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¿El Banco Mundial debe convertirse en un centro de remesas?

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La semana pasada, el periódico The New York Times publicó un editorial (i) que sugiere que el Banco Mundial debe convertirse en un centro de remesas. Declaró que las remesas son el “esfuerzo más grande y posiblemente más eficaz para combatir la pobreza en el mundo... financiado por los propios pobres...”. “Sin embargo, es probable que el costo de transferir esos miles de millones aumente en breve... [dado que] los bancos grandes están dejando el negocio de la transferencia de dinero, incluyendo a Bank of America, Citigroup y JPMorgan Chase”.

“Si los bancos no pueden transferir remesas de manera rentable —y no lo harán como cortesía de bajo margen— entonces habrá que encontrar otras opciones seguras de bajo costo. Una solución sería que el Banco Mundial se transformara en un centro de remesas”.
 
¡Interesante sugerencia!
 
Dos preguntas conexas vienen a la mente: ¿Cuál es el papel de los bancos en el mercado mundial de remesas? Y ¿debe el Banco Mundial convertirse en un centro de remesas?
 


Con relación a la primera pregunta, no conozco datos concretos sobre la proporción de remesas que pasan por los bancos. Permítanme arriesgar algunas suposiciones:
 
- Todas las transacciones de remesas, excepto las que utilizan los canales hawala, finalmente son compensadas mediante sistemas de compensación y liquidación interbancaria, por lo tanto los bancos participan en todas las transacciones de remesas registradas oficialmente. El volumen de remesas registradas oficialmente a países en desarrollo fue de US$404 000 millones el año pasado, y las remesas mundiales (incluidos los flujos hacia países de ingreso alto) alcanzaron los US$542 000 millones (vea Reseña sobre migración y desarrollo 22).
 
- Se estima que los flujos no registrados -de los cuales la mayoría son flujos a través de canales informales, como hawala- ascienden a aproximadamente el 50 % de los flujos oficiales, o sea US$200 000 millones. Estos flujos son compensados entre los proveedores del servicio hawala, tanto emisores como receptores, a través de acuerdos bilaterales (y a menudo implican dejar dólares en cuentas en el extranjero o contrabandear oro).
 
- De los flujos registrados mencionados antes (US$404 000 millones y US$542 000 millones), las transferencias interbancarias son, quizás, el 25 % para los flujos hacia países en desarrollo, o aproximadamente US$100 000 millones, y casi el 100 % de los flujos entre países de ingreso alto (aproximadamente US$140 000 millones). Por lo tanto, las transferencias interbancarias son aproximadamente US$240 000 millones del total mundial de US$542 000 millones. El resto de los flujos se realizan a través de operadores de transferencias de dinero que trabajan en uno o ambos extremos con bancos para liquidar los pagos.
 
- Se estima que en los Estados Unidos los flujos de remesas al exterior superan ampliamente (aproximadamente US$120 000 millones al año) los datos publicados por el Gobierno (aproximadamente US$51 000 millones al año). De los US$120 000 millones, probablemente U$$100 000 millones se transfieren a través de canales oficiales, y de estos, una cuarta parte (US$25 000 millones) es quizás interbancaria.
 
Sobre la pregunta si debe el Banco Mundial convertirse en un centro de remesas, el periódico explica: “Tiene experiencia. Y no le quitaría el negocio a los grandes bancos, que han tirado la toalla en la cuestión de las transferencias de efectivo a un precio razonable. Lo que haría es garantizar que más dinero duramente ganado por los migrantes llegue a sus familias, y, de ese modo, avanzar en la misión del Banco Mundial de aliviar la pobreza”.
 
El Banco Mundial es un banco de desarrollo, no un banco comercial ni un banco minorista. Por lo tanto, no está equipado para desempeñar directamente el papel de un centro de remesas para millones de clientes migrantes minoristas, o incluso para cientos de operadores de transferencias de dinero. Sin embargo, el Banco Mundial puede trabajar con bancos comerciales y reguladores gubernamentales de todo el mundo para agilizar las regulaciones contra el lavado de dinero que están en la raíz de la duda de los bancos comerciales de permanecer en el negocio de las remesas. También puede persuadir a las organizaciones con grandes redes minoristas –incluyendo a Amazon, Facebook, Google, Wal-Mart, los sistemas postales nacionales de países ricos y pobres– para que entren en el negocio de las transferencias de dinero y ganen mucho dinero para sí mismas mientras ayudan a los pobres.
 
También espero que las fundaciones benéficas privadas (en particular, la Fundación Gates) consideren iniciar un centro de remesas sin fines de lucro. Dada la magnitud del mercado de remesas y la sencillez de la operación, un emprendimiento de este tipo puede llegar a ser financieramente independiente con relativa rapidez, e incluso ganar dinero (aunque yo prefiero que permanezca sin fines de lucro). Una empresa de remesas sin fines de lucro también puede ayudar a movilizar contribuciones benéficas de las diásporas interesadas en la lucha contra las enfermedades y los bienes públicos mundiales. Y puede ayudar a vender bonos y productos de seguros de la diáspora para financiar el desarrollo del lugar de origen.
 

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