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Los jóvenes y la consolidación de la paz: una “función de teatro” a la vez

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Según Aristóteles “los buenos hábitos adquiridos en la juventud marcan la diferencia”, y ¡qué gran diferencia está haciendo un grupo de jóvenes libaneses (hombres y mujeres) que abogan por la paz!

Sus edades fluctúan entre los 16 años y los 25 años. Son pobres y están desempleados. En el pasado lucharon, literalmente, unos contra otros en Trípoli, una ciudad libanesa dividida por grupos sectarios. Los suníes del barrio de Bab al-Tabbaneh y los alauíes del barrio de Jabal Mohsen se enfrentaron en reiteradas ocasiones.

Pero a comienzos de 2015, el Gobierno declaró un cese al fuego que puso fin a las series interminables de feroces enfrentamientos y restauró la calma en la ciudad.

En ese momento fue cuando representantes de una organización sin fines de lucro libanesa, que promueve la paz mediante el arte, fueron hasta Trípoli para realizar un tipo diferente de “reclutamiento”: uno en favor de la paz. March (i) congregó a los jóvenes para que fueran parte de ¡una obra de teatro!

El grupo organizó audiciones en las que pudieron participar más de 100 jóvenes de los dos barrios, y 16 de ellos fueron seleccionados: ocho de cada “bando”. La idea era simple: escribir y producir una comedia que se basara en sus vidas, y que fuera interpretada por aquellos que quisieran ser actores y presentada en todo Líbano. El proyecto los juntó e hizo que dejaran de ser actores de la guerra para convertirse en actores de teatro.

La obra, titulada “Amor y guerra en la azotea: Un relato de Trípoli”, (i) cuenta la historia de un director teatral de la ciudad que adapta la obra “Romeo y Julieta” de Shakespeare, usando un estilo y protagonistas locales: Ali de Jabal Mohsen y Aisha de Bab al-Tabbaneh. Aisha es asesinada por su furioso hermano, al descubrir que ella se había escapado con Ali para casarse a pesar de la oposición de ambas familias.

Identificar los problemas para solucionar el conflicto

El proyecto arroja luz acerca de numerosos problemas existentes en torno al conflicto, que abarcan desde las distintas razones detrás del mismo hasta cómo encontrar una solución sostenible que eventualmente lleve a la paz.

“No debemos subestimar la facilidad con la que personas comunes y corrientes se pueden transformar en extremistas [religiosos] cuando viven en condiciones de injusticia, carencias, abuso de drogas y desesperación”, dijo Lea Baroudi, cofundadora de March, durante la proyección de un documental acerca del proyecto, realizada recientemente en la sede del Banco Mundial en la ciudad de Washington.
“Aquí es donde la sociedad civil y la comunidad internacional en general tuvieron la oportunidad de actuar, y actuar de inmediato”, señaló.

Actuar ya, agregó, incluye “crear empleos sostenibles para ellos; incentivarlos a aprender; proveerles espacios para actividades sociales y culturales; combatir el consumo de drogas y, lo más importante, brindarles la oportunidad de expresarse, escuchándolos y garantizándoles sus derechos básicos y tratándolos como ciudadanos en condiciones igualitarias”.

Para tomar medidas, necesitamos mirar más allá del problema del empleo, dijo Alexandre Marc, especialista jefe en fragilidad, conflicto y violencia del Banco Mundial. Agregó que este tema es muy importante, pero lo “verdaderamente interesante es cuando vemos programas muy profundos como este que abordan problemas que no se relacionan en verdad con el empleo. Ellos están, realmente, dándoles un sentido a esas personas; ayudándolas”.

Al abordar el tema del empleo tenemos que hacerlo con una mirada más amplia, tal como se hizo en el proyecto, y preguntarnos qué tipos de problemas enfrentan los jóvenes, añadió.

Marc también puso énfasis en el hecho que la juventud forma parte de una comunidad. “Lo que se debe hacer con mayor eficacia es realmente ocuparse de la comunidad”. Señaló que lo destacable del programa es que encaró los problemas comunitarios, llevando a cabo actividades orientadas a la propia comunidad, y trabajando con ella para solucionar los problemas de la juventud.

Es mucho más efectivo concentrarse en la comunidad que en los jóvenes de manera individual”, concluyó Marc.

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