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¿Y si en la base de la pirámide aplicamos políticas sustentadas en pruebas?

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El Instituto del Banco Mundial organizó recientemente un taller en la Universidad de Harvard en el que participaron numerosos profesores destacados, socios de Omidyar Network (i), de Growth Dialogue (i) y representantes de los Gobiernos de India, China, Brasil y Sudáfrica.

El tema fue la “innovación inclusiva”, y se tomó como premisa la idea de que los frutos de la innovación no se trasladan automáticamente a los grupos de ingresos bajos. En India, por ejemplo, cientos de millones de pobres de las zonas rurales carecen de acceso al suministro eléctrico, de agua y saneamiento, mientras en las ciudades proliferan y crecen los centros tecnológicos. Debatimos sobre las ventajas de respaldar políticas, programas e instrumentos de financiamiento que permitan garantizar una distribución más equitativa de los dividendos de la innovación y la función de las políticas públicas para lograr este objetivo. Un tema recurrente fue la necesidad de ubicar a los propios usuarios en el centro del proceso de diseño. ¿Cómo podemos diseñar programas junto con las poblaciones de ingresos bajos y no para ellas? El proceso creativo debe incluir a los grupos de la base de la pirámide desde un inicio, y no cuando ya ha finalizado.

En vista de que China e India han logrado sacar a casi 500 millones de personas de la pobreza entre 2005 y 2010, esos países constituyen laboratorios internacionales en los que se puede establecer qué medidas dan buenos resultados, cuáles no y cuáles son las posibilidades en ámbitos tales como la innovación frugal (i) o en favor de los pobres. Las tecnologías adecuadas provenientes de los mercados de Asia y África (en ocasiones en sus variantes de bajo costo) están respondiendo a la demanda de los consumidores en mercados desatendidos. El sistema de dinero móvil de M-pesa (i) en Kenya es un ejemplo ilustrativo. Este instrumento innovador de servicios financieros surgió en África debido al número de personas no bancarizadas que necesitaban acceder a servicios financieros formales. Sin embargo, las consecuencias del uso del dinero móvil se extienden mucho más allá de Kenya e incluyen la necesidad de contar con mecanismos eficientes de remesas entre las poblaciones rurales y urbanas de numerosos mercados. Pero ¿qué papel desempeñaron las políticas, el Gobierno y los actores privados en el surgimiento de esta innovación? ¿Se puede aplicar esta misma fórmula en otros mercados? ¿Cuáles fueron los aciertos de la regulación gubernamental o, en este caso, de qué manera la ausencia de reglamentación facilitó la puesta a prueba, el aprendizaje y la innovación?

Personalmente, sospecho de los marcos normativos de alto nivel y de las discusiones abstractas acerca de la importancia de la innovación, en particular a la hora de generar valor tangible para los grupos de ingresos bajos. La cuestión radica en escuchar a los que se enfrentan con limitaciones, trabajar de manera constructiva con diversas partes interesadas y fortalecer la capacidad de implementación de los funcionarios encargados de formular políticas y de los entes reguladores. La experiencia de la Feria del Desarrollo (i) del Banco Mundial y de asociados como Ashoka (i) sugiere que los innovadores en el plano social encaran y resuelven todos los días problemas que afectan a los sectores de ingresos bajos. Y a menudo lo hacen sin contar con instituciones facilitadoras que les abran camino; ellos encuentran soluciones allí donde los mercados y los Gobiernos fracasan.

Pero ¿qué pasaría si pudiéramos eliminar los obstáculos de quienes trabajan en favor de la base de la pirámide económica? ¿Cómo sería si creáramos condiciones propicias para que los innovadores del ámbito social ampliaran sus actividades y trabajaran con los Gobiernos para resolver los problemas sociales más complejos (como el desempleo en los jóvenes o la pobreza en las zonas urbanas)? ¿Y si escucháramos a los que innovan constantemente y les preguntáramos de qué manera podrían hacer más?

La principal conclusión que extraigo de la mesa redonda de Harvard es la importancia de eliminar los cuellos de botella de la innovación que ya está surgiendo. No se trata tanto de crearla sino más bien de buscarla, financiarla y respaldarla para que amplíe su alcance. ¿Qué podemos aprender de los logros y los fracasos de India, China, Brasil y África, donde sectores anteriormente excluidos se han beneficiado con innovaciones que aportaron valor cuantificable (por ejemplo, salud móvil, finanzas móviles, telefonía móvil)? ¿Cuáles son las innovaciones de los modelos de negocios que han permitido que grupos anteriormente relegados fueran incluidos en los mercados?

Para ser eficaz, este debate debe ser concreto y comenzar con problemas específicos que se deben resolver en entornos específicos. Si bien es posible que las soluciones sean particulares de cada contexto, los procesos utilizados para obtener las respuestas pueden ampliarse y transmitirse a geografías diversas. Quizá la función que deben desempeñar el Banco Mundial y sus asociados internacionales sea la de convocar a las personas adecuadas en el momento preciso para trabajar en los problemas correctos a fin de mejorar la calidad de vida de quienes se ubican en la base de la pirámide económica. ¿Por dónde empezamos?
 

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