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La educación de las niñas y el futuro de una nación

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Estudiantes en Berastagi, provincia de Sumatra Septentrional (Indonesia). © Axel Drainville vía Creative Commons.
Estudiantes en Berastagi, provincia de Sumatra Septentrional (Indonesia). © Axel Drainville vía Creative Commons.

En 1978, ambas comenzamos la escuela secundaria en Semarang, la ciudad donde vivíamos en ese entonces. El establecimiento está ubicado en una arteria principal en el centro de la ciudad, en un bonito edificio de estilo colonial holandés. La solidez de esa arquitectura encaja con la reputación que tenía nuestra escuela en aquella época: una institución encabezada por un director apasionado por su trabajo, que promovía la disciplina y el aprendizaje eficaz.

En nuestra escuela, todos los niños y las niñas teníamos las mismas oportunidades de aprender y progresar en los estudios. Esto es algo por lo que había luchado Raden Ajeng Kartini, heroína nacional y pionera de la defensa de los derechos de las mujeres y las niñas en Indonesia. La escuela contaba con todo el equipamiento necesario: laboratorios de química, física, biología y lenguas extranjeras. Fuimos afortunadas ya que tuvimos la oportunidad de recibir educación de calidad en una de las mejores escuelas públicas de Semarang y con prestigio a nivel provincial y nacional.

No solo avanzamos académicamente, sino que también disfrutamos de las variadas actividades extracurriculares que ofrecía la institución. Podíamos formar parte de los equipos de baloncesto o vóleibol, del coro de canciones tradicionales, del club de karate, del Pasukan Pengibar Bendera Pusaja (grupo encargado del izamiento de la bandera), así como de la dirección del consejo estudiantil. Nunca se discriminó a las niñas; todas siempre tuvimos las mismas oportunidades para destacar.

Hace 40 años no hubiéramos imaginado que integraríamos el mismo gabinete encabezado por el presidente Joko Widodo y el vicepresidente Jusuf Kalla. Si de una escuela puede salir la primera mujer ministra de Finanzas y la primera mujer ministra de Relaciones Exteriores de la República de Indonesia, este establecimiento y sus educadores deben estar haciendo las cosas bien. Muchos de nuestros excompañeros también sobresalieron en sus respectivos campos profesionales.

Además del respaldo de nuestros padres, debemos recordar que nuestros maestros estaban totalmente comprometidos con su función. Se esforzaban por prestar atención a todos sus estudiantes y consideraban que cada uno tenía el potencial para superarse si recibía los conocimientos y la inspiración necesarios. Sabían cómo motivarnos, educarnos y exigirnos para ser sobresalientes. Además, siempre nos decían que los niños y las niñas tenían las mismas oportunidades de perseguir las metas más ambiciosas.

Debido a que provenimos de familias numerosas, con muchos hermanos, nuestros padres solo podían enviarnos a una escuela pública. No obstante, nos motivaron para que estudiáramos mucho y pudiéramos acceder a la mejor escuela pública y obtener siempre buenas notas. Más allá de las obligaciones académicas, disfrutábamos formar parte de organizaciones escolares que nos ayudaban a perfeccionar nuestras competencias sociales para interactuar y colaborar dentro de un grupo, y lograr objetivos colectivos. Después de tres años en la escuela secundaria, nos graduamos con las mejores calificaciones y seguimos adelante con nuestros sueños en diferentes instituciones de educación superior, de acuerdo con nuestras respectivas esferas de interés.

Hoy en día, el Gobierno está haciendo un gran esfuerzo por invertir en el capital humano local. El sector de la educación recibe sistemáticamente nada menos que el 20 % del presupuesto nacional, es decir, unos 440 billones de rupias indonesias. Asimismo, la participación de las niñas en la educación ha sido buena, ya que la proporción entre niños y niñas matriculados en el sistema educativo es de uno a uno. La población de Indonesia llega a alrededor de 260 millones de personas, y la mitad son mujeres. Hay un enorme potencial derivado de la participación femenina en la economía, además de la función estratégica que las mujeres desempeñan dentro de sus familias.

En la actualidad, cerca del 45 % de la fuerza laboral de Indonesia trabaja en pequeñas y medianas empresas (pymes), y se observa una proliferación de pymes fundadas por mujeres (casi el 50 % de las actividades totales del sector). Si bien la participación femenina en el sector formal solo alcanza el 32 %, las mujeres contribuyen de manera significativa a la creación de empleo a través de dichas empresas.

En el último Informe sobre el desarrollo mundial se concluyó que para impulsar el crecimiento económico a largo plazo y la prosperidad compartida en un país se requerirán inversiones en capital humano considerables. También se reiteró que la escolarización sin aprendizaje impide a los estudiantes aprovechar al máximo su potencial.

El presidente Jokowi comprende perfectamente que las elevadas asignaciones presupuestarias para educación deben estar reafirmadas por un proceso de aprendizaje eficaz. Esto preparará a la población general para las oportunidades y los desafíos del mañana, en particular en el caso de las niñas. Ampliar la calidad de la educación será un tema central, que incluirá mejorar la gestión de las escuelas, la calidad de los docentes, los procesos de aprendizaje y los programas educativos.

El Gobierno se ha comprometido a garantizar que las limitaciones financieras individuales no sean un obstáculo para que los niños indonesios accedan a la educación. Cuando una familia tiene dificultades financieras, habitualmente los hijos varones –y no las hijas— son los que reciben las oportunidades educativas. Se han iniciado varios programas para respaldar a los más pobres y vulnerables. A través de una importante iniciativa de educación, denominada Indonesia Pintar, se proporciona asistencia en efectivo proveniente del presupuesto nacional a 20,3 millones de niños y jóvenes de 6 a 21 años para ayudarlos a financiar su educación.

La inversión en capital humano abrirá las puertas al futuro de nuestra nación. Ante la aparición de las diferentes innovaciones tecnológicas, los jóvenes talentos de Indonesia deberán prepararse para los empleos del mañana. Ellos serán el principal factor económico que conduzca a un crecimiento más inclusivo y a una clase media en continua expansión. La función de la mujer es clave en esta búsqueda de la prosperidad compartida para todos.

Las inversiones en educación que se realizaron hace varias décadas han generado oportunidades para que nosotras dos trabajemos por Indonesia, el país que amamos. En la reunión escolar a la que asistimos recientemente, agradecimos a nuestros maestros por su pasión y por haber esparcido las semillas del conocimiento y la inspiración. Hay muchas mujeres que han demostrado que pueden destacarse en el plano laboral y, al mismo tiempo, ser excelentes madres para sus hijos.

El Gobierno está trabajando arduamente para establecer las bases de una nación próspera a través de inversiones en el capital humano de Indonesia. Esperamos que haya más mujeres preparadas para conducir a nuestro país a su época de esplendor.

Publicado originalmente en la revista Tempo (i) y en LinkedIn.

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