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Superar la brecha entre las acciones humanitarias y de desarrollo en la respuesta para la hambruna

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 UNICEF
Un grupo de personas espera para conseguir agua en un pozo proporcionado por UNICEF en el campamento Muna Dalti para desplazados internos, ubicado en Maiduguri en el estado de Borno (Nigeria), el jueves 2 de marzo de 2017.
Crédito: UNICEF.


La semana pasada representé al Grupo Banco Mundial en una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) (i) sobre la respuesta a la hambruna en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen. En estos cuatro países, más de 20 millones de personas padecerán hambre o estarán en peligro de ser afectadas por este problema en los próximos seis meses, y se necesitan medidas urgentes para evitar que la situación se agrave aún más.
 
El Consejo de Seguridad podría parecer un lugar poco usual para que esté presente una institución de desarrollo como el Banco Mundial, especialmente cuando se aborda una crisis humanitaria como la hambruna.
 
De hecho, el hambre también puede obstaculizar los avances de desarrollo provocando daños a largo plazo en la salud, la capacidad de aprendizaje y la capacidad de generar ingresos de todas las personas, en particular los niños.

Además, los conflictos provocan hambre en estos países, y prevenir los conflictos violentos y abordar los factores de fragilidad son el eje de la agenda que comparten las Naciones Unidas y el Banco Mundial.

La sesión del Consejo de Seguridad proporcionó una importante oportunidad para profundizar nuestro compromiso y buscar el apoyo de los miembros para que podamos ayudar más. Esta sesión se basó en la Reunión de Alto Nivel sobre la Respuesta a la Hambruna (i) realizada en abril en el marco de las Reuniones de Primavera del Grupo Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que fue presidida por el presidente del Grupo Banco Mundial, Jim Yong Kim, y el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. En ese encuentro acordamos medidas para detener la actual crisis del hambre y definir la hoja de ruta de un enfoque de tolerancia cero al hambre en el futuro.
 
En su discurso de apertura, la vicesecretaria general de las Naciones Unidas, Amina Mohammed, hizo hincapié en que el número de personas en riesgo de padecer hambre sigue siendo alarmantemente alto. En algunos países, incluso está en alza, siendo las mujeres y los niños las principales víctimas de la crisis. Aunque la ayuda humanitaria y de desarrollo representa un cambio real sobre el terreno, el 60 % de las necesidades humanitarias aún no se financia.

Por mi parte, hice referencia a los USD 1800 millones que estamos destinando a proyectos de desarrollo para complementar las medidas de los Gobiernos afectados y los asociados humanitarios y de esta manera mejorar los sistemas de redes de protección social, dar apoyo la prestación de servicios a los más vulnerables y fortalecer la resiliencia de las comunidades.
 
También destaqué que estamos colaborando con nuevos esfuerzos encaminados a dar apoyo a los más necesitados sobre el terreno, y estos se han implementado a través de organismos de la ONU y organizaciones no gubernamentales internacionales (ONGI).

Jeudi 19 janvier 2017 — La représentante de l’UNICEF au Yémen, Meritxell Relano, prend des nouvelles d’un petit garçon souffrant de malnutrition à l’hôpital Al-Sabeen de Sanaa, au Yémen.
Meritxell Relano, representante de UNICEF en Yemen, revisa a un niño que sufre malnutrición y que se encuentra en el Hospital Al-Sabeen de Saná, el jueves 19 de enero de 2017.
Crédito: UNICEF.

Específicamente, en Sudán del Sur, el Banco Mundial colabora con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en la ejecución de un Proyecto de emergencia de alimentación, nutrición y ganadería por un monto de USD 50 millones destinado a satisfacer las necesidades alimentarias y nutricionales inmediatas de 580 000 personas, y sentar las bases para la recuperación de los cultivos y el ganado.
 
En Somalia, que no cumple con los requisitos para recibir financiamiento normal del Banco debido a su deuda pendiente, se está aprovechando un acuerdo de colaboración, el primero en su tipo, con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), para implementar un Proyecto de recuperación y respuesta de emergencia a la sequía por un monto de USD 50 millones. En el marco de este proyecto, se entregará de manera rápida alimentos, agua, dinero en efectivo y artículos domésticos de primera necesidad a unas 500 000 personas, y se proporcionará inmunización o tratamiento al ganado de 200 000 personas.

En Yemen, el Banco Mundial está implementando —a través de UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS)—, un proyecto de emergencia de salud y nutrición por un monto de USD 283 millones. Además, lleva a cabo un proyecto de empleo y servicios básicos a corto plazo por un monto de USD 500 millones mediante el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Esta es la primera vez que entregamos apoyo de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) en un entorno en que está ocurriendo un conflicto.
 
Por último, en Nigeria, se aprobaron rápidamente seis proyectos por un monto total de USD 650 millones para dar asistencia vital en los seis estados devastados por la hambruna y el grupo insurgente Boko Haram. Para apoyar los ingresos y aumentar la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de los hogares rurales y afectados por los conflictos en el noreste del país ya se han desembolsado USD 44 millones del financiamiento adicional de USD 50 millones entregado al tercer Proyecto nacional de desarrollo de las llanuras aluviales. (i) Dada la situación de volatilidad en la seguridad en el noreste de Nigeria, los equipos del Banco están aprovechando el sistema de la ONU —como el apoyo en materia de seguridad— para poder prestar servicios.

Los miembros del Consejo de Seguridad —incluidos Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Italia y Japón— apoyaron firmemente esta "nueva manera de trabajar" y nuestros esfuerzos por superar la brecha entre las acciones humanitarias y de desarrollo para marcar una diferencia sobre el terreno.

Dado el papel central de los conflictos en el impulso y el agravamiento de la crisis del hambre, los miembros del Consejo pusieron énfasis también en la necesidad de soluciones políticas para poner fin a las luchas en los países afectados, o al menos garantizar que los combatientes den un acceso seguro a los trabajadores humanitarios. Si bien el Banco carece de un mandato político, también señalé que es necesario que los conflictos disminuyan rápidamente para reducir los riesgos de hambruna.

Entre los asociados existe la opinión prácticamente unánime que las hambrunas modernas son provocadas por el hombre y son evitables. Nos corresponde a nosotros —la ONU, el Banco Mundial, las ONG, los Gobiernos y la sociedad civil— transformar nuestra aspiración del “hambre cero” en una realidad compartida por todos. Es fundamental aprovechar la colaboración innovadora sobre el terreno en este proceso y asegurar que ninguna persona vuelva a sufrir de nuevo el flagelo del hambre.

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