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El enfoque “Una salud” es fundamental para eliminar los riesgos para la salud humana, animal y ambiental

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Foto: © Trevor Samson / Banco Mundial


Como muchos, nos sentimos aliviados en noviembre del año pasado cuando el Gobierno de Madagascar y la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciaron que el brote de peste neumónica o pulmonar había sido contenido en ese país. La peste es una enfermedad causada por la bacteria Yersinia pestis, (i) que la transmiten normalmente los roedores a través de las pulgas que los parasitan, pero también se puede transmitir de persona a persona. Desde el inicio del brote a principios de agosto de 2017, se informaron 2300 casos humanos de peste, que condujeron a 207 muertes (actualización de la OMS). (PDF, en inglés) La OMS instó a realizar una vigilancia continua hasta el final de la temporada de la peste a fines de abril, ya que es posible que se produzcan más casos de peste bubónica que podrían provocar un resurgimiento de la peste pulmonar. El presidente de Madagascar también se comprometió a establecer una “unidad de peste” permanente a nivel de la oficina del primer ministro para trabajar en la erradicación de la plaga, dado que la experiencia nos indica que abordar los riesgos en la interfaz de la salud humana, animal y ambiental es un desafío.

Lamentablemente, el aumento repentino de la peste pulmonar ocurrido en el último tiempo en Madagascar no es un caso único. A pesar de las importantes mejoras en materia de saneamiento, reducción de la exposición y acceso al tratamiento, las enfermedades infecciosas siguen siendo una prioridad muy necesaria de los sistemas de salud pública. En los últimos cinco años, el mundo ha presenciado una sucesión de epidemias de enfermedades infecciosas, entre ellas la aparición y la expansión del síndrome respiratorio del Oriente Medio, el virus de la gripe aviar altamente patógeno (H7N9), el virus del Ébola y el virus de Zika, que han afectado a los sistemas sanitarios en casi todos los continentes. Estas epidemias han representado nuevos desafíos, pero también han dejado aspectos positivos como lecciones aprendidas, una mejor capacidad y formación de alianzas cruciales. (i)
 
Sabemos que la mayoría de las enfermedades infecciosas causadas por agentes patógenos son enfermedades zoonóticas, es decir, que en algún momento fueron transmitidas por los animales a los seres humanos, como fue el caso del origen del VIH/sida antes de que se convirtiera en una pandemia humana. En conjunto, las zoonosis causan más de 1000 millones de infecciones humanas y 1 millón de muertes al año, además de impactos importantes en la producción ganadera, la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia. Con frecuencia, estos efectos también se extienden al turismo, el comercio, los viajes, la conservación ambiental, la educación, y otros sectores.
 
Dadas las amplias consecuencias y las relaciones estrechas entre la salud humana, animal y ambiental, los sistemas de salud pública pueden beneficiarse del enfoque multisectorial de “Una salud”, que promueve la coordinación para comprender y gestionar mejor los riesgos.
 
El Banco Mundial durante mucho tiempo ha vinculado sus conocimientos e inversiones con todos los sectores para poder fomentar la existencia de sólidos sistemas de salud pública. En primer lugar, lo hizo cuando combatió la ceguera de los ríos en África en la década de 1970 y, más recientemente, cuando abordó la crisis de la gripe aviar. Los países y las comunidades, al mismo tiempo que aseguran la capacidad para una respuesta eficaz y una recuperación rápida y resiliente, pueden también fortalecer su capacidad de prevención y detección de futuros brotes. Por ejemplo, el Proyecto de Mejoramiento de los Sistemas Regionales de Vigilancia de Enfermedades (REDISSE, por sus siglas en inglés) (i) del Banco Mundial apoya la vigilancia y la preparación ante epidemias en África occidental, creando indicadores mensurables para potenciar la capacidad de la salud pública veterinaria.
 
En virtud de ello, el nuevo Marco operativo para fortalecer los sistemas de salud pública humana, animal y ambiental en su interfaz (“Marco operativo de ‘Una salud’”) (PDF, en inglés) proporciona orientación para ayudar a los países a optimizar sus esfuerzos y resultados en la aplicación de los enfoques de “Una salud”. El Marco operativo de “Una salud”, formulado en conjunto con asociados de la EcoHealth Alliance y que se beneficia de los aportes de organizaciones internacionales asociadas de los ámbitos de la salud, la agricultura, el medio ambiente y la reducción del riesgo de desastres, reúne herramientas y recursos de diferentes sectores relacionados con la planificación, la implementación y la gestión y que pueden aprovecharse para crear una capacidad más amplia del sistema de salud pública.
 
Cuatro conclusiones clave de este marco son:

  • Los puntos de partida para el enfoque “Una salud” varían según el contexto, la enfermedad y los objetivos. Los sistemas de salud pública deben ser lo suficientemente ágiles para abordar todos los riesgos. Si bien no todas las amenazas para la salud pública requieren un enfoque de “Una salud”, los países necesitan sistemas de gestión o de salud humana, animal y ambiental sólidos y actividades de coordinación entre ellos a fin de determinar qué sectores son relevantes para la comprensión y el manejo de los riesgos.
  • El enfoque “Una salud” es parte integral del éxito de los planes de acción nacionales multisectoriales en materia de seguridad sanitaria, para abordar la resistencia a los antimicrobianos y para la reducción del riesgo de desastres. Este enfoque puede optimizar la planificación de los esfuerzos de preparación para una pandemia y mejorar las evaluaciones de vulnerabilidad frente al cambio climático.
  • Los enfoques de “Una salud” deben incorporarse en el diseño del proyecto desde el principio. Involucrar a todas las partes interesadas desde el comienzo puede ayudar a optimizar el éxito del proyecto promoviendo una comprensión común de los problemas y las soluciones conjuntas para abordarlos, anticipando los riesgos, focalizándose en las brechas, reduciendo la duplicación y facilitando canales de coordinación importantes.
  • La comunicación es una prioridad clave para la comprensión y la implementación del enfoque “Una salud”. La planificación para casos de enfermedades y la mantención de canales de coordinación multisectoriales sólidos ayuda a garantizar mensajes coherentes y eficientes para administrar los riesgos, mejorar la eficiencia y promover la credibilidad de todos los sectores.
 
Para implementar enfoques de “Una salud” será necesario optimizar las opciones de financiamiento innovadoras. El Banco Mundial apoya a los países en sus esfuerzos para prevenir pandemias fortaleciendo los sistemas de salud humana y veterinaria. En el decimoctavo período de reposición de los recursos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF-18), nos comprometimos a fortalecer la preparación para una pandemia en al menos 25 países de ingreso bajo a lo largo de tres años. El Grupo Banco Mundial, con el apoyo de Japón, Alemania y la Organización Mundial de la Salud, también ha puesto en marcha el Mecanismo de Financiamiento de Emergencia para Casos de Pandemia (MFEP), (i) un instrumento de financiamiento de rápido desembolso que aumenta los fondos para permitir una respuesta rápida y eficaz a los brotes a gran escala de enfermedades. Los países que reúnen las condiciones pueden recibir un aumento de financiamiento de manera oportuna, predecible y coordinada si se ven afectados por un brote que cumpla con los criterios de activación del MFEP. Mediante el Grupo Internacional de Trabajo sobre Financiamiento para la Preparación para una Pandemia, también estamos analizando vías a través de las cuales los Gobiernos nacionales y los asociados para el desarrollo puedan garantizar un financiamiento adecuado y sostenible para fortalecer la preparación para una pandemia, incluidas las iniciativas de “Una salud”.
 
Además de las enfermedades infecciosas, las estrategias descritas en el Marco operativo de “Una salud” se pueden aplicar para abordar otros riesgos sanitarios en la interfaz hombre-animal-medio ambiente, tales como la contaminación, el cambio climático y la inseguridad alimentaria.
 
Por ejemplo, un reciente diagnóstico de salud y cambio climático en Madagascar (i) indica que el cambio climático ya está teniendo efectos en la salud, que probablemente este daño continuará y que es posible que los últimos avances en el desarrollo se reviertan si no se hacen inversiones adecuadas en resiliencia del sector de la salud, con graves consecuencias para las personas y el medio ambiente. La degradación del suelo, otro ejemplo de mala salud ambiental, puede afectar la resiliencia ante los desastres, el suministro seguro de agua y alimentos, y la lucha contra las plagas.
 
Una estrecha coordinación en la interfaz hombre-animal-medio ambiente puede apoyar la preparación ante riesgos múltiples y así poder abordar las amenazas existentes y ser lo suficientemente flexibles para anticipar los peligros futuros. Al trabajar en todos los sectores para fortalecer los sistemas de salud pública, podemos reducir los riesgos y ayudar a maximizar el desarrollo saludable, sostenible y a largo plazo.
 

Comments

ENVIADO POR Ángel González el

Es muy interesante, pero podrían postearlo con un tipo de letra más grande, por favor!

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