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Los precios de alimentos y el bebé 7.000 millones

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Alerta por la crisis mundial de los alimentos

La turbulencia económica no se circunscribe únicamente a Wall Street y las bolsas de todo el mundo. La volatilidad también está afectando a los precios mundiales de los alimentos, y con ellos, a millones de personas en los países en desarrollo.

Por lo tanto, al mismo tiempo que el mundo celebra el nacimiento del bebé 7.000 millones esta semana, su familia podría estar luchando por poner comida en la mesa.


Los pobres de los países más vulnerables fueron los más afectados, primero por las alzas récord de 2008 y luego por el aumento de febrero de 2011. Aunque los precios mundiales de los alimentos cayeron desde el máximo alcanzado en febrero de 2011 y registraron una nueva baja marginal en septiembre,  siguen estando 19% por sobre los niveles de septiembre de 2010 y son ahora muy volátiles, sobre todo en los países más pobres.


Según el nuevo informe trimestral del Grupo del Banco Mundial Alerta sobre precios de los alimentos, publicado esta semana antes de la Cumbre del Grupo de los Veinte (G-20) en Cannes, Francia, los precios de los cereales aumentaron en 30% (entre septiembre de 2010 y el mismo mes de 2011), el maíz subió en 43%, el arroz en 26% y el trigo en 16%, mientras que el aceite de soja lo hizo en 26%. Sin embargo, durante el último trimestre, el alza del 3% en el precio de los cereales fue casi totalmente compensada por la baja del 3% en los precios de las grasas y aceites.


Se podría pensar entonces que si algunos precios subieron y otros bajaron, eso es mejor que solo tener los precios por las nubes. Así, la volatilidad crea incertidumbre y todos hemos experimentado lo que ella puede producir en los mercados y la economía en general.

En relación con los precios de los alimentos, la volatilidad y la incertidumbre pueden ahuyentar las inversiones esenciales a mediano y largo plazo en la agricultura y forzar medidas desesperadas de las familias pobres en el corto plazo, tales como sacar a los niños de la escuela. Del mismo modo, en un ambiente volátil, los beneficios de los altos precios son efímeros para los productores de alimentos, por lo que nadie termina beneficiado a la larga.

Al futuro incierto del bebé 7.000 millones, que ya nació en medio de la turbulencia económica mundial, se agregan los acontecimientos en Tailandia y en el Cuerno de África.

Tailandia acaba de sufrir las peores inundaciones en 50 años, con pérdidas estimadas de entre 16% y 24% en la producción total. En el intertanto, la crisis alimentaria continúa en el Cuerno de África, afectando a más de 13,3 millones de personas en la región, lo que representa 1 millón más que en agosto.

Entonces, ¿qué sigue? Las proyecciones más recientes indican que algunas reservas mundiales, como la de trigo, y la producción de maíz y arroz subirían, lo que aliviaría en parte la presión sobre los precios de los alimentos. Además, la débil recuperación de la crisis económica mundial podría reducir la demanda y con ello se reducirían los precios. Esto, unido a los esfuerzos que se esperan del G-20 y la comunidad internacional para mejorar la seguridad alimentaria y las respuestas a la crisis, debería ayudar.

Esperemos que estas medidas garanticen que el bebé 7.000 millones —y millones de otras personas pobres y vulnerables— pueda vivir en un mundo menos volátil e incierto.

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