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El siguiente nivel de transformación económica de África

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Los ministros de Hacienda del Grupo de los Veinte (G-20) se reunieron la semana pasada en Alemania para debatir los desafíos cruciales que enfrenta la economía mundial, que incluyen desde el cambio climático a la migración y las emergencias humanitarias como la hambruna que se observa en partes de África al sur del Sahara y en Oriente Medio.

Las conversaciones me dejaron muy animado debido al compromiso compartido de abordar estas cuestiones fundamentales. En la ocasión, informé que el Grupo Banco Mundial está preparando un paquete de financiamiento de un monto mínimo de USD 1600 millones para los países afectados por la hambruna, destinando así fondos para asistir a los más vulnerables.

Uno de los compromisos más importantes adoptados en la reunión del G-20, bajo el liderazgo de Alemania, fue la necesidad de dar una mayor prioridad al crecimiento y el desarrollo de África al sur del Sahara. Además de la hambruna, existen numerosas razones de por qué es importante profundizar el enfoque en África.

La región sufrió fuertemente los impactos del fin del auge de los productos básicos. En 2016, el crecimiento de África al sur del Sahara se desaceleró hasta llegar a una cifra estimada de 1,5 %, la tasa más baja en dos décadas, porque los países exportadores de productos básicos se ajustaron a unos precios más bajos. Eso es muy por debajo del crecimiento económico anual observado en la región antes de la crisis mundial. El PIB per cápita regional se contrajo un 1,1 % en 2016. Los flujos de capital a la región, incluida la inversión extranjera directa (IED), disminuyeron en 2016. El crecimiento de la inversión general cayó a una cifra cercana a cero en 2015, luego de haber promediado 5 % entre 2010 y 2015.

Pero África ha mostrado signos importantes de resiliencia económica, ya que un 41 % de africanos vive en países con tasas de crecimiento medio del PIB superiores al 5,5 %. Y en 2017 se prevé que el crecimiento en África al sur del Sahara aumente de forma moderada hasta el 2,9 %, llegando a más del 3,5 % en 2018, a medida que la región prosiga su ajuste a unos precios más bajos de los productos básicos. Esta es una gran oportunidad para la comunidad internacional de asociarse con la población de África para crear condiciones que favorezcan un crecimiento más rápido y un desarrollo más sostenible.

En diciembre pasado, una coalición de más de 60 Gobiernos —tanto de países desarrollados como de países en desarrollo— ayudó a reponer los recursos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Grupo Banco Mundial para los países más pobres, comprometiendo un monto sin precedentes de USD 75 000 millones. Alrededor del 60 % de este financiamiento se destinará a África al sur del Sahara en los próximos tres años, con lo que se duplicará la asistencia de la AIF para la región.

Como parte del financiamiento de la AIF, se espera que África tenga acceso a un alto nivel de recursos mediante mecanismos de financiamiento especiales para dar apoyo a programas regionales y de refugiados, y a una iniciativa destinada a reducir los riesgos y a movilizar la inversión privada, en especial en entornos frágiles.

Una prioridad fundamental es ayudar a los países africanos a invertir en obras de infraestructura muy necesarias, asociándose con el sector privado. Las necesidades del continente en materia de infraestructura se estiman en USD 93 000 millones, alrededor del 15 % del PIB regional. En el presente, la inversión en infraestructura llega a solo USD 45 000 millones, y más de la mitad de este monto es financiado por el sector público. El déficit de financiamiento es enorme, sin embargo sabemos que la inversión en infraestructura puede tener un efecto multiplicador importante en el crecimiento durante años.

Al mismo tiempo, en el mundo en desarrollo hay billones de dólares en capital a la espera de ser invertidos por los inversionistas para obtener mayores rendimientos. Vemos que en los países en desarrollo existen enormes oportunidades para la inversión privada en ámbitos como la infraestructura, un sector crucial para generar crecimiento y empleo. Para subsanar este déficit de financiamiento, trabajaremos con los Gobiernos y usaremos nuestros recursos para reducir los riesgos y movilizar más inversiones del sector privado.

El 20 de marzo, iniciaré una visita a Tanzanía (i) y Rwanda (i) para observar los resultados obtenidos por estos países y qué lecciones podemos aprender a partir de sus innovaciones. Espero abordar el tema de la necesidad de una mejor coordinación con el sector privado en nuestros esfuerzos por ayudar a los Gobiernos de los países clientes a mejorar el clima para los negocios y movilizar recursos.

En estos tiempos de incertidumbre, el Grupo Banco Mundial acelerará su apoyo mientras los países de África al sur del Sahara trabajan para reformar y diversificar sus economías y restablecer el crecimiento. Los líderes comprenden que son necesarias las difíciles reformas de segunda y tercera generación, que son las que conducirán a una transformación estructural. Ellos saben que no pueden esperar por reformas sucesivas, sino que necesitan trabajar de manera paralela en muchos frentes distintos.

Este sentido de urgencia impulsará la labor del Grupo Banco Mundial en África en los próximos tres años. Trabajando juntos podremos ayudar a los países africanos a lograr el siguiente nivel de transformación económica y a satisfacer las aspiraciones de las personas a las que prestamos servicios.

Jim Yong Kim es el presidente del Grupo Banco Mundial.

Este artículo fue publicado originalmente en AllAfrica. (i)

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