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República Democrática del Congo: una historia sobre el ébola con un final diferente

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© WHO/S.Oka
© Organización Mundial de la Salud (OMS)/S.Oka

El noveno brote de ébola que se declaró el 8 de mayo en la República Democrática del Congo finalizó oficialmente hoy después de transcurrir 77 días y causar 28 muertes. Para las familias de estas 28 víctimas fatales, el anuncio arriba demasiado tarde, ya que un ser querido falleció a causa de una enfermedad que se podría prevenir y tratar. Eso es siempre una tragedia innecesaria.
 
Hoy es también un día para reconocer que hemos dado un paso muy importante para romper el ciclo de pánico y negligencia cuando se producen los brotes. Solo hace dos meses y medio, existía la posibilidad de que se produjese otra pandemia: parecía probable que un brote de ébola en tres provincias remotas, que se propagó de manera rápida a Mbandaka, una ciudad ubicada cerca del río Congo, se extendería velozmente por todo el país o incluso por la región.

Sin embargo, gracias a su determinación y esfuerzo, los congoleses y el Gobierno de la República Democrática del Congo hicieron frente al ébola contra todo pronóstico. Y queda claro que la comunidad mundial ha aprendido ciertas lecciones luego del brote de ébola que afectó a África occidental en 2014.
 
El Gobierno de la República Democrática del Congo presentó rápidamente un plan de tres meses por un monto de alrededor de USD 57 millones para una respuesta conjunta al ébola con asociados internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF. El esfuerzo de respuesta se financió completamente en solo dos días; varios donantes hicieron aportes después de que el Gobierno entregó un monto inicial de USD 4 millones. El Banco Mundial ya había realizado importantes inversiones en el sistema sanitario de la República Democrática del Congo, incluido un compromiso de USD 15 millones para la vigilancia de enfermedades que se puso a disposición de manera inmediata para responder al brote. Y por primera vez activamos el servicio de efectivo de nuestro Mecanismo de Financiamiento de Emergencia para Casos de Pandemia (MFEP) recientemente creado, que proporcionó una donación de USD 12 millones para apoyar esfuerzos de respuesta directos.
 
El financiamiento oportuno significó que se pudo emprender de manera sistemática una respuesta sólida al ébola en un periodo de unas pocas semanas. Los equipos efectuaron prontamente tareas de vigilancia epidémica y de búsqueda de contactos, haciendo seguimiento tanto de los pacientes como de aquellas personas que tuvieron contacto con los enfermos a fin de observarlos y entregarles tratamiento. La revisión en aeropuertos, mercados y cruces fronterizos ayudó a contener la propagación de la enfermedad. Y la primera gran campaña proactiva de vacunación llevada a cabo durante un brote benefició a más de 3000 personas en la República Democrática del Congo. En esa campaña se usó una vacuna contra el ébola que resultó eficaz en una prueba clínica en Guinea en 2015, pero que llegó demasiado tarde y no fue de utilidad en ese brote. El Gobierno de la República Democrática del Congo también impulsó una novedosa campaña de información de salud pública en la que participaron las iglesias y los líderes comunitarios que usaron la radio para difundir consejos sobre higiene y prevención y limitar la transmisión de la enfermedad.
 
Una de las principales lecciones derivadas del brote de ébola registrado en África occidental en 2014 fue que el financiamiento es uno de los factores más importantes que determina cuán mortífero puede ser un brote. El financiamiento para la respuesta a las pandemias debe ser rápido y robusto, de modo que el Gobierno y el personal de socorro internacional se puedan concentrar en combatir el brote y salvar vidas, y no en recaudar fondos. Durante los meses en que se solicitaron contribuciones en 2014, el dinero fluyó lentamente mientras la cantidad de muertos aumentó. Al final, más de 11 000 personas fallecieron y las economías de Liberia, Guinea y Sierra Leona sufrieron daños a largo plazo valorados en miles de millones de dólares. Un financiamiento inicial en gran cuantía es crucial para asegurar una respuesta rápida.
 

©  Ministerio de Salud, República Democrática del Congo

En los años previos a 2014, no existía tampoco financiamiento adecuado para la preparación para casos de pandemias, una tarea para la cual se necesitan inversiones a largo plazo en vigilancia de enfermedades y sistemas sanitarios sólidos a nivel de los países. Al tener un sistema nacional consolidado, la población puede recibir servicios de salud de manera más rápida, incluso en las zonas más remotas, y los brotes pueden detectarse a tiempo. Si los primeros casos de ébola en los pueblos de Guinea se hubieran diagnosticado y tratado de forma adecuada en 2013, el brote no se habría convertido en una pandemia.
 
Después de la experiencia con el ébola en 2014, el Banco Mundial dijo, ‘nunca más’. Y en los tres años transcurridos, hemos logrado avances con respecto a ese compromiso para ayudar a fortalecer la preparación para casos de pandemia y los sistemas de respuesta. Estamos invirtiendo en preparación para casos de pandemia en 25 países de ingreso bajo, en seguridad sanitaria en la región de Asia oriental y el Pacífico, y en programas regionales de vigilancia de enfermedades en diferentes países de África oriental (i) y África occidental. (i)
 
En relación con la respuesta a las pandemias, trabajamos con donantes como Japón, Alemania y Australia —así como con el sector de los seguros en todo el mundo— para crear el Mecanismo de Financiamiento de Emergencia para Casos de Pandemia (MFEP), (i) que empezó a funcionar en junio de 2017. El mecanismo se diseñó expresamente para responder de manera rápida a brotes mediante una novedosa combinación de donaciones en efectivo y seguros contra pandemias por un monto de hasta USD 425 millones para brotes de grandes proporciones y que afecten a varios países. Hoy, por primera vez, los 77 países más pobres del mundo tienen seguros contra las amenazas de pandemias.
 
Todas estas inversiones, junto a iniciativas globales más amplias como el nuevo Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, marcaron la diferencia esta vez; sin embargo, no podemos bajar la guardia. Siempre se registrarán brotes de enfermedades, [pero] una pandemia es una opción. Los brotes se convierten en pandemias si no estamos preparados para organizar una respuesta robusta y oportuna. No podemos perder tiempo, y debemos aprovechar las enseñanzas extraídas en la República Democrática del Congo para estar aún mejor preparados para el siguiente brote importante, cuando sea y dondequiera que ocurra.

Este blog ha sido publicado originalmente en Inglés en LinkedIn

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