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Postales de Quito sobre la Nueva Agenda Urbana

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 World Bank

Más de un mes ha pasado desde el torbellino que fue Hábitat III, la cumbre de las Naciones Unidas sobre las ciudades y el desarrollo urbano que se realiza una vez cada 20 años. La conferencia, en la que se trataron temas como los grandes datos, el cambio climático, los espacios públicos y las finanzas municipales, realmente parecía tener algo para cada uno. Había largas colas para entrar a la conferencia, y lo que llamó la atención fue también el gran número de jóvenes participantes en el evento, muchos de los cuales eran estudiantes, planificadores y arquitectos de Quito.

Entonces, ¿qué pensaban realmente las personas en Quito acerca del futuro de las ciudades? Pedimos a los visitantes del stand del Banco Mundial en la exposición Hábitat III que nos dijeran, escribiendo en tarjetas postales, qué creían necesario para crear ciudades sostenibles para todos. De las más de 200 postales recibidas, resultaron claros varios temas recurrentes:


Banco Mundial
 
En primer lugar, las ciudades deben ser inclusivas. Un gran número de respuestas se centró en el “derecho a la ciudad”, una idea que ha resonado fuertemente en América Latina y recibió considerable atención en Hábitat III. Las ciudades deben existir para todas las personas, independientemente de su edad, posición social, género o capacidad física. También repercutieron temas como la participación de los ciudadanos, la vivienda asequible, los derechos a la tierra, la protección de las poblaciones vulnerables y la educación, con llamados, por ejemplo, a “propiciar espacios para que todos los miembros de la comunidad participen” en la planificación y el desarrollo de las ciudades. Medellín, que alguna vez fue una ciudad dividida donde prosperaba el delito, es una fuente de inspiración en este sentido, habiendo adoptado un enfoque de planificación centrado en las personas para transformarse en un centro urbano innovador e inclusivo. El sistema de metrocable de la ciudad ha mejorado significativamente la movilidad de los residentes en sus barrios (asentamientos informales que se desarrollan en las colinas de la ciudad) y esto —junto con el desarrollo de equipamiento y servicios públicos icónicos en sus barrios pobres— ha logrado propiciar una mayor inclusión social y reducir la delincuencia y la violencia. También se consideró que la necesidad de una tenencia segura de la tierra era una parte esencial del derecho a la ciudad, un reconocimiento del hecho de que el 70 % de la población mundial todavía no tiene acceso a una adecuada demarcación o titulación de las tierras.

 

En segundo lugar, las ciudades tienen que funcionar: es necesario financiar y proporcionar servicios e infraestructura para satisfacer las necesidades básicas, los residentes deben vivir seguros y la gobernabilidad de la ciudad debe mantenerse fuerte. Las personas quieren ciudades en las que sea fácil y seguro trasladarse, con buena conectividad y acceso a trabajos y servicios. Si bien muchos optan por vivir en las ciudades para estar más cerca de las oportunidades económicas, el acceso sigue siendo limitado en ausencia de una infraestructura de conexión debidamente planificada e implementada, y la situación se agrava aún más cuando los pobres solo pueden acceder a tierras y viviendas formales en lugares muy alejados de los centros de las ciudades, que es donde se pueden encontrar puestos de trabajo. Nairobi ofrece un ejemplo concreto: el 42 % de los residentes van caminando al trabajo y, en consecuencia, solo pueden acceder al 8 % de los puestos de trabajo en la ciudad en una hora de traslado, mientras que el 28 % que depende de minibuses informales o matutus solo puede acceder al 14 % de los puestos en una hora debido a los altos niveles de congestión del tránsito y la deficiente infraestructura. Quito, que ya ha enfrentado cuestiones de alto nivel de congestión en su exitoso sistema de transporte rápido en autobuses, tiene como objetivo abordar este tema con el próximo Quito Metro, que pondrá al alcance de los viajeros unos 760 000 puestos de trabajo.

En tercer lugar, las ciudades tienen que ser habitables. Los temas clave con respecto a esto fueron el espacio público, el transporte público, los espacios verdes urbanos y la buena planificación urbana. Los ciudadanos quieren ciudades vibrantes, llenas de vegetación y espacios públicos abiertos y accesibles a todos. Ciudades como Seúl y Singapur continúan mostrando cómo la planificación y el diseño pueden mantener las áreas urbanas habitables a pesar de la creciente densidad, ofreciendo como ejemplos la recuperación del arroyo Chyeonggyecheon (i) como espacio público de recreación en el centro de Seúl y el diseño detallado de las urbanizaciones de viviendas públicas de Singapur (i).

Por último, las ciudades deben tener capacidad de adaptación al cambio climático. No fue una sorpresa que, después del terremoto de abril de 2016 en Ecuador, aumentara ampliamente la necesidad de ciudades e infraestructura con capacidad de adaptación. De hecho, las ciudades de todo el mundo están poniendo un énfasis cada vez mayor en desarrollar planes de resiliencia, con el fin de adaptarse mejor a las conmociones y tensiones. Río de Janeiro, en colaboración con la iniciativa 100 Ciudades Resilientes, ha desarrollado su propia estrategia de resiliencia, que pretende mitigar los impactos de los fenómenos meteorológicos severos y el cambio climático, cultivar espacios urbanos flexibles y usar los recursos de la ciudad de manera sostenible. En línea con el objetivo de Río de convertirse en un punto de referencia mundial para las ciudades resilientes e inteligentes en relación con el clima antes de 2035, la ciudad ha adoptado otras iniciativas orientadas a la sostenibilidad como el Programa de Desarrollo Urbano de Río de Janeiro con Bajas Emisiones de Carbono (i).

Postales de Quito sobre la Nueva Agenda Urbana / Grupo del Banco Mundial
 
Ahora comienza la verdadera tarea de llevar a cabo el programa de Hábitat III y sabemos que los desafíos que enfrentan las ciudades son inmensos. Al escribir acerca de Hábitat III, el periódico The New York Times observó lo que denominó un “gran cambio mundial” en esta repetición del evento, uno que implicó “rechazar la visión desoladora y derrotista hacia las ciudades y la vida urbana” que fue el sello distintivo de la primera exposición Hábitat en Vancouver hace 40 años. Las ciudades deben funcionar en última instancia para las personas que viven en ellas, y mientras seguimos colaborando con ciudades en su camino hacia un futuro sostenible, resiliente e inclusivo, nos será muy útil recordar los mensajes de estas postales de Quito.

 
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