las niñas? Cuénteme sus ideas. Necesitamos un diálogo mundial ahora mismo. 

Este blog apareció en:  LinkedIn Influencers(i)
 
(Foto: Stephan Bachenheimer/Banco Mundial)
 

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