Syndicate content

SIDA 2012: Se esperan avances significativos en un año decisivo

David Wilson's picture

Cuando se celebró por última vez en 1987 la Conferencia Internacional sobre el SIDA en la ciudad de Washington, Ronald Reagan era presidente de Estados Unidos, la Unión Soviética seguía en pie, un muro marcaba una Berlín dividida y la economía de China tenía aproximadamente el volumen de la de España. El mundo entero –y la epidemia del SIDA– han cambiado más de lo que cualquiera podía prever.

La conferencia regresa a esta ciudad en un año decisivo. El SIDA sigue siendo el mayor desafío en materia de enfermedades infecciosas de nuestra época: más de 65 millones de personas contagiadas y 30 millones de muertos desde que comenzó la epidemia, y aproximadamente 3 millones de nuevas infecciones y 2 millones de decesos al año.

Son estadísticas duras, pero ocultan el increíble progreso realizado. Cuando nos reunimos en la conferencia de 1987, en el mundo había pocas herramientas para prevenir las mortales infecciones y no se contaba con medicamentos para evitar una muerte lenta, debilitante y agónica. Hoy en día, hay un arsenal cada vez mayor de eficaces métodos preventivos. Las nuevas infecciones se han reducido en más de 33 países, y hay más medicinas para tratar el VIH que para todos los retrovirus de la historia en conjunto. Se centuplicó la reducción de los costos anuales y se multiplicó por 60 la ampliación del tratamiento del SIDA para llegar a 8 millones de personas en todo el mundo, en lo que constituye la expansión más grande de la historia de un tratamiento que permite salvar vidas.

A medida que el ritmo del progreso científico se acelera, nos esperan avances incluso más significativos.

Este asombroso adelanto se hace más evidente en África que en ningún otro lugar. Durante sus picos en África oriental y meridional, el SIDA fue responsable de un 50%-70% de la ocupación de camas y dos tercios de todas las muertes de adultos. Tratemos simplemente de imaginar que esto sucede en nuestros propios vecindarios. En mi país, Zimbabwe, los hospitales estaban desbordados con personas escuálidas y agónicas, las enfermeras y los médicos se transformaron en empresarios de pompas fúnebres, los hospitales fueron centros de cuidados paliativos, y la vida de toda una sociedad giró en torno a camas de sanatorios y tumbas. La fabricación de ataúdes fue el negocio de mayor crecimiento, llevando a cubrir kilómetros de carreteras en dirección a cementerios superpoblados.

Actualmente, 7 de las 10 economías de más rápido crecimiento están en África. No subestimemos cuánto contribuyeron las respuestas satisfactorias al SIDA a la revitalización del continente. Un importante cambio de comportamiento y la increíble expansión del exitoso tratamiento del SIDA infundieron vida y esperanza en un continente moribundo.

Y por eso es oportuno que nos reunamos después de 25 años en la ciudad de Washington para rendir homenaje a los logros generados por asociaciones poco probables: entre los activistas y científicos que forjaron la respuesta mundial a la epidemia, y las comunidades locales y los ciudadanos que montaron la mayor iniciativa mundial en pro de la salud. Qué oportuno que podamos agradecer a los contribuyentes estadounidenses por su generosidad en su propia capital.

Nos encontramos en un punto de inflexión, entre la esperanza y el miedo: la esperanza de que podamos transformar los progresos realizados en la eliminación del SIDA, y el miedo de que nuestros logros hayan hecho menos visible y menos urgente la enfermedad y que podamos fallar frente a los vientos en contra que representan otras prioridades y los nubarrones que oscurecen la economía mundial. Cuando tengamos éxito, pondremos fin al flagelo y crearemos un mayor espacio y dispondremos de más recursos para otros problemas urgentes que enfrenta el mundo.

El SIDA pone de manifiesto lo peor y lo mejor de nosotros. Cuando respondemos con superstición, prejuicio o mezquindad, mostramos lo peor. Cuando lo hacemos con la razón, la ciencia, los principios de salud pública, la compasión y la convicción de que la diversidad y cada uno de los individuos son importantes, estamos en nuestro mejor momento. Cuando nos medimos con estos fundamentos, queda claro cuánto progreso se ha hecho realmente.

En el mejor de los casos, el avance científico y social conseguido en la lucha contra el SIDA ejemplifica que nos hemos vuelto más inteligentes como especie; demuestra el progreso sin precedentes que hemos obtenido en las últimas décadas al enfrentar la pobreza, la ignorancia y la enfermedad. Para todos los desafíos que tenemos, nunca ha habido un mejor momento para estar vivo. Que esta conferencia muestre al mundo que somos lo suficientemente inteligentes, optimistas, audaces y firmes para terminar la labor.

Más
El Banco Mundial: VIH/SIDA (i)
 

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • Allowed HTML tags: <br> <p>
  • Lines and paragraphs break automatically.
By submitting this form, you accept the Mollom privacy policy.