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Otro impacto duradero de los teléfonos inteligentes

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Durante mucho tiempo, los ricos han sabido en cierta medida cómo viven los pobres en todo el mundo. La novedad en el mundo actual es que el secreto mejor guardado para los pobres, esto es, cómo viven los ricos, ha sido revelado. A través de la televisión rural, internet y los aparatos portátiles, que ahora están al alcance de un número cada vez mayor de personas pobres, los estilos de vida de los ricos y de la clase media se transmiten a diario y en colores a sus hogares.

El año pasado, cuando viajé con el presidente Evo Morales a un pueblo boliviano ubicado a más de 4000 metros sobre el nivel del mar, los lugareños tomaron fotos de nuestra llegada con sus teléfonos inteligentes. En Uttar Pradesh, (i) el estado de la India con la mayor cantidad de personas pobres, pude ver a ciudadanos indios mirando telenovelas coreanas en sus teléfonos inteligentes.

Vivimos en un mundo de desigualdades. Pero mientras el mundo de los ricos puede ser ciego ante el sufrimiento de los pobres, los pobres de todo el mundo están muy conscientes de cómo viven los ricos. Y han demostrado que están dispuestos a actuar.

Las desigualdades perjudican a todos. La baja participación de las mujeres en la economía genera pérdidas de ingresos del 27 % en la región de Oriente Medio y Norte de África. (i) En cambio, el crecimiento inclusivo crea un contrato social más fuerte y más sólido entre las personas y sus Gobiernos, y construye economías más robustas.

Las personas en situación de pobreza extrema viven con menos de US$1,25 por día, es decir, menos que las monedas sobrantes que muchos de nosotros encontramos en el bolsillo cada noche. Sin embargo, en la actualidad hay más de 1000 millones de personas de países de ingreso mediano y países pobres que sobreviven con menos de esa cantidad.
 
Casi 2000 millones de personas carecen de acceso a energía. (i) Se estima en 2500 millones el número de seres humanos carentes de acceso a servicios financieros básicos.  Y todos nosotros —los 7000 millones de habitantes de la Tierra— nos vemos confrontados con el inminente desastre que infligirá el cambio climático (i) si no aplicamos hoy un plan acorde con la magnitud del desafío que tenemos por delante.
 
Por cierto, las necesidades de desarrollo en el mundo superan con creces la capacidad del Grupo del Banco Mundial de atenderlas, pero podemos hacer muchísimo más. Recientemente, hemos dado pasos para  aumentar  casi al doble el monto anual del financiamiento que proporcionamos a los países de ingreso mediano, que pasará de US$15 000 millones a hasta US$28 000 millones por año.
 
Simultáneamente, MIGA, (i) el organismo del Grupo del Banco Mundial que proporciona seguros y garantías contra riesgos, se propone aumentar el monto de nuevas garantías en casi un 50 % en los próximos cuatro años. IFC, que trabaja en el sector privado, prevé incrementar casi al doble su cartera en la próxima década, hasta llegar a US$90 000 millones.
 
Se prevé que el total anual de los compromisos del Grupo del Banco Mundial, que se sitúa actualmente entre US$45 000 millones y US$50 000 millones, supere los US$70 000 millones en los próximos años. Este aumento del potencial financiero representa un crecimiento sin precedentes para la institución. Ahora estamos en condiciones de movilizar y apalancar, en total, cientos de miles de millones de dólares por año en los próximos años.
 
Necesitamos trabajar  de una manera más eficaz con asociados y partes interesadas clave, entre ellos, la sociedad civil y el sector privado. Necesitamos unir a personas de todas partes del mundo en torno a un movimiento mundial para acabar con la pobreza. (i) Todos los componentes de nuestra sociedad mundial deben unirse para lograr que la visión de una economía más justa y sostenible se proyecte en una acción resuelta que será nuestro legado para el futuro.

El mundo está mirando a través de los teléfonos inteligentes e internet. Me gustaría mucho oír sus historias acerca de cómo ha vivido este gran cambio ocurrido en el mundo y cómo la nueva ventana que los pobres tienen para ver el mundo ha cambiado todo.

(Foto: Ikhlasul Amal/Flickr)

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