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Las lesiones y muertes por accidentes de tránsito prevenibles frenan el desarrollo de los países

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Uno de nosotros estaba leyendo un diario en las vacaciones y se encontró con un artículo que relataba una historia bastante común: “Choque de vehículos deja trágico saldo de muertos en una carretera de montaña”. (i) El accidente, ocurrido en Perú, causó 51 muertes como resultado de la caída de uno de los vehículos —un autobús— al precipicio. Muchas de las personas que fallecieron regresaban a Lima después de celebrar el feriado de Año Nuevo con familiares que vivían en las afueras de la ciudad.
 
La triste realidad es que estos eventos trágicos son habituales en distintas partes del mundo. De acuerdo con datos de 2015 de la Organización Mundial de la Salud, cada año 1,25 millones de personas mueren en calles y carreteras de todo el mundo, y entre 20 millones y 50 millones resultan gravemente heridas. El saldo humano es visible, aunque no se registre en su totalidad, pero los costos intangibles que impactan negativamente en las sociedades y las economías en general no se reflejan en las estadísticas nacionales. Está demostrado que resulta difícil obtener datos y pruebas acerca del costo económico y social de los accidentes de tránsito para contribuir a la formulación de políticas sobre seguridad vial, especialmente en los países en desarrollo.

En un nuevo informe del Grupo Banco Mundial, The High Toll of Traffic Injuries: Unacceptable and Preventable (La elevada cifra de lesionados por accidentes de tránsito: Una realidad inaceptable y prevenible), (i) preparado con el apoyo de Bloomberg Philanthropies, se intenta llenar este vacío. A partir de estudios anteriores (i) en los que se estimó (PDF, en inglés) la carga económica de las enfermedades y las muertes prematuras, y utilizando datos de 135 países recogidos entre 1990 y 2014, se evalúan tanto los posibles beneficios en términos de crecimiento económico como los beneficios acumulados en relación con el bienestar social de la reducción a largo plazo de las lesiones y muertes por accidentes de tránsito en países de ingreso bajo e ingreso mediano, haciendo hincapié en un grupo inicial de cinco naciones: China, Filipinas, India, Tailandia y Tanzanía.

Los resultados del estudio, así como las repercusiones en las perspectivas de desarrollo de los países, son difíciles de ignorar. Además de evitar la pérdida de vidas humanas, y el consiguiente dolor y sufrimiento que recae sobre las familias y las comunidades, se pueden obtener considerables beneficios económicos a largo plazo a partir de la adopción de políticas e intervenciones simples, sostenibles, eficaces y poco costosas en materia de seguridad vial. El impacto estimado varía de un 7 % a un 22 % de aumento en el producto interno bruto (PIB) per cápita a lo largo de 24 años, lo que podría lograrse mediante una reducción sustancial de las lesiones y muertes causadas por accidentes de tránsito, en consonancia con la meta establecida en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, de las Naciones Unidas. Estos resultados constituyen un claro mensaje para los Gobiernos: hay una importante pérdida económica asociada a cada año de inacción porque los países de ingreso bajo e ingreso mediano no adoptan políticas e intervenciones efectivas para reducir considerablemente las lesiones y muertes por accidentes de tránsito.

Sin embargo, el efecto en el aumento del ingreso nacional es solo una parte de la historia. Dado que en las estimaciones de los efectos en el crecimiento del ingreso no se refleja el valor intangible que la sociedad le atribuye a la salud, en el estudio también se calculan los enormes beneficios en términos de bienestar asociados al valor que significaría para las personas la reducción del riesgo de lesiones y muertes causadas por accidentes de tránsito. A través de mediciones del valor estadístico de la vida —el valor monetario asignado, con fines estadísticos, a una vida salvada gracias a una medida normativa—, en el estudio se estimaron beneficios adicionales en cuanto a bienestar equivalentes a entre el 6 % y el 32 % del PIB nacional, que pueden materializarse a partir de la disminución en un 50 % de las lesiones y muertes por accidentes de tránsito durante un período de 24 años.

Como muestra el informe, una buena parte del potencial humano se está perdiendo innecesariamente a causa de los accidentes de tránsito. Más allá del enorme sufrimiento que generan las lesiones y muertes, como se aprecia claramente en las historias devastadoras de personas con vidas arruinadas o truncadas debido a lesiones, muertes prematuras y discapacidades prolongadas, el costo económico es inaceptablemente elevado. Más importante aún, las experiencias de países (PDF, en inglés) de todo el mundo han demostrado que si se insta a la acción a Gobiernos y otros actores sociales, y se adoptan políticas e intervenciones eficaces, sostenibles y basadas en pruebas, se puede reducir en gran medida la pérdida de vidas y sus efectos en la sociedad.

De cara al futuro, las repercusiones de la acción son claras. Debemos tener en cuenta que la prevención de lesiones y muertes prematuras por accidentes de tránsito, en el marco de intervenciones en el sector de transporte y como parte de los esfuerzos por avanzar más rápidamente hacia la cobertura sanitaria universal, dará sus frutos en términos de años de vida saludables, libres de lesiones y discapacidades. Esto, a su vez, contribuirá a generar capital de salud (el valor de la salud de una persona durante su vida) y, por lo tanto, capital humano (el conjunto de conocimientos, aptitudes y experiencias que tienen las personas), elementos que cada vez más se consideran la principal fuente de riqueza total y de posibilidades de éxito a largo plazo de un país. De hecho, como destacó hace poco el presidente del Grupo Banco Mundial, el Dr. Jim Yong Kim, en un foro mundial sobre cobertura sanitaria universal celebrado en Tokio, las investigaciones del Grupo Banco Mundial (i) demuestran claramente que la diferencia es enorme entre el cuartil más alto —el 25 % de países que más han mejorado en términos de capital humano— y el cuartil más bajo —los países que menos han mejorado en esta esfera—. A lo largo de 25 años, entre 1991 y 2016, la diferencia en el crecimiento económico ha sido de 1,25 % del PIB por año.

Ahora que empieza un nuevo año, renovemos nuestro compromiso en todos los sectores para ayudar a abordar una de las amenazas más serias del comienzo del siglo xxi para la salud pública a nivel mundial. Al hacerlo, seamos claros que no se trata solo de un objetivo de salud pública, sino de un objetivo social amplio más importante, que nos afecta a todos, ya que la reducción de las lesiones y muertes prevenibles debido a accidentes de tránsito es un requisito clave para crear sociedades sanas y resilientes, economías dinámicas e innovadoras, y mejores condiciones de vida.


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