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Los países más pobres enfrentan graves riesgos relacionados con el clima

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A man walks through a flooded rice field. © Nonie Reyes/World Bank

El agua marina aumenta en las costas de Bangladesh. (i) El suelo contiene mayor cantidad de sal (i) a medida que el mar invade la tierra. Como resultado de ello, los agricultores ven disminuir sus cultivos. Las comunidades se debilitan porque los adultos en edad de trabajar se van a las ciudades. Los peces de agua dulce desaparecen, provocando una reducción de la cantidad de proteína en las dietas de la población local. Y en la estación seca, las madres tienen que racionar el agua potable que dan a sus hijos para beber, llegando en algunas áreas a tan solo dos vasos al día.
 
El cambio climático, (i) por fin, está siendo tomado con seriedad en el mundo desarrollado, no obstante en general es visto como una amenaza futura que debe abordarse en los próximos años. Para las personas pobres en los países pobres, en particular aquellas que viven en las zonas costeras, los deltas de los ríos o islas, este problema es un peligro claro y actual y, cada vez más, una realidad que tiene una posición dominante.

Sin la adopción de medidas rápidas, el panorama es desalentador. El Banco Mundial estima que los impactos del cambio climático —tales como desastres naturales, sequías, inundaciones y alzas de los precios de los alimentos, cuya frecuencia aumenta cada día— podrían sumir en la pobreza a otros 100 millones de personas a fines de 2030.
 
Se espera que las regiones más afectadas sean África (i) y Asia meridional. (i) En África, un menor rendimiento de los cultivos podría dar lugar a un aumento del 12 % en los precios de los alimentos, en una región donde las personas gastan hasta el 60 % de sus ingresos en comida. ¿El resultado? Un aumento del 23 % en el retraso grave del crecimiento debido a la malnutrición. (PDF, en inglés)
 
Si realmente nos proponemos poner fin a la pobreza extrema y cumplir el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, entonces debemos actuar ahora para ayudar a los países pobres que enfrentan el rápido agravamiento de los impactos del cambio climático. Una parte de este esfuerzo es el fondo del Banco Mundial para los más pobres, el cual está integrando el desarrollo y las medidas relacionadas con el clima de una manera que no se ha hecho antes.
 
La buena noticia es que sabemos lo que da resultado, y muchas de estas soluciones ya se están aplicando en el terreno. Me gustaría destacar tres áreas fundamentales:
 
En primer lugar, la agricultura (i) es la principal fuente de ingresos para el 70 % de los pobres del mundo que viven en zonas rurales. Será esencial ampliar el uso de prácticas agrícolas inteligentes con respecto al clima si los países se proponen obtener seguridad alimentaria en el largo plazo y, al mismo tiempo, reducir la pobreza. En Senegal, el Banco Mundial ayudó a un grupo de científicos a desarrollar siete nuevas variedades de sorgo y mijo perla resistentes a la sequía (i) y adaptadas a las condiciones de cultivo locales. Las nuevas semillas produjeron, en promedio, entre 1 tonelada y1,5 toneladas más por hectárea que las variedades tradicionales. Estas semillas han sido distribuidas a cooperativas agrícolas en todas partes del país.
 
En segundo lugar, el cambio climático y los desastres constituyen grandes obstáculos en la lucha contra la pobreza. Esta es una razón por la cual se examinan estos riesgos en todos los proyectos del Banco Mundial en los países más pobres y los programas se ajustan siempre que sea posible. Los programas de protección social que son lo suficientemente flexibles para responder a un clima cambiante son una de las herramientas más poderosas para propiciar la capacidad de recuperación de las personas. Cuando las sequías de 2011 causaron escasez de alimentos y hambrunas en Etiopía (i), el país amplió la cobertura de su Programa de Redes de Protección Social Productivas (i) de 6,5 millones a 9 millones de personas en solo dos meses, e incrementó la duración de los beneficios de seis a nueve meses. Estas redes de protección social continúan siendo asequibles, y han reducido la exigencia de realizar intervenciones humanitarias costosas.
 
Otra necesidad urgente es la infraestructura con capacidad de resistencia, es decir caminos, puentes y edificios que puedan soportar fenómenos meteorológicos y climáticos extremos. En Mozambique, (i) luego de inundaciones que causaron daños generalizados en 2013, el Banco Mundial trabajó con el Gobierno para garantizar que la construcción de los caminos se realizara conforme a estrictas normas de capacidad de adaptación al cambio climático, y ayudó a aplicar de manera experimental diseños mejorados y nuevas técnicas de mantenimiento.
 
Por último, están surgiendo también nuevas oportunidades de combatir el cambio climático y la pobreza a medida que baja el precio de la energía renovable. (i) La energía solar y otras fuentes renovables representan la posibilidad de ofrecer energía asequible y confiable a áreas desatendidas, como comunidades rurales y apartadas, y barrios de tugurios urbanos. La energía renovable puede ayudar a los países, durante su proceso de desarrollo, a no tener que depender de los combustibles fósiles y evitar la generación de grandes cantidades de emisiones. En el Banco Mundial, tenemos el firme compromiso de contribuir con 5 gigavatios en nueva capacidad de energía renovable, suficiente para proveer electricidad a 25 millones de hogares de los países más pobres en los próximos tres años.
 
Probablemente, algunas de las soluciones más innovadoras provendrán de los países y las comunidades más afectadas mientras luchan por adaptarse al cambio climático. La función de las mujeres será especialmente importante. Las mujeres son más vulnerables que los hombres a los impactos del clima, no obstante ellas también tienen una posición de liderazgo, por ejemplo, al crear cooperativas de agua, probar nuevas técnicas agrícolas y usar energía sin conexión a la red para proporcionar electricidad a empresas pequeñas.
 
Estos países y comunidades, que están a la vanguardia de la lucha contra el cambio climático, merecen nuestro pleno respaldo. La inacción no es una alternativa. En un mundo interconectado, el cambio climático puede contribuir a la inestabilidad —precios de los alimentos más altos, conflictos y migración— que fácilmente puede traspasar las fronteras. Y el retraso no es una opción. Tenemos ahora una oportunidad de ayudar a los países pobres a aumentar su capacidad de resistencia y a prepararse para el cambio climático. Los próximos años serán cruciales. Mientras más esperemos, mayor será el costo, en términos de recursos, voluntad política y, sobre todo, de sufrimiento humano.

Este artículo fue publicado por primera vez en Huffington Post.

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