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Por qué imponer un gravamen a las remesas es una mala idea

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Familia en Nicaragua © Banco Mundial

En 2016, los flujos de remesas de los emigrantes a los países en desarrollo ascendieron a USD 440 000 millones, más del triple del volumen de la asistencia oficial para el desarrollo. En muchos países, las remesas constituyen la mayor fuente de divisas. En India y México, estos flujos superan a las inversiones extranjeras directas; en Egipto, son superiores a los ingresos provenientes del canal de Suez, y en Pakistán, sobrepasan a las reservas internacionales del país.
 
En el último tiempo, diversos países ricos que acogen a un gran número de migrantes han empezado a considerar la aplicación de impuestos a las remesas que se envían al extranjero, en parte con el fin de aumentar los ingresos y, en parte, para desalentar a los inmigrantes indocumentados. La lista de países en los que se está analizando este tipo de tributo incluye a Bahrein, Kuwait, Omán, Arabia Saudita, Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos. (En Estados Unidos, Oklahoma cobra un impuesto a las remesas de USD 5 a los primeros USD 500 y de un1 % a los montos superiores a USD 500. Otros dos estados, Georgia e Iowa, están analizando un gravamen más amplio que incluiría  no solo las remesas sino también otros tipos de transferencias. Para este tema, revise el documento “The Taxing of Remittances in the US” de 2016 de Hugo Cuevas-Mohr).

A continuación, describimos nueve razones por las que imponer un gravamen a los flujos de remesas hacia el exterior es una mala idea:
  1. Dado que, en principio, los ingresos de los migrantes ya han sido gravados en el país de acogida, aplicar tributos a las remesas equivale a duplicar los impuestos (i) a los inmigrantes que ya pagan estas tasas. Debido a que las remesas suelen ser enviadas a familias pobres, los impuestos afectarían en última instancia a ellas y, por lo tanto, es probable que sean altamente regresivos.
  2. Un impuesto sobre las remesas elevará el costo de las mismas, contraviniendo de manera directa el compromiso del Grupo de los Veinte (G-20) y las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible 10 relacionadas con la reducción de los costos de las remesas y el fomento de la inclusión financiera.
  3. Los trabajadores migrantes pobres tienden a ser sumamente sensibles a los costos de las remesas. Un impuesto sobre las remesas desviará estos flujos hacia canales informales no regulados. (i) Es probable que esto reduzca los ingresos fiscales, aumente el costo de la administración tributaria y aliente los canales informales de flujos de dinero, elevando los riesgos en materia de seguridad.
  4. En la medida en que los canales de remesas se usen también para transferencias de pequeño valor con fines comerciales, turísticos, filantrópicos y de inversiones, estas actividades también se verán afectadas por un gravamen a las remesas.
  5. Un impuesto sobre las remesas, especialmente si se aplica de manera selectiva a los ciudadanos de un país, puede redirigir los flujos a través de terceros países. (Un dato anecdótico: la prohibición de Estados Unidos de enviar remesas a Irán ha obligado a los iraníes que viven en el país a mandar dinero a través de Europa o los Emiratos Árabes Unidos). En ese caso, los migrantes tendrán que pagar dos veces el cargo que se cobra por enviar remesas.
  6. Cálculos indican que los ingresos obtenidos de un impuesto sobre las remesas serán pequeños en relación con la base de ingresos del país. Por ejemplo, según estimaciones de 2016 del Fondo Monetario Internacional (FMI) un gravamen a las remesas del 5 % daría como resultado ingresos de alrededor de USD 4000 millones, o el 0,3 % del producto interno bruto (PIB) de los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Estimaciones de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos (PDF, en inglés) indican que una multa potencial del 7 % para quienes envían remesas y que no tienen un estatus legal en el país permitiría recaudar menos de USD 1000 millones en concepto de ingresos, y es probable que los ingresos sean inferiores al costo de la administración tributaria para gestionar y hacer cumplir los impuestos.
  7. Un impuesto sobre las remesas afectaría el volumen de negocios de los proveedores de estos servicios, reduciendo así sus pagos tributarios.
  8. Un impuesto sobre las remesas podría incentivar a que los empleados y empresarios expatriados se trasladaran a otros países con tributos más bajos.
  9. En el pasado, este tipo de impuestos no dio resultado. En Gabón (en 2008) y Palau (en 2013), las recaudaciones tributarias fueron insignificantes, según datos del FMI de 2016. 
En el pasado, muchos países en desarrollo consideraron gravar los flujos de remesas que ingresaban a sus territorios, pero al final muy pocos realmente lo hicieron. Los inconvenientes de imponer un impuesto a las remesas que ingresan a un país son similares a las desventajas de imponer un impuesto a las remesas que salen de un país. La aplicación de tributos puede promover canales informales de envío de remesas, haciendo que la recaudación impositiva sea más difícil y costosa (Mohapatra y otros, 2012). También, estos tributos afectarían en forma desproporcionada a las familias pobres.
 
De hecho, algunos países que pusieron en práctica impuestos sobre las remesas que ingresaban a sus territorios decidieron eliminarlos. En 1997, Viet Nam suprimió su impuesto del 5 % sobre las remesas y en el país se observó un aumento de las remesas a través de canales formales. En Tayikistán se eliminó el impuesto estatal sobre las transacciones bancarias transfronterizas en 2003 y esta medida podría haber contribuido al aumento de las remesas formales de USD 78 millones en 2002 a USD 256 millones en 2003. En Filipinas, las remesas estaban sujetas a un impuesto de timbres fiscales, (i) y desde 1995 se eliminó este gravamen a las transferencias que hacen los trabajadores filipinos en el extranjero y que presentan la documentación apropiada. En India se impone un pequeño impuesto sobre los servicios (i) a los honorarios cobrados por los agentes de transferencias monetarias, pero no sobre el monto de la remesa enviada.

Es necesario un estudio sistemático de la viabilidad y las consecuencias de imponer gravámenes a los flujos de remesas (tanto de entrada como de salida). Tal investigación implicaría la preparación de estudios de casos de los países, que incluyan entrevistas a los proveedores de estos servicios, los migrantes, sus familias en los países de origen y las autoridades fiscales. Dado que casi no existe bibliografía acerca de los impuestos sobre las remesas, se necesita un modelo analítico de tales tributos, y su elaboración tal vez podría basarse en los estudios existentes sobre la tributación que se aplica a las contribuciones benéficas. 

Referencias
 
Business Mirror. 2015. “OFW remittances and the exemption from documentary stamp tax (i)
Business Today. 2014. “Sending money back home to India gets costlier for NRIs (i)
Cuevas-Mohr, Hugo. 2016. “The Taxing of Remittances in the US”. IMTC. (i) 
FMI. 2016. “Diversifying Government Revenue in the GCC: Next Steps”. Nota para la Reunión Anual de Ministros de Finanzas y Gobernadores de los Bancos Centrales del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). (PDF, en inglés) 
Mohapatra, Sanket, Blanca Moreno-Dodson, y Dilip Ratha. 2012. “Migration, Taxation, and Inequality”. Economic Premise, mayo de 2012, n.o 80 (PREM), Grupo Banco Mundial. (i
Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos. “International Remittances: Actions Needed to Address Unreliable Official U.S. Estimate”. Febrero de 2016. (i)

 

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