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Hacer que los datos sean útiles para todos

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Cuando usted piensa sobre el fin de la pobreza y el impulso de la prosperidad compartida, (i) ¿qué se le viene a la cabeza? Muchas personas creen que esto se refiere a la construcción de escuelas y carreteras, el desarrollo de programas eficaces de redes de protección social, el mejoramiento de las instalaciones sanitarias, la disponibilidad de más y mejores empleos, y así sucesivamente… y con razón.

¿Pero cómo sabemos dónde construir estas carreteras y escuelas? ¿Cómo averiguamos quién necesita instalaciones sanitarias y qué tipo de habilidades existen en un determinado país para crear mejores planes de empleo? ¿Cómo sabemos dónde y qué clase de necesidades hay para establecer programas de protección social que realmente funcionen?

¿La respuesta? Datos. Buenos datos. Y una gran cantidad de estos. El documento Policy Research Report 2014: A Measured Approach to Ending Poverty and Boosting Shared Prosperity (Informe sobre investigaciones relativas a las políticas 2014: Un enfoque medido para poner fin a la pobreza e impulsar la prosperidad compartida), del Grupo Banco Mundial, examina cuidadosamente los avances y los desafíos de la medición y evaluación de los dos objetivos del Grupo Banco Mundial, y da especial atención a los datos.  

Los datos de buena calidad tienen tres características esenciales. Deben ayudarnos a aprender, lo que generalmente significa que a través del tiempo se debe recoger información parecida de una manera similar que permita comparar los datos de un año a otro. Además, deben ser oportunos, para ayudar a agilizar la toma de decisiones. Y, tercero, la calidad de la información recolectada no debe generar dudas.

Aunque parezca sorprendente, en muchos países del mundo todavía no tenemos buenos datos que nos permitan construir una sólida base de conocimiento acerca de cuántas personas son pobres, por qué son pobres y qué intervenciones podrían ser efectivas para sacarlas de la pobreza. Hace poco viajé a Indonesia y Filipinas, y pude apreciar directamente cómo los datos de buena calidad nos pueden ayudar a entender no solo el número de personas que viven por debajo de la línea de pobreza en un momento dado, sino que también a identificar a los que acaban de salir de esta situación, pero siguen siendo muy vulnerables a caer de nuevo en ella, y las fuentes de estas vulnerabilidades.

En ambos países, un minicenso del 40 % más pobre de la población fue utilizado para desarrollar un registro de los hogares de familias pobres y en situación próxima a la pobreza. Estas “bases de datos universales” se están usando ahora para orientar una variedad de programas de asistencia social y de desarrollo humano dirigidos a los hogares pobres y a los hogares vulnerables. Podemos y debemos enfocarnos en ambos grupos si queremos mejorar las vidas de los menos favorecidos en cada circunstancia específica; no solo con una perspectiva de corto plazo, sino que también con una visión de progreso ascendente y constante y de mejoramientos multigeneracionales.

Dentro de la comunidad del desarrollo, hablamos mucho sobre los déficits de datos y cuán importante es superarlos. Considere esta estadística: la prosperidad compartida (el aumento de los ingresos del 40 % más pobre de la población) durante la década pasada solo se puede medir correctamente para menos de la mitad de los países clientes del Grupo Banco Mundial. 

Las más recientes encuestas disponibles sobre el consumo de los hogares en África
Fuente: Equipo de prácticas de estadísticas de la región de África del Banco Mundial.

El Informe sobre investigaciones relativas a las políticas (i) nos presenta sólidos argumentos sobre por qué ahora es el momento de dejar atrás las discusiones y realizar acciones concretas para mejorar la calidad y la frecuencia de la recopilación de datos que permitan medir el avance de los dos objetivos e identificar los factores que impulsan el progreso en cada país. Nuestro diagnóstico sistemático del país debe basarse en más y mejores datos para crear una base sólida de evidencias que realcen el impacto de nuestro apoyo a los países, determinando las deficiencias de datos que afectan la calidad de esa evidencia.

Mejorar la calidad y la frecuencia de los datos requiere financiamiento e innovación, y la voluntad colectiva de la comunidad del desarrollo. Significa trabajar de otra manera para cerciorarnos de que no solamente sabemos cuántas personas viven en la pobreza extrema, o cuál es la tasa de crecimiento de los ingresos del 40 % más pobre de cada país, sino que podamos utilizar estos datos para descubrir qué se debe hacer para que los mercados, las instituciones, los Gobiernos y los organismos de desarrollo funcionen mejor para los pobres. Hacer que los datos sean parte integral de la agenda de desarrollo también demanda la formación de una comunidad diversa de partes interesadas que “abogan” por esta causa y exigen datos. Esto es posible si la comunidad del desarrollo y los Gobiernos intensifican sus esfuerzos para hacer que los datos estén disponibles de manera amplia, invitando al escrutinio y al flujo libre de ideas sobre el uso y las interpretaciones de los datos.

Como lo señala el Informe de investigaciones relativas a las políticas, (i) hacer que los datos sean útiles para todos requerirá esfuerzos de mejoramiento de la capacidad de los países para recoger y evaluar los datos, además de innovaciones en los métodos estadísticos y en las tecnologías de recolección de datos. La combinación de métodos estadísticos y de tecnologías de la información ofrece oportunidades que habrían parecido improbables incluso hace unos pocos años. Por ejemplo, los equipos del Banco Mundial están realizando estudios en terreno a través de teléfonos móviles para recopilar datos en tiempo real sobre el bienestar en áreas alejadas o frágiles. Además, están experimentando con sistemas para recolectar datos, subirlos a la “nube” con el fin de validarlos y el uso de ellos en modelos estadísticos para obtener cifras estimadas del bienestar de las personas de manera casi instantánea.

Dicho esto, debemos reconocer que no existe un atajo: la tecnología y los métodos estadísticos no ofrecen una solución mágica para los lugares donde no existen capacidades ni instituciones, por lo cual las inversiones en las capacidades y sistemas estadísticos nacionales deben ir a la par con una mayor innovación en las encuestas. Los costos de tales inversiones en relación con la ayuda total son modestos. El monto de los recursos que se necesitan para producir estos datos de buena calidad para una gran cantidad de países de ingreso bajo, se calcula en alrededor de US$300 millones anuales. (i)

Ahora es el momento de movilizar recursos reales y sostenidos para superar las deficiencias de datos, mejorar la calidad de ellos e impulsar las capacidades de los países de modo que esas faltas de datos no existan en el futuro. Esto proporcionará la base de evidencias para garantizar que las políticas sean oportunas, bien orientadas y eficaces para los pobres y los más vulnerables. ¿Qué estamos esperando?

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