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La próxima vez podría ser usted: ¿Por qué a todos nos debería importar el Día Internacional de la Alimentación Escolar?

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Dos días antes de que el mundo celebre el Día Internacional de la Alimentación Escolar, estoy sentado acá en el Parlamento del Reino Unido pensando en la evolución inesperada de los programas de alimentación escolar en los últimos años.

¿Por qué estoy escribiendo sobre este asunto desde un país rico? Para entender esto, necesitamos remontarnos a 2008, cuando la crisis financiera mundial comenzó con importantes aumentos en los precios de los alimentos, y el fantasma del hambre amenazó a los países de ingreso bajo. Debido a ello, el Banco Mundial estableció un fondo de respuesta a la crisis para estimular la disponibilidad de alimentos. Ante la sorpresa de algunos, muchas naciones de ingreso bajo no buscaron apoyo para inversiones agrícolas, sino que, en cambio, intentaron iniciar o ampliar sus programas nacionales de alimentación escolar. 

El análisis provocado por esta observación mostró que los países de ingreso bajo vieron  a menudo al suministro de comidas escolares como una red clave de protección social para apoyar a sus poblaciones más pobres. De hecho, un reciente estudio del Programa Mundial de Alimentos realizado en 77 naciones de ingreso bajo revela que casi el 70 % de los países respondió  a una conmoción social con la creación de un programa de alimentación escolar. Esto fue una sorpresa para muchos que habían considerado a este tipo de iniciativas  básicamente como una intervención nutricional o educacional, cuyo objetivo era mejorar los resultados alimenticios o mantener a los niños en la escuela.
 
Este tipo de programas puede contribuir a esos dos objetivos, pero cuando mi colega Harold Alderman y yo estudiamos el tema en 2012, (i) descubrimos que, al poner las evidencias en la balanza, el fin básico fue entregar protección social a los más vulnerables y a aquellos más difíciles de alcanzar. Es esta filosofía la que condujo a los Gobiernos de Brasil y de México, por ejemplo, a garantizar que sus programas de transferencias condicionadas de efectivo fueran apoyados por iniciativas de alimentación escolar que proporcionaron una red de protección social confiable y accesible incluso para los pobres que no estaban registrados.
 
Históricamente, la dimensión de la protección social de los programas de alimentación escolar también ha sido importante en muchos países ricos. Gran Bretaña introdujo reformas en el sistema de bienestar social a inicios del siglo XX con la “Ley de Educación (Suministro de Alimentos)” de 1906, (i) cuando el Parlamento exigió la entrega de comidas en comunidades pobres específicas con la intención de extender una red de protección social y aumentar la asistencia a la escuela. 
 
Los primeros programas de alimentación escolar con cobertura universal empezaron décadas más tarde, cuando algunos países emergían de la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Japón decretó en 1954 la denominada “Ley del almuerzo escolar” (i) y Finlandia estableció en 1957 que cada niño tenía derecho a una “comida escolar suficiente” durante todos los días de clases. (i) Los dos países estaban enfrentando el legado del conflicto, y en ambos casos la protección social fue la motivación principal para establecer estos programas nacionales de acceso universal. Es interesante notar que el programa japonés exigía a los padres una contribución mientras que el programa finlandés no lo hacía, pero ambos probaron ser exitosos.
 
En el siglo XXI, a medida que las consecuencias sociales de la crisis financiera mundial afectan a las poblaciones de los países de ingreso alto, estos están nuevamente usando programas de alimentación escolar como una respuesta social. El Ministerio de Educación en Portugal ha recopilado informes de profesores que dicen que, en las comunidades más afectadas, siempre hay platos sin restos de comida en el almuerzo los días lunes, lo que hace suponer que algunas familias pasan hambre durante el fin de semana. 
 
En España, donde ha habido por lo menos una marcha de protesta en apoyo de la alimentación escolar, el Ministerio de Educación informa que las familias ya no son capaces de solventar los almuerzos altamente subsidiados, de bajo costo, a los cuales pueden postular alrededor del 16 % de los niños.
 
En Grecia, (i) uno de los países más afectados por la crisis financiera, se estima que el 10 % de los escolares vive en familias que sufren inseguridad alimentaria, y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) calcula que más de un cuarto de las familias donde hay niños tiene “una dieta económicamente débil”.
 
En respuesta, los programas filantrópicos y gubernamentales griegos están proporcionando alimentación escolar, incluidas raciones para llevarse a casa en áreas específicas. España está ofreciendo almuerzos gratis, en vez de subvencionados, a los 12 000 niños que tenían derecho a postular previamente a comidas baratas, y los municipios más afectados en Portugal están entregando alimentación escolar durante las vacaciones. 
 
En Escocia, (i) la ampliación del suministro de alimentación escolar ya ha aumentado la cobertura de 53 % a 75 % de los niños en los primeros tres años de escuela, y un objetivo nacional afirma que todos estos estudiantes tendrán la opción de una comida gratis antes de enero de 2015. 
 
En Inglaterra, (i) la intención es modificar la Ley de Niños y Familias (i) para agregar una obligación legal en las escuelas primarias de ofrecer almuerzo gratuito a todos los niños en los primeros dos años escolares a más tardar en septiembre de 2014. Estados Unidos también ha respondido a la crisis financiera ampliando el acceso a la alimentación escolar, a través del aumento automático del número de niños elegibles en la medida que más estudiantes cumplan con los criterios de calificación. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), (i) en 2007 apenas sobre el 59 % de los alimentos destinados a los escolares dados públicamente fueron servidos a los niños que cumplían con los criterios exigidos para comidas gratis o a precio rebajado. En 2013, la proporción había aumentado a 70,5 %.
 
El Día Internacional de la Alimentación Escolar (i) de este año intenta dar mayor atención a la relación entre nutrición y aprendizaje. El documento El estado de la alimentación escolar en el mundo  del Programa Mundial de Alimentos, publicado en 2013, estima que 368 millones de niños reciben una comida diaria en la escuela, gracias a una inversión mundial superior a US$50 000 millones.
 
Desde cualquier punto de vista, esta es una iniciativa enorme, pero las personas y los Gobiernos tanto en los países ricos como pobres se están cuestionando ahora si es suficiente. Y si las naciones con mayores recursos están ahora reconociendo el valor de la alimentación escolar para los pobres, ¿están haciendo lo adecuado para ayudar a quienes viven en la pobreza extrema en los países de ingreso bajo?

Siga al equipo de Salud del Banco Mundial en: @worldbankhealth.

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