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¿Una menor desigualdad conduce a un menor nivel de delincuencia?

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Aunque las tasas de homicidios se redujeron en la mayor parte del mundo en un 50 % en la década de 2000, América Latina fue la única región donde los actos de violencia con víctimas fatales en realidad aumentaron durante ese periodo. Estos datos son desconcertantes dado que la mayoría de los países latinoamericanos experimentaron un crecimiento económico sostenido en tal década y, al mismo tiempo, lograron mejoras generales en términos de pobreza, desigualdad y otros resultados sociales. ¿Es acaso una percepción errónea creer que las mejores condiciones económicas conducen a un menor nivel de delincuencia?
 
En un documento reciente, (i) analizamos esta cuestión usando el caso de México en el contexto de la guerra contra el narcotráfico que se inició en diciembre de 2006. Nuestra conclusión fundamental es que, de hecho, los municipios con menor grado de desigualdad tuvieron tasas más bajas de delincuencia. En otras palabras, aunque los datos generales a nivel nacional revelan una aparente contradicción, si estos se desglosan por regiones geográficas más pequeñas la paradoja es insostenible, ya que menos disparidades económicas conducen a menos actos delictivos.

A pesar de que la pobreza y la desigualdad de los ingresos disminuyeron a nivel nacional en México durante la década de 2000, el cambio no fue consistente y aún persistía una heterogeneidad sustancial en algunas partes del país. De hecho, entre 2005 y 2010, casi el 30 % de los municipios experimentó un aumento de la desigualdad. Usando un vasto conjunto de datos de un grupo de mapas de pobreza (que se confeccionó empleando microdatos de censos de población y encuestas de hogares), así como las tasas de homicidios obtenidas de registros administrativos oficiales de los más de 2000 municipios mexicanos entre 1990 y 2010, descubrimos que una menor inequidad tendía a reducir los índices de delincuencia en dichas jurisdicciones.
 
La desigualdad puede aumentar la delincuencia a través de diferentes mecanismos, que incluyen desde la escalada de las tensiones sociales hasta el simple incremento de la rentabilidad económica de la actividad delictiva. En el documento se estima el efecto causal de la desigualdad sobre la delincuencia usando una variable instrumental para el coeficiente de Gini. Según Boustan y col. (2012), (i) la variable combina la distribución inicial del ingreso a nivel municipal con las tendencias nacionales en la distribución del ingreso. El uso de un instrumento que contemple la desigualdad es importante a efectos de corregir una causalidad inversa potencial ya que hay pruebas de que un mayor nivel de actividad delictiva provocó la emigración de los residentes más ricos de los municipios mexicanos, lo que puede haber disminuido la desigualdad en esos municipios afectados de manera más negativa por la delincuencia.
Sin embargo, dado que la mayoría de los municipios fueron testigos de una reducción de la desigualdad, la pregunta sigue siendo: ¿cómo se explica el aumento de las tasas de homicidios en México durante este periodo? Varios factores, algunos de los cuales son específicos para el país y otros se aplican a América Latina en su conjunto, explican esta tendencia: 

  • En primer lugar, la ofensiva militar lanzada por el Gobierno mexicano contra las organizaciones de tráfico de drogas en 2006 parece haber estimulado la diseminación geográfica y el aumento significativo de la actividad delictiva en el país (véase Dell, 2011). (i)
  • La proliferación de pandillas puede haber contribuido a la incorporación de personas a las actividades criminales, al facilitar el acceso a los conocimientos y la logística asociados a la delincuencia. De hecho, el efecto de la desigualdad sobre el delito que encontramos es impulsado por delitos vinculados con las drogas durante dicho periodo. En particular, comprobamos que un incremento de 1 punto en el coeficiente de Gini se traduce en un aumento de más de 10 homicidios relacionados con las drogas por cada 100 000 habitantes en México entre 2006 y 2010.
  • No encontramos impactos de la desigualdad en los homicidios no relacionados con drogas en el mismo lapso, y ningún efecto en las tasas de delincuencia antes de 2005. Esto pone de manifiesto el hecho de que es la combinación de los menores costos de los delitos (en asociación con la expansión de las pandillas) y el aumento de los beneficios monetarios de estas actividades (en asociación  con el incremento de la desigualdad) lo que tiene una gran repercusión en las tasas de delincuencia. 
Además de la ofensiva contra las organizaciones de narcotráfico y sus consecuencias, otros factores relacionados tanto con los cambios demográficos como con la capacidad del Estado, pueden ser el motivo del aumento de la criminalidad en el último tiempo. Según un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la mayor cantidad de hogares monoparentales y la falta de capacidad de los Gobiernos —en términos de fuerzas policiales y sistemas e instituciones judiciales— para abordar adecuadamente los desafíos de seguridad también explican el incremento de la delincuencia y la violencia en México y en América Latina en su conjunto.

Hasta donde sabemos, este es uno de los pocos documentos que estima el efecto causal de la desigualdad sobre la delincuencia en un país en desarrollo. Nuestros hallazgos implican que si la desigualdad no hubiera disminuido como lo hizo en la mayoría de los municipios mexicanos durante la década de 2000, el aumento de las tasas de homicidios en el país habría sido aún peor. Estos resultados arrojan una visión aún más pesimista sobre las tendencias futuras de la actividad criminal en México y América Latina en general. En particular, sugieren que las tendencias más recientes en las tasas de homicidios podrían agravarse, con un potencial retroceso de la disminución observada en la desigualdad de ingresos en la región.

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