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Fragilidad, conflicto y desastres naturales: ¿Un planteamiento único sobre la resiliencia?

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Un representante de la Unión Europea (EU) evalúa los daños en un edificio de departamentos
en Ucrania. Crédito: UE.

Es una idea simple pero esencial: las guerras y los desastres están vinculados, y los nexos existentes deben ser analizados para mejorar las vidas de millones de personas en todo el mundo.

De manera alarmante, el número total de casos de desastres —y las pérdidas económicas asociadas a estos— continúa aumentando. Esta tendencia ha sido impulsada por el crecimiento de la población, la urbanización y el cambio climático, subiendo los daños económicos de USD 50 000 millones en los años ochenta a entre USD 150 000 millones y USD 200 000 millones anuales en la actualidad. Pero hay otro dato: más de la mitad de las personas que sufren impactos de peligros naturales vive en Estados frágiles o afectados por conflictos.

Kosovo y Bosnia y Herzegovina en los Balcanes constituyen un buen ejemplo: (i) fenómenos meteorológicos extremos en 2012, 2014 y 2015 provocaron pérdidas de vidas y cuantiosos daños económicos. Las inundaciones ocurridas en 2014 en Bosnia y Herzegovina ocasionaron la muerte de 20 personas y el desplazamiento de 90 000 habitantes. Se estima que este desastre costó al país el 15 % de su PIB en términos de daños y pérdida de producción. Los conflictos pueden aumentar la vulnerabilidad a los desastres naturales dado que las debilitadas estructuras estatales se encuentran menos preparadas para llevar a cabo esfuerzos de respuesta y recuperación, las comunidades tienen menor capacidad de resistencia y las personas desplazadas por los conflictos y la violencia están más expuestas a los riesgos de desastres.

Al mismo tiempo, los desastres pueden agravar los conflictos y la fragilidad al dañar los medios de sustento de las personas y aumentar el desplazamiento, agregar más presión sobre los sistemas de gobierno ya debilitados, y exacerbar las quejas debido a mecanismos de respuesta o de supervivencia inadecuados o poco equitativos. En 2003, el Gobierno de Sri Lanka y el movimiento separatista tamil acordaron un cese al fuego, luego de tres décadas de enfrentamientos. Sin embargo, el tsunami de 2004, que afectó de manera desproporcionada a la población tamil, desestabilizó al país y contribuyó a que se reiniciara el conflicto en 2005.

Los factores que se señala que promovieron la reanudación de los combates fueron la desconfianza mutua y la distribución desigual de los fondos destinados a enfrentar el desastre, así como problemas sociales, entre ellos la explotación de cientos de niños tamiles que habían quedo huérfanos debido a la guerra y que fueron reclutados por los grupos separatistas.

Estos vínculos y las maneras de abordarlos serán analizados en una edición especial de la serie Diálogo sobre resiliencia, (i) organizada por el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR) en el marco del Foro sobre Fragilidad 2016 del Banco Mundial. (i) El evento, titulado “Establecer los nexos entre la fragilidad, el conflicto y el riesgo de desastres”, reunirá a expertos en desarrollo y representantes de la sociedad civil, entre los cuales destacan Nancy Lindborg, (i) presidenta de United States Institute of Peace, y Sri Mulyani Indrawati, directora gerente y oficial superior de Operaciones del Banco Mundial.

El GFDRR, (i) junto con sus asociados en la tarea del desarrollo, lleva a cabo un proceso de compartir enseñanzas, y desarrollar material de orientación y herramientas que den reconocimiento y respuesta a la dinámica relación entre el conflicto, la fragilidad y los desastres. Los temas comunes incluyen aumentar la coordinación entre las disciplinas del desarrollo y la consolidación de la paz con los especialistas en esos campos, y mejorar la capacidad de análisis. Al mismo tiempo, la comunidad del desarrollo está adaptando las herramientas y metodologías que se han desarrollado en el área de la gestión del riesgo de desastres para ser usadas en zonas afectadas por conflictos.

El objetivo es fortalecer nuestra capacidad de fundamentar las intervenciones en los contextos frágiles, el análisis sobre el conflicto y la recuperación, y el fortalecimiento de la resiliencia en zonas proclives a los desastres.

El GFDRR respaldó recientemente una evaluación de los daños y las necesidades de siete sectores en seis ciudades sirias, (i) en la cual se señala que los daños en las seis ciudades de Siria podrían llegar a un monto impactante de USD 4500 millones, siendo la vivienda el tema de mayor preocupación. Más de 1 millón de personas no tienen suministro de agua potable debido a los daños en la infraestructura causados por los ataques aéreos. También se están realizando evaluaciones en Nigeria, Pakistán, Líbano, Ucrania y Yemen. Lo invitamos a que se una el 1 de marzo a este evento especial, en que abordaremos este problema mundial apremiante y en el que queremos establecer los nexos entre el conflicto y los desastres. Esperamos que pueda participar.

Comments

ENVIADO POR samara molina el

Interesante tema, lo vulnerable del sistema habitacional, con respecto a infraestuctura,guerras, fenómenos naturales y muchas veces por la mera necesidad, invasores en tierras con dictámenes de no habitabilidad

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