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Las medidas relacionadas con el clima no requieren hacer sacrificios económicos

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Hace más de dos décadas, el mundo acordó que era necesario enfrentar el cambio climático.
 
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) surgió en 1992, generando una variedad de foros de negociación con el objetivo de prevenir los efectos catastróficos del calentamiento del planeta provocado principalmente por sociedades que contaminan.
 
Es fácil pasar por alto los avances que se han producido desde entonces, porque todavía tenemos un largo camino por recorrer. Las sequías, las inundaciones y los ciclones que ya parecen ser lo normal son solo las advertencias más recientes de lo que viene, y prevenir males peores requiere medidas inmediatas y enérgicas para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), logrados después de un proceso de consultas extraordinario en todo el mundo, muestran qué debe hacerse para promover un crecimiento estable que termine con la pobreza y beneficie a todos —especialmente a las personas más necesitadas y vulnerables— en un planeta que ha sido transformado por el cambio climático.
 
Dos realidades simples y sorprendentes aparecen incorporadas en la implementación de cada uno de los 17 ODS:

  • Si continúa nuestra actual trayectoria de emisiones, no hay posibilidades que alcancemos los ODS para la fecha límite de 2030.
  • Si no se invierte en una mayor capacidad de adaptación al cambio climático, tampoco es posible la consecución de dichos objetivos. 

El trabajo realizado a partir de la CMNUCC ofrece las respuestas que necesitamos. La ciencia es clara y los aspectos económicos son convincentes. Mientras esperamos la conferencia sobre el cambio climático de diciembre en París, necesitamos voluntad política y moral para dar los pasos necesarios.
 
Desde la perspectiva del Grupo Banco Mundial, estos pasos requieren crear sociedades con capacidad de adaptación al clima, mediante un crecimiento con bajos niveles de carbono y con un financiamiento adecuado. La magnitud de la labor necesaria para cumplir con el desafío implica la transformación de nuestras economías.
 
Eso significa financiamiento, y en grandes cantidades. El financiamiento necesario para una transición ordenada hacia una economía que crece con bajos niveles de emisiones de carbono y con capacidad de adaptación se estima en billones, no en miles de millones, para garantizar que los países, las ciudades y las comunidades puedan enfrentar los impactos del cambio climático.
 
La buena noticia es que las medidas relacionadas con el clima no requieren hacer sacrificios económicos. La aplicación de políticas acertadas puede arrojar como resultado beneficios económicos, sanitarios y climáticos, como lo muestra nuestro informe “La suma de los beneficios” (i).
 
Los bancos multilaterales, como el Grupo Banco Mundial, tienen un papel que desempeñar. Según lo indicó un informe publicado en junio, en el último año hemos entregado más de US$28 000 millones en financiamiento para medidas relacionadas con el clima y hemos movilizado más recursos de otras fuentes. No obstante, esto es apenas una parte de lo que se necesita.
 
Un paso clave y necesario, aunque no suficiente, es fijar el precio del carbono (i) —la causa principal del cambio climático-- para hacer que la generación de energía eléctrica con combustibles fósiles y las excesivas emisiones resultantes sean más caras. Al menos 40 países y más de 20 ciudades, estados y provincias usan ahora un precio del carbono, o planean hacerlo. Esto ayuda a crear el incentivo económico para abandonar la dependencia de los combustibles fósiles y elegir opciones de desarrollo con bajos niveles de emisiones de carbono.
 
La movilización de financiamiento privado y los billones de dólares que maneja este sector, también es esencial para el logro de los objetivos. Como un ejemplo de la nueva forma de pensar que se necesita, el Banco Mundial ha ayudado a liderar la emisión de bonos verdes, un mecanismo novedoso que los inversores privados pueden usar para apoyar las medidas relativas al clima.
 
Nuestro enfoque es de gran alcance. Apoyamos la transformación energética que ya está en marcha. Esto lo hacemos, ayudando a los países para que empiecen a usar la energía solar y eólica, y otras formas de energías renovables. También damos asistencia a los agricultores para que puedan adoptar nuevas tecnologías, nuevas formas de alimentar a su ganado y nuevas variedades de cultivos, a medida que se adaptan a un clima cambiante.
 
Hemos visto que esta estrategia funcionó en Viet Nam, donde un proyecto destinado a cambiar las prácticas de cultivo de arroz hizo descender el uso del agua en un 20 % y disminuyó las emisiones de gases de efecto invernadero (i). Los positivos resultados han llevado a una ampliación de los esfuerzos en el delta del Mekong. Ahora, en un periodo de cinco años, se espera que el proyecto ayude a la reducción de unas 2,5 millones de toneladas de emisiones de CO2 equivalente.
 
Los cambios aparentemente simples pueden marcar una gran diferencia. En Bangladesh, por ejemplo, un proyecto del Banco está construyendo más de 500 nuevos refugios hechos de acero para las personas que están más vulnerables a los efectos del cambio climático (i). Los albergues funcionan como escuelas primarias, ofreciendo al mismo tiempo cobijo cuando ocurre un desastre.
 
Los ODS se alcanzarán en una era determinada en gran medida por el cambio climático. Sabemos que tenemos que avanzar hacia una cantidad de cero emisiones de carbono a finales del siglo. No dejemos para mañana lo que tenemos que hacer hoy.
 
Rachel Kyte es vicepresidenta y enviada especial para el Cambio Climático del Grupo Banco Mundial. Esta publicación forma parte de la serie "What's Working: Sustainable Development Goals" (Qué funciona: Objetivos de Desarrollo Sostenible) producida por The Huffington Post, en conjunto con el programa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.
 

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