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Por qué debemos salvar el océano

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Disponible en: Inglés

No hay prácticamente un lugar mejor para centrarse en el océano que Ciudad del Cabo en Sudáfrica. Con la espectacular cordillera de los Doce Apóstoles como telón de fondo, solo una calle angosta nos separaba de la costa atlántica que rodea a esta ciudad. El 20 de marzo, asistí a la primera reunión de la Comisión Océano Mundial, un nuevo grupo de trabajo independiente integrado por líderes internacionales que buscan formas de proteger la alta mar.

Cuando el Ministro Trevor Manuel de Sudáfrica me invitó a participar como comisionario, no lo dudé. Soy indonesio, y por lo tanto entiendo muy bien la situación y el valor de los océanos. En el Banco Mundial, hemos estado participando en el desarrollo de una Alianza Mundial a favor de los Océanos (GPO, por sus siglas en inglés), una coalición de más de 125 grupos cuyo objetivo es aumentar la inversión y la colaboración en pro de un océano saludable que pueda hacer más para reducir la pobreza.

El 12 de febrero de 2013 se produjo el lanzamiento de la Comisión Océano Mundial, con el objetivo de desarrollar ideas sobre políticas y crear coaliciones internacionales para revertir la degradación de la alta mar, la parte del océano que no está bajo la jurisdicción de ninguna nación. Por esa razón, la comisión es un potente complemento de la GPO, que se centra principalmente en respaldar los esfuerzos de los países para mejorar la gestión de sus aguas costeras.

Si se me pregunta cuál es nuestro mayor desafío, yo diría que es convencer a los políticos, que tienen que enfrentar los asuntos internos cotidianos, que el océano es importante.

Durante mi estadía en Ciudad del Cabo, escuché mucha ciencia concluyente y vi un montón de datos económicos convincentes. Seamos claros, los hechos son elocuentes. Si no actuamos, el futuro del océano —y por extensión el nuestro— es sombrío.

Aquí lo presento en pocas palabras: Mil millones de personas de los países en desarrollo dependen del pescado como su principal fuente de proteínas, y 350 millones de empleos están vinculados a la salud de los océanos. Sin embargo, el 57% de las pesquerías oceánicas están totalmente explotadas. Otro 30% están sobreexplotadas, agotadas o en recuperación. Una parte creciente de importantes hábitats marinos como los arrecifes de coral, los manglares y las praderas marinas se están destruyendo o degradando. Para conocer los efectos, vea este video.

Los problemas del océano son tanto mundiales como locales. Nos afectarán a todos muy pronto, sin importar dónde vivamos. Fueron creados principalmente por el hombre, causados por la pesca excesiva, la pérdida de hábitat, la contaminación, y la acidificación y el calentamiento vinculados al cambio climático. No faltan tratados y compromisos internacionales para abordar estos desafíos. Sin embargo, la génesis del derecho del mar, la naturaleza de muchos tratados y la extensión misma del océano hacen que sea difícil imponer el buen comportamiento. Por el contrario, los países compiten por los recursos del océano, a menudo ignorando el impacto.

Sin embargo, no todo es pesimismo. Hay historias de éxito relacionadas con la inversión de los efectos, y las poblaciones de peces se pueden recuperar si tenemos la voluntad de actuar rápidamente.

Es por eso que resulta oportuno el trabajo de la Comisión Océano Mundial. Junto con la Alianza Mundial a favor de los Océanos y otras iniciativas, debemos pedir atención y medidas urgentes para restaurar la salud del océano. Este es un desafío mundial que se puede y debe superar, y los beneficios de hacerlo serán enormes para las naciones costeras e insulares de todo el mundo.

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