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La lucha contra el ébola es también una lucha contra la desigualdad

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A woman walks by an Ebola awareness sign in Freetown, Liberia. © Tanya Bindra/UNICEF
Una mujer camina por un signo de la conciencia del Ebola en Freetown, Liberia. ​© Tanya Bindra/UNICEF



Como lo demuestra la propagación del virus del Ébola en África occidental, la importancia de reducir la desigualdad es clarísima. La batalla contra el virus es una lucha en muchos frentes: los principales son las vidas humanas y la salud.

Pero la lucha contra el ébola es también una lucha contra la desigualdad. En los países de ingreso alto e ingreso mediano existen los conocimientos y la infraestructura para brindar tratamiento a los enfermos y contener el virus. Sin embargo, por muchos años, hemos fracasado en dar acceso a esos conocimientos e infraestructura a las personas de bajos ingresos de Guinea (i), Liberia (i) y Sierra Leona (i). Actualmente en esos países están muriendo miles de personas porque, en la lotería del nacimiento, nacieron en el lugar equivocado.

Si no detenemos el virus del Ébola ahora, la infección continuará propagándose a otros países e incluso a otros continentes, como hemos visto con la confirmación del primer caso de ébola en Estados Unidos la semana pasada. Esta pandemia muestra el costo letal de la desigualdad en el acceso a los servicios básicos y las consecuencias de nuestro fracaso en la resolución de este problema.
El avance del virus está fuera de control en Guinea, Liberia y Sierra Leona. En consecuencia, nuestra capacidad para impulsar la prosperidad compartida en África occidental —y potencialmente en todo el continente— puede estar disminuyendo en forma acelerada.

Según la hipótesis más favorable del Banco, el ébola causará la pérdida de cientos de millones de dólares correspondientes al crecimiento económico de los países afectados. Este es un problema muy grave. Estos Estados están saliendo de años de guerras y conflictos civiles, que han contribuido al bajo nivel de su ingreso per cápita. Por lo tanto, el crecimiento es esencial para aliviar las terribles condiciones en las que viven millones de ciudadanos. Si la pandemia continúa expandiéndose a otros países, la pérdida de crecimiento podría escalar a decenas de miles de millones de dólares o incluso más. Entonces, a menos que detengamos el avance de la infección ahora mismo, habrá poca prosperidad para compartir, sin hablar ni siquiera de la cantidad de personas que ya no tendrán la posibilidad de acceder a lo que quede.

La respuesta mundial hasta la fecha ha sido inadecuada, ha sido doloroso ver que repetimos los fracasos de epidemias anteriores.


A comienzos del siglo XXI, se calculaba que había unos 24 millones de personas infectadas con VIH en África. Si bien existían tratamientos eficaces contra el virus para quienes tenían recursos, las personas de ingreso bajo del continente no tenían acceso a ellos debido a la falta de imaginación y a las escasas aspiraciones a la hora de ayudar a los pobres. Algunos expertos en salud a nivel mundial consideraban que proporcionar un tratamiento eficaz contra el VIH a las comunidades de ingreso bajo era demasiado difícil y costoso. Hoy, en cambio, más de 10 millones de personas pobres de todo el mundo reciben tratamiento para este virus.

Hemos cometido errores similares en nuestros intentos por combatir el ébola en África occidental, a pesar de que recibimos repetidas advertencias de los Gobiernos de los países afectados, de Médicos Sin Fronteras (i) y otros. Por eso, ahora tenemos que ponernos al día.

Para determinar cómo podríamos contribuir a lograr una respuesta coordinada (I), el Grupo Banco Mundial buscó a expertos en enfermedades infecciosas que habían trabajado en el terreno implementando protocolos complejos de contención y tratamiento en países de ingreso bajo. Los envió a Guinea y Liberia. A partir de lo que vieron, estos especialistas nos dijeron que, si realizamos un gran avance ahora, podremos tratar a los enfermos y contener el virus. No es tan difícil preparar la infraestructura necesaria, y contamos con protocolos para limitar la propagación de la infección. Sobre todo, nos dijeron que una demora más prolongada complicará exponencialmente la aplicación eficaz de las medidas de respuesta.

Ahora estamos actuando aceleradamente para hacer lo que nos corresponde. El Grupo Banco Mundial ha transferido US$105 millones de financiamiento de emergencia a Guinea, Liberia y Sierra Leona para garantizar que los Gobiernos de dichos países cuenten con dinero en efectivo para adquirir equipos y servicios esenciales para luchar contra el ébola. En total, hemos prometido US$400 millones en respaldo de medidas de tratamiento y contención. Y hemos destinado una considerable cantidad de nuestros recursos analíticos para demostrar que la acción inmediata permitirá ahorrar cientos de millones de dólares, si no varios miles de millones.

También se están materializando otros componentes de la respuesta mundial coordinada. En las últimas semanas, hemos observado importantes medidas iniciadas por el presidente Obama y Estados Unidos; los Gobiernos de Gran Bretaña y Francia también están reforzando sus intervenciones.

No obstante, debido a la magnitud y el rápido aumento de la epidemia, se necesitan más progresos. De concretarse la situación menos favorable y las estimaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos que hasta 1,4 millones de personas podrían infectarse, el impacto del virus será verdaderamente mundial.

Los ciudadanos que se preocupan por esta situación deben exigir asignaciones inmediatas de capital y recursos humanos para los países afectados. De otro modo, miles de personas más morirán innecesariamente, y se puede llegar a producir una catástrofe económica.


El artículo apareció originalmente en el Huffington Post (i).

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ENVIADO POR Elena Iturriza el

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